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MI MURCIA /
GARCÍA MARTÍNEZ
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Gente de Murcia | |

García Martínez |
Pero
qué vitalidad más vital derrocha esta criatura.
¿Acaso no descansa nunca? No digo ya de su trabajo
que llamamos profesional, en la Radio Murcia, sino de
su cordialidad. Porque ser amable y afectuoso cansa. Claro
que, cuando esa cordialidad traducida en amabilidad
y afectuosidad, es sincera y sale de dentro, lo
más probable es que, en llegando la noche, esta
Carmen Castelo siga tan campante. Y no sólo eso,
sino que vaya recargando por sí misma las baterías,
de forma que, cuanti más cariño da, más
reservas se le acumulan.
Y luego tenemos la murcianía. Como Dios Nuestro
Señor es caprichoso, decidió que este diseño
particular de niña viniera al mundo en Albacete
y que luego se encarnara en el modelo murcianístico.
Se sabe Murcia igual que el mejor erudito se sabe a Platón.
A ver quién es el guapo que, sin advertírselo,
descubre que Carmen Castelo nació en La Mancha.
Debe de ser o eso me creo yo que ella es un
personaje del viejo Reino, donde manchegos y murcianos
iban del bracete haciendo Historia. Con la Castelo no
se ha producido el desenganche de los de arriba, pues
ellos fueron (¿para bien?) quienes se desengancharon.
Y se nos presenta como el símbolo del arquetipo
que fue el matrimoniaje murcianoalbaceteño.
De cuando Murcia, dos: Murcia y Albacete, que nos enseñaban
en el colegio.
También su manera de hacer radio es peculiar. Ejerce
la profesión como quien lava, sin esfuerzo aparente.
Cuando ella te camela con sus preguntas, ni siquiera te
das cuenta de que lleva un micrófono, de tan natural
como trascurre el tête à tête, como
lo llaman. Lo hace en plan doméstico, familiar.
Ya sé que las ondas son invisibles, pero es que
si se te apareciese llena de cables y otros chismes propios
de la radiodifusión, todo eso te pasaría
desapercibido y verías a una Carmen sin mecánicas,
pura y llana. Y con el aura favorable que le proporciona
ese peinado que practica, casi, casi espectacular. Como
afro. «¿Afro, has dicho?». Sí.
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