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MI MURCIA /
GARCÍA MARTÍNEZ
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Gente de Murcia | |

García Martínez |
Yo
le digo, por decirle algo: «Creo que estás
desubicado en el mundo». Al principio se preocupa;
a lo último se echa a reír. Lo de la desubicación
es porque, como le pone tanta ilusión a las cosas,
son muchísimas las veces que se decepciona. Y entonces
parece que está como desubicado.
De forma que se ubica en demasía porque paradoja
le pone excesivo calor a todo lo que ve y a todo lo que
escucha. A todo lo que se mueve, no sé si me explico.
Por eso cuando, en calidad de crítico, acude a
un estreno teatral, su reacción llevada luego
al papel tiene mucho de emocional, más no
por ello menos razonada. Y entonces emplea en la reseña
adjetivos que se llaman emotivos: tonto, genial, desastre,
maravilla, divino, lamentable, en fin. Eso significa que
la pieza de teatro y el fenómeno puesta en escena
de la misma, lo enerva extremosamente. En los dos sentidos
que encierra la jodida palabra: quedarse sin fuerzas y
ponerse de los nervios.
Aquí, el compañero, tiene la sensibilidad
como el papel de fumar aquel de cuando Franco, que lo
llamaban Bambú. Y es comprensible, según
anda de grosera la Humanidad. Cuando Arco no se nos rompe
por aquí, se nos rompe por allá. Lo diré
en dos palabras, mejor aún que Jesulín:
«Es vulnerable». Y eso porque espera de la
vida más, muchísimo más de lo que
la vida está en disposición de dar.
Entonces, ¿qué? ¡Ah, no! Entonces,
pues no pasa nada. O, mejor dicho, eso que pasa es transitorio.
Lo cual se debe a que tiene sentido del humor. Si no fuera
por eso, Dios sabe en qué lejana barca de los locos
estaría ahora mismo navegando.
Sus entrevistas que son modélicas a
personajes muy diversos, muestran (o esconden) siempre
un no sé qué existencial. Este Arco, cuando
se tensa a sí mismo, pregunta no ya para cumplir
con su papel de periodista, que eso se da por sentado.
Pretende respuestas cósmicas que le disipen las
dudas cósmicas que revolotean en su cabeza cósmica
desde que era un niño, allí en la misma
Cieza, fíjate tú. |
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