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REPORTAJES
Juan José Ballesta / Actor

«Quiero ser el Vin Diesel español»

Texto: Oskar L. Belategui
04/11/2003


EN PARLA. Ballesta pasa de vivir en Madrid: «Hay mucho coche y delincuencia». J. l. ÁLVAREZ

A los 14 años Juan José Ballesta quedó rebautizado El Bola. Aquel chaval de Parla que acudía a las entrevistas acompañado de su abuelo ha sustituido la verborrea del niño travieso por el mutismo del adolescente gallito. En Planta 4ª, de Antonio Mercero, su mirada pícara y tierna vuelve a desarmar al espectador en la odisea cotidiana de un grupo de niños enfermos de cáncer. El mes que viene cumple 16.

 

 

 

 




‘El Bola’ se hace mayor y desarma con su naturalidad al dar vida a un enfermo de
cáncer en ‘Planta 4a’

–¡Bola!
–Se me ha quedado para siempre. Pensaba que con cada película nueva me llamarían como mi personaje. Pero lo llevo bien.

–¿Conociste a chicos con cáncer para preparar el personaje?
–Estuve dos meses en un centro para discapacitados. Supongo que se me pegó algo de ellos.

–Te conocerían.
–Sí. Me pedían autógrafos y me hacían preguntas. Era la primera vez que estaba con enfermos.

–¿Qué te sorprendió?
–Que saben lo que tienen y se lo toman a cachondeo. Siempre de buen rollo, estén como estén.

–¿Por ejemplo?
–Se ríen de su enfermedad. Cuentan chistes sobre lo que tienen: un paralítico decía ‘te saco dos piernas de ventaja’. Cosas así.

–¿Actuarías como ellos si padecieses lo mismo?
–Sí. Estar enfermo no me impediría hacer cosas. En un hospital también debes pasártelo bien. Es como si fuera tu barrio: allí tienes que cumplir todas sus necesidades.

–Vende la película.
–Planta 4ª es una película sobre chavales con cáncer, pero no es un drama. Está hecha con humor y te ríes mucho. Con momentos serios.

–¿Lo más duro del rodaje?
–Cuando el médico nos dice que se ha muerto un compañero. Teníamos que estar serios y tal. Y no soy serio. Cuando nos aburríamos íbamos con la silla por ahí, pillando a la gente para que diera botes.

–La escena en la que os masturbáis…
–La de las pajillas. No nos las hacíamos de verdad. Poníamos la cara que suponíamos que se pone.

En casa de una amiga

–¿Has estado alguna vez en un hospital?
–Una vez. Cuando tenía seis años me dio un infarto en la cabeza del fémur. Quedé paralítico unos cuantos días. Recuerdo que lo que más me gustaba era la comida. Allí, de vacile con los médicos…

–En la película no salen muy bien parados.
–Es una peli. No tiene por qué ser verdad. Conmigo siempre se han portado bien. Hacen su trabajo.

–Muy diplomático. ¿Con Antonio Mercero también has sido así?
–Con Antonio, bien. Es un hombre-niño. Nuestro colega. Te deja reírte en los ensayos, y, cuando se tiene que poner serio, se pone.

–¿Alguna vez te has parado a pensar en la enfermedad y la muerte?

–¡Qué dices, tío! No se me ha muerto ningún colega ni nadie en la familia. No me como la cabeza. Sé lo que hay y ya está. Aunque después de la película pienso distinto. Antes creía que la gente enferma estaba marginada y amargada. Ahora sé que son gente normal.

–Los Estopa tienen una aparición especial.
–Me caen bien, pero no me gusta su música. Lo mío es Camarón.

–¿Camarón?
–Sí. Y el jarco, Paco de Lucía, AC/DC, Led Zeppelin, Frank T… Eminem no. Ni Andy y Lucas.

–¿Han cambiado tus ídolos?

–No. Iker Casillas, Robert de Niro, Nicolas Cage, Al Pacino… Voy conociendo cada vez más a los actores. ¿Has visto a De Niro en Heat?

