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REPORTAJES
Cher / Cantante y actriz

Texto: J. Olarte
19/11/2001


Cher, cantante y actriz.

Once millones de discos vendidos con Believe (98) han convencido a Cher de la conveniencia de reafirmarse en su última de sus cirugías artísticas. La de diva de la música de baile, última encarnación de la sucesión de mutaciones y altibajos que ha sido su carrera profesional. Casi cuatro décadas de andadura en los que Cher ha ejercido sucesivamente de pueblerina con ínfulas de estrella pop, esposa sumisa, comediante televisiva, cantante crepuscular de casinos de Las Vegas, actriz ganadora de un Oscar, realizadora de cine en ciernes, cantante revientapistas adorada por gays de todo el mundo e icono de la cultura popular americana. Cherilyn Sarkisian nació en Califonia en el seno de una familia de origen armenio. Se casó a los 18 años con Sonny Bono, con quien conoció el éxito planetario y el ocaso durante quince años. Fue madre por partida doble: de su relación con Bono nació la hoy militante gay Chastity y de su matrimonio efímero con el rockero terminal Greg Allman, Elijah.

A sus 55 años, la extravagante artista californiana se reafirma como ‘disco diva’
con su nuevo álbum, ‘Living Proof’, mientras prepara el rodaje de dos nuevas películas. «No me tomo en serio lo que se diga de mí», confiesa

Afincada en Nueva York, Cher se convierte en personaje habitual de revistas de moda y cotilleo que se recrean en su siempre disparatada imagen e intensa vida social. Con ya todo un intenso pasado a sus espaldas, Robert Altman explota en 1982 el potencial mediático e interpretativo de una Cher que aprovecha la oportunidad para asentar una carrera cinematográfica concretada en una veintena de películas. Algunas tan estimables como Hechizo de luna, por la que ganó el Oscar en 1988, o Sirenas (90), con la que logró relanzar su carrera musical.

Con 37 años de trayectoria marcados en igual medida por la frivolidad, el talento y la superación personal, el compromiso social y sus satirizadas restauraciones estéticas, la cantante más madura en llegar a lo más alto de las listas americanas está hoy en una suite de un selecto hotel londinense para hablar de su nuevo álbum dance, Living Proof (Prueba viviente). Un disco con el que estrena una imagen –explosiva disco diva rubia platino– que no se corresponde con la melena negra, las botas de punta, el pantalón negro ceñido, el chaleco de lana con gran escote y la naturalidad con la que habla de sí misma.
–Con Believe consiguió ventas millonarias haciendo música de baile. Su nuevo trabajo sigue la misma línea; parece dispuesta a arrasar en las discotecas.

–Siempre me ha gustado mucho bailar, es como una liberación. Lo curioso es que, cuando me propusieron hacer un disco de música ‘dance’, me negué; no me veía haciendo algo en esa línea. Cambié de opinión cuando me mostraron canciones como ‘Strong enough’. Fue una sorpresa ver que todos los sencillos eran éxito en Europa, pero aún fue mayor cuando se repitió en EE UU, donde el ‘dance’ sólo suena en los clubes. El nuevo disco sigue esa línea, pero he intentado ir un poco más allá. El ‘single’ recuerda a grupos como Daft Punk, pero hay canciones, como ‘Rain’, con influencia de salsa y otras con guitarra española, como ‘Love so high’, cosas que no había hecho nunca. Sobre todo, es el sentimiento de las canciones lo que une ambos discos.

«No suelo mirar atrás»
–Comenzó haciendo música soul, luego folk, cantó standards en Las Vegas, pop, rock duro, ahora dance… Su carrera es una sucesión de cambios estéticos y artísticos.
–Me apasionan los desafíos. Creo que puedo hacer de todo; lo único que me siento incapaz de cantar es ópera. Con Sonny (Bono) hacíamos canciones de los años 30 y 40, piezas de Larry Adler o Irving Berlin, que eran bastante difíciles… Me gusta la música de todo tipo; no me importa tanto el estilo, como si la canción es buena. Por otra parte, nunca he planeado nada en mi carrera. Tampoco suelo mirar atrás, ni reflexionar demasiado o arrepentirme de cosas del pasado. Trato de hacer cosas distintas continuamente intentando mirar siempre adelante, y los años y las décadas han ido pasando.

