Europa viajará en el tiempo hasta el inicio del Universo
LUIS ALFONSO GÁMEZ/CANNES
07/02/2007
El observatorio 'Planck' será lanzado en el 2008 para estudiar la 'primera luz', los rescoldos de la gran explosión que dio origen al Cosmos
Planck es el futuro para mirar al pasado», sentencia George Smoot, cosmólogo y premio Nobel de Física, durante la presentación en Cannes de la misión científica más cara y compleja a la que se ha enfrentado en su historia la Agencia Espacial Europea (ESA). El observatorio, que será lanzado al espacio en el 2008 junto al telescopio europeo Herschel, permitirá a los científicos viajar en el tiempo hasta la infancia del Universo, cuando tenía sólo 300.000 años y empezaba a ser transparente a la luz.
La ESA presentó ayer en la sede de Alcatel Alenia Space, principal contratista del proyecto, un satélite que examinará, con más precisión que ningún otro ingenio humano hasta ahora, la primera luz que brilló en el Cosmos. Planck estudiará la radiación residual del Big Bang, lo que se conoce como Fondo Cósmico de Microondas (CMB), para responder a preguntas como cuál es la edad del Universo, si continuará expandiéndose indefinidamente o en un futuro habrá una gran contracción y cuál es la naturaleza de la materia oscura que se calcula que supone el 90% de toda la materia del Cosmos y nunca ha sido detectada directamente.
La radiación del CMB fue descubierta por casualidad en 1965 por Arno Penzias y Robert Wilson. Los dos astrónomos estadounidenses detectaron en su radiotelescopio una señal de radio que llenaba el cielo, que no tenía su origen en ningún punto concreto y que parecía llegar de todas partes con la misma intensidad, fuera día o noche, verano o invierno. Llegaron a la conclusión de que se trataba de los restos de la radiación emitida por el Universo al nacer, hace unos 13.800 millones de años, según las últimas mediciones. La comunidad científica consideró el descubrimiento una prueba sólida de la teoría del Big Bang, que predecía que la onda de choque de la gran explosión tenía que ser detectable como una especie de ruido de fondo.
Cuarenta años después del hallazgo de esa radiación fósil, la teoría del Big Bang sigue siendo la única que explica el Universo tal como lo vemos. «Tengo una gran confianza en ella, en que es correcta», aseguraba ayer Smoot. De acuerdo con ese modelo, el Universo empezó como un Cosmos muy denso y caliente, opaco a la luz y, no fue hasta que cumplió 300.000 años cuando lo que era una bola de fuego abrasadora se hizo transparente, se enfrió lo suficiente como para que la luz pudiera viajar a través de él. Esa primera luz es el CMB.
Al igual que cuando uno mira al Sol lo ve como era ocho minutos antes -ese tiempo tarda la luz de la estrella en llegar hasta nosotros a 300.000 kilómetros por segundo-, al examinar el CMB, la primera luz del Universo, Planck verá el Cosmos como era en su infancia, cuando todavía no se habían encendido las primeras estrellas. Es imposible ver más allá. Las esperanzas de cosmólogos como Smoot están puestas en que la gran precisión de Planck les proporcione una visión de ese Cosmos primitivo mucho más detallada que la de los observatorios COBE (1992) y WMAP (2003).
El satélite europeo hará un mapa del cielo en nueve longitudes de onda y será capaz de medir variaciones de temperatura en el CMB de unas pocas millonésimas de grado, lo que condiciona tanto su órbita como la temperatura del instrumental. Cuando el observatorio despegue, en julio del 2008, en lo alto de un Ariane 5 desde el Espaciopuerto de Kourou, en la Guayana Francesa, todavía habrá de pasar un año antes de que comience su misión.
Lejos y helado
Planck no orbitará nuestro planeta, sino en un punto conocido como Lagrange 2, situado a 1,5 millones de kilómetros, cuatro veces la distancia que nos separa de la Luna. La razón es que en ese lugar ni el calor que emiten nuestro planeta y su satélite ni el del Sol, al que eclipsa la Tierra, interferirán con el sensible instrumental del observatorio, lo que podría dar al traste con sus mediciones. «Lagrange 2 es el sitio perfecto para este tipo de misiones», dijo ayer Jacques Louet, jefe de Proyectos de Ciencia de la ESA.
Como el observatorio tiene que detectar las más mínimas variaciones en la temperatura del Universo primitivo -que está a -270º C, muy cerca del cero absoluto-, su instrumental debe funcionar a temperaturas muy bajas para no perturbar las mediciones. Por eso, el satélite cuenta con un sistema de refrigeración que enfría los detectores entre los -253ºC y unas pocas décimas de grado por encima de los -273,15º C, el cero absoluto. El satélite dejará de funcionar quince meses después, cuando se agote el refrigerante.
La misión Planck-Herschel es la más cara de las desarrolladas por la ESA, con un coste estimado de 1.600 millones de euros. La idea de Planck -«una maquinaria extremadamente sofisticada», según Jan Tauber, científico del proyecto- nació en 1996 y el satélite empezó a diseñarse en el 2001. El esfuerzo que ha exigido a la industria europea -han participado 95 empresas, lideradas por Alcatel Alenia Space- ha sido considerable y ha obligado, entre otras cosas, al desarrollo de nuevos métodos matemáticos y algoritmos para procesar los datos que enviará el satélite. «Si no, esa tarea exigiría décadas de trabajo a los ordenadores más rápidos», explicó Jean Loup Puget, investigador principal de uno de los dos instrumentos del observatorio».