–Eres madridista. ¿Beckham?
–¡Buah! Por mí como si se va. No pinta nada en el Madrid. Lo que me gustaría de verdad es ser el Vin Diesel español. Ponerme cachas y hacer xXx y A todo gas.

–¿En la vida también eres gallito?
–No. Yo voy de normal. Buen rollo con todo el mundo.

–¿Sigues haciendo vida de barrio?
–Claro que sí. Seguiré en Parla toda mi vida. En Madrid hay mucho coche. Y delincuencia. En Parla está el campo al lado. Y el Continente.

–¿Qué haces el sábado por la noche?
–Voy al cine, a dar una vuelta por ahí, a dormir a casa de una amiga…

–Ah, ¿tienes novia?
–No. No me surge.

–Pero en el barrio serás famoso.
–Lo normal. Conozco a todo el mundo.

–¿Qué tipo de chica te gusta?
–Me da igual. Que sea morena, simpática, de mi estatura…

–¿Con qué actriz te gustaría rodar una escena de amor?
–No me atrae ninguna. Prefiero una chica normal y corriente.

–¿Cómo ves el futuro?
–Pienso seguir para adelante: estudiando y haciendo cine. Todavía sigo estancado en la ESO: he repetido muchos cursos. Tendría que estar ya en el Bachillerato.

–¿Te gustaría irte de casa?
–No estaría mal vivir en una casa para mí solo. Pero, por el momento, estoy muy bien con mi madre.

–¿Tienes miedo de que esto se acabe algún día?
–No. Si sale mal, pues qué se le va a hacer. No estoy dispuesto a todo para seguir como actor. Nunca entraría en Gran hermano, que la gente allí acaba muy mal.

Carreras en silla de ruedas

Antonio Mercero logra que ‘Planta 4ª’ desprenda
una gozosa alegría de vivir

AMIGOS. Luis Ángel Priego, Juan José Ballesta y Gorka Moreno, estrellas de ‘Planta 4ª’. / LA VERDAD

O. L. BELATEGUI

Se bautizan a sí mismos Robocop y Terminator cuando disfrutan de sus soñadas piernas ortopédicas; convierten el patio del hospital en una improvisada playa; y sustituyen las motocicletas por sillas de ruedas, con las que entablan competiciones dignas de Ben-Hur en los pasillos del hospital. Planta 4ª se nutre de vivencias reales para reflejar la cotidianidad del ala de oncología de un hospital. Su guionista, el dramaturgo catalán Albert Espinosa, sabe de lo que habla: pasó su adolescencia en una cama y recuerda a la perfección cómo él y sus compañeros transformaban su hábitat en un campo de juegos.

«Quizá no sea una realidad cotidiana, pero sí lo es la actitud de estos chavales, intentando olvidar su problema con travesuras. Su realidad nos hace reír, aunque sea dolorosa», reflexiona Antonio Mercero, que siempre ha sabido pulsar el resorte de la emoción: ahí están hitos televisivos del calibre de Verano azul y Farmacia de guardia. El realizador guipuzcoano rompe un tema tabú en el cine español: el cáncer. Los prejuicios del espectador que espere encontrarse con un dramón resultan infundados. Planta 4ª es, por momentos, una gozosa comedia protagonizada por chavales como los de Barrio. Sólo que aquí visten perenne pijama y lucen las pulseras de plástico que certifican su paso por el quirófano; quien más lleva, más chulito puede mostrarse ante los otros.

Premiada

Juan José Ballesta acompaña a los debutantes Gorka Moreno y Luis Ángel Priego, elegidos tras un minucioso casting. Mercero siempre ha demostrado su buena mano para dirigir críos, pero pocas veces el cine español ha sabido atrapar la alegría de vivir que insufla la adolescencia como en esta película. El premio al mejor director y el del público en el Festival de Montreal avalan las bondades de una tragicomedia trufada de sensibilidad.

«Mi cine es intimista, mensurable y cotidiano; Planta 4ª es así, pero además está hecha con humor y cariño. Cuento historias actuales con personajes reales que yo puedo conocer, y que quienes van al cine también puedan conocer y enamorarse de ellos», concluye Antonio Mercero.

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