–Su último disco coincidió con el estreno de Té con Mussolini. ¿Tiene ahora algún proyecto cinematográfico?
–En realidad, dos. Voy a participar en un ‘remake’ de una película antigua en cuyo guión aún se está trabajando y a dirigir otra en la que también actuaré. Va a ser como un musical y, al mismo tiempo, un cuento casi sobrenatural. Algo un poco extraño, pero muy interesante también. Será la primera vez que cante e interprete en un mismo filme. Nunca he visto una diferencia entre la música y el cine, creo que son dos disciplinas que se complementan perfectamente.

–¿Sabe que se ha estrenado un musical en Londres basado en Las Brujas de Eastwick, una de sus películas más famosas?
–Sí, pero aún no he tenido la oportunidad de verlo. Y me encantaría. La última vez que estuve en Londres fui a ver ‘Mamma Mía’ (musical sobre Abba) y me divertí muchísimo. No me importaría trabajar en un musical teatral. El problema es que recibo muchas ofertas y soy una sola persona. Así que, si tengo tiempo, he de concentrarme en algo en concreto. Si estoy con un disco y tiene éxito, me obliga a viajar y no puedo cumplir los compromisos. Ahora tengo que estar en Europa, y por eso se ha aplazado la salida del disco en EE UU.

«Tenía que parar»
–Parece más concentrada en su carrera musical. Desde Sirenas, no ha rodado demasiado.
–Sí, la última década ha sido más tranquila. Antes de ‘Sirenas’ (90), había llegado a hacer hasta tres películas en un mismo año (1987, Las brujas de Eastwick, Sospechoso y Hechizo de luna) y además grabado un disco (I found someone) y salido de gira. Sentí que era demasiado para mí y que tenía que parar y hacer las cosas con más calma.

–¿En qué ha cambiado la industria discográfica y del entretenimiento en los 37 años que lleva en activo?
–Todo es ahora mucho más sofisticado. Cuando comencé, en los sesenta, todo era muy ‘naif’, bastante inocente e ingenuo. La gente no sabía realmente cuánto dinero podía llegar a ganar o a generar. Se trabajaba más a impulsos con los jóvenes. Tampoco había casi tecnología, todo estaba estratificado: intérpretes, compositores, productores, músicos... Sonny (Bono) fue el primer artista en escribir y producir nuestras propias canciones. Era algo que no se hacía hasta que llegaron los Beatles y los Beach Boys. Ahora trabajas y no ves los resultados, grabas una canción y pierdes su control. Parece que no eres una gran artista hasta que haces un buen vídeo. Ha cambiado todo mucho. Es increíble ver cómo ha crecido este negocio, hasta convertirse en una fuente de riqueza tan grande.

–El pop está ahora dominado comercialmente por grupos y artistas adolescentes. ¿Se ve como una superviviente? El título de su nuevo disco y canciones como Alive again (Viva otra vez) invitan a pensar en ello.
–Siempre ha sido así. Yo también comencé en el negocio a los 16 años. La diferencia es que la gente de la industria piensa a muy corto plazo. Ahora oigo a gente que dice: ‘Oh! Britney (Spears) se esta haciendo vieja’. No están bien de la cabeza. Yo comencé a su edad y llevo casi 40 años en esto. Veo que hay artistas como ella con más potencial de durar del que la gente piensa. Soy un dinosaurio, supongo, pero es algo que no me afecta. No creo que sea una ventaja, pero tampoco me perjudica. Mis canciones no tienen necesariamente connotaciones personales, pueden significar lo que cada uno quiera.

Buenos genes
–¿A qué cree que se debe su popularidad entre el público gay?
–Han sido mis seguidores más incondicionales durante todos estos años. Me apoyaban cuando nadie lo hacía. Tengo ‘fans’ ‘gays’ desde principios de los setenta. Creo que tuvo que ver con la serie de televisión que hacía en la CBS; interpretaba a un personaje muy libre con el que conectaron. Mantenemos desde entonces una relación de afinidad, también quizás por mi carácter independiente. Supongo que les llegan las letras de mis canciones, con historias de amores fuertes que valen tanto para hombres como para mujeres. Hacer discos de música de baile ha sido también una manera de corresponder a mi audiencia ‘gay’.

–Desde hace más de veinte años, su persona viene siendo analizada en todo tipo de medios de comunicación más y menos serios. ¿Se ha llegado a sentir perseguida o satirizada?
–Va por épocas. Depende de lo que tú digas y de lo que ellos digan de ti. Hay períodos en los que todos comentan que eras fabulosa y otros en que exactamente las mismas personas opinan que estás ‘out’, que eres una mierda y no vales la pena. Yo siempre he sabido que soy la misma persona y nunca me he tomado lo que los medios dicen de mí demasiado en serio. Además, he dejado atrás a casi todos los que escribían sobre mí hace años. Supongo que todo el mundo tiene que hacer su trabajo.

–Pero sí parece consciente de su responsabilidad como personaje público e icono de la cultura popular americana. Ha apoyado al partido demócrata, contribuido a la lucha contra el sida y la discriminación sexual y apoyado a todo tipo de asociaciones benéficas.

–No, no es algo en lo que piense demasiado. No me paso la vida pensando: ‘Dios mío, soy un icono pop’. Eso lo dejo para Springsteen o Bowie. Ser un personaje público o popular te da cierto sentimiento de compromiso con la sociedad en que te ha tocado vivir. En este mundo tan egoísta, lo más difícil es separar a la gente de su dinero. Si puedes lograrlo, tienes el poder de ayudar a gente que lo necesita.

–¿Qué hace para mantenerse joven?
–Por supuesto, me cuido, pero es más una cuestión mental que otra cosa. También tengo unos genes que ayudan, mi abuela tiene casi noventa años y mantiene un aspecto muy juvenil para su edad, y mi madre también. No cambio de imagen continuamente para lograrlo, lo hago desde los tiempos con Sonny. Es más por diversión o cuestión profesional.

''Los americanos son buena gente, pero no puedo decir lo mismo de nuestros gobiernos''

Por encima de su físico (impecable, se diga lo que se diga), su imagen frívola, sus debilidades quirúrgicas y su propensión a la cirugía artística, Cher se muestra como una persona con un discurso inteligente, una humildad nada forzada y hasta con una saludable ironía y espíritu crítico consigo misma y con el país que la vio nacer, hace 55 años. Acorde con su conocida orientación demócrata, manifestada apoyando las carreras de Hillary Clinton al Senado y de Al Gore a la presidencia, la diva californiana no regatea recelos sobre la política exterior de su país y la manera en que George W. Bush está gestionando el conflicto con Afganistán provocado por los atentandos del 11 de septiembre y la crisis de Oriente Próximo.

–No conocemos lo suficiente para saber si están haciendo lo correcto. Cuando no te preocupas de lo que pasa fuera, sólo escuchas las noticias que tu país quiere darte. Cuando visitas otros países, ves las cosas de manera diferente. Mi gente no puede entender cómo pudo ocurrir lo del día 11. No saben la cantidad de gente que odia lo que nuestros distintos gobiernos han hecho. Los americanos no saben o no quieren saber que su gobierno, la CIA o soldados americanos han matado a inocentes. Sé que son buena gente, pero no puedo decir lo mismo de todos nuestros gobiernos. La gente común no conoce nuestra política exterior. Yo misma no entendía hace poco por qué nos hemos preocupado tanto de Israel y tan poco de los palestinos. En América se ha dado de ellos una imagen de asesinos y terroristas, nunca la de gente inocente y harta de no poder vivir en la tierra prometida que les robaron.

Cher confiesa con un cierto reconocimiento de neurosis colectiva que los americanos «están obsesionados por el terrorismo». Pero a ella no le asusta viajar:

–Mucha gente me dijo que no viniera a Europa, pero yo no pienso parar mi vida por lo que ha pasado. Podemos morir en cualquier momento, así que prefiero hacer lo que me gusta en lugar de quedarme en casa obsesionada.

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