PORTADA
 REPORTAJES
 CIENCIA
 CORAZÓN DE  PAPEL
MI MURCIA /
GARCÍA MARTÍNEZ
 


REPORTAJES

Temores infantiles

Texto: Iván Orio
08/01/2004


Los miedos infantiles son inevitables y siempre habrá niños más impresionables que otros, pero la mayoría de ellos suele superar sus temores de forma natural. A muchos padres, sin embargo, les cuesta entender por qué su hijo tiene auténtico pavor a tirarse por un tobogán y, por contra, no duda en acercarse a los enchufes de la casa a pesar del peligro que ello conlleva. La explicación está en que el miedo cumple una función de protección.

Francisco Xavier Méndez, catedrático de la Universidad de Murcia y experto en los tratamientos psicológicos en la infancia, acaba de publicar ‘El niño miedoso’

Probablemente el niño no se acerque al columpio porque ha tenido una mala experiencia anterior –una caída, por ejemplo– o porque ha visto perder el equilibrio a un amigo suyo. El enchufe sólo le asustará si, por desgracia, algún día lo toca y le da calambre.

Hay miedos que son comunes en casi todos los menores y que aparecen y se van en función de la edad: a la oscuridad –el universal–, a los animales, a los ruidos fuertes, a las tormentas, a los seres imaginarios, a separarse de sus padres, a la escuela... Pero, además de estas potenciales fuentes de temor, hay otras propias de cada niño que están relacionadas con sus vivencias particulares y también con la educación que hayan recibido. Por eso los hay que no tienen reparos en acercarse a un perro y los que no quieren ni verlos; o los que se divierten en una atracción de feria y los que no dejan de llorar en cuanto suben al tiovivo. Sólo debemos preocuparnos si estos miedos perduran.

Tanto la sobreprotección como hacer a los hijos sentirse culpables recordándoles su cobardía son dos actitudes muy negativas que pueden enquistar el problema e incluso lograr el efecto contrario al que se buscaba, según advierte Francisco Xavier Méndez, catedrático de la Universidad de Murcia y experto en los tratamientos psicológicos en la infancia. El profesor acaba de publicar El niño miedoso (Pirámide), un manual sobre el origen de los temores cotidianos de los más pequeños que incluye una guía orientativa para las familias. «No hay que cobijarles siempre y lo último que hay que hacer es recordarles que son unos miedosos o compararles con otros chavales más valientes», recalca el especialista.

Actitud tolerante

Aunque resulte contradictorio, el niño utiliza a veces el miedo para sentir el cariño de sus padres y librarse de algunas tareas domésticas. «Con el miedo –explica Méndez– se gana por partida doble. Los padres adoptan una actitud comprensiva y tolerante, de modo que el niño, por un lado, obtiene más deferencias, mimos o concesiones, y, por otro, menos obligaciones, deberes o responsabilidades». En general, tanto los padres como su hijo no son conscientes de esta situación. «A menudo es complicado deslindar hasta dónde llega el sentimiento real y dónde empieza el cuento», sostiene el catedrático. «El miedo es una emoción, pero también el motivo para escapar de las situaciones temidas», añade.

También el colegio produce en ocasiones una reacción de desasosiego entre los más pequeños y algunos incluso emplean todo tipo de excusas para quedarse en casa. «Se quejan de dolores y enfermedades, se comportan de forma negativa y rebelde, no se lavan, no desayunan, esconden la cartera, manchan el uniforme...». La asistencia a la escuela, explica Méndez, supone el alejamiento de los seres queridos durante unas cuantas horas, «por lo que numerosos niños con miedo a la separación se niegan a ir a clase». «En otros casos –agrega–, la actitud firme de los padres consigue que las protestas infantiles se diluyan y que el crío se acostumbre a acudir a la escuela normalmente».

Es importante que los padres premien de alguna manera los actos de valentía de sus hijos porque ello les incentivará y hará que pierdan sus temores gradualmente. Pero siempre hay excepciones. Según el psicólogo, si una pareja comprueba que su hijo está en permanente sufrimiento y malestar por un miedo a algo determinado no debe dudar en llevarle a un especialista para que le ayude a superarlo. Pero, como insiste Méndez, «el miedo –racional– es muy útil porque actúa como el ángel de la guarda que protege al niño de potenciales peligros». Sólo si hace daño al pequeño es cuando podemos hablar de un menor temeroso.

EL MIEDO MÁS COMÚN

Solos y desvalidos en la oscuridad

La oscuridad es el miedo más común entre los niños porque identifican la noche con ese momento de la jornada en que sus padres les dejan solos en su habitación. Esa sensación de soledad es todavía mayor si están sobreprotegidos. Detrás de esa inquietud se esconde el temor a lo desconocido y la identificación del sueño con pesadillas. Los niños, asimismo, asocian la noche con cuentos y películas en los que los monstruos siempre aparecen en la oscuridad.

Uno de cada tres menores teme a la oscuridad. Francisco Xavier Méndez explica que el momento de acostarse coincide con el fin de actividades placenteras y con el comienzo de cosas desagradables. «Si el niño no se cae de sueño –agrega–, intenta retrasar ese instante». Y es que, según el experto, la oscuridad funciona «como un castigo». «El temor a la oscuridad se asocia con miedos diferentes, como separación, soledad y seres imaginarios malvados». Dejar al principio una luz encendida, mantener la puerta entreabierta, contarles cuentos o levantar un poco la voz para que los hijos sepan que estamos en casa son cuatro remedios caseros que puedan ayudarles a combatir el miedo. Lo que nunca se debe hacer es chillar a los niños y decirles que tal o cual monstruo se los va a llevar si no se duermen rápido. Hacerlo con asiduidad puede incrementar su inquietud.

Cómo vencer los temores

I. O.

¿Cómo se va el miedo a montar en bicicleta? Pedaleando. ¿Cómo desaparece el miedo al agua? Nadando. Francisco Xavier Méndez proporciona en su libro doce instrumentos a los padres para que puedan ayudar a sus hijos a vencer los temores cotidianos.

DOSIFICACIÓN
La mayoría de los niños pequeños siente miedo cuando se baña por primera vez en el mar o en una piscina. Hay dos formas de quitarles el miedo al agua, poquito a poco «o de golpe y porrazo». El primer procedimiento, más lento, posee la ventaja de que se supera el miedo con mínimo malestar. Con el segundo sucede al revés. Es más rápido pero se pasa peor, por lo que este método se reserva a los profesionales.

CUENTOS

Monstruos, ogros, dragones, vampiros y otros seres fantásticos pululan por la literatura infantil. Pero de la misma forma que los cuentos de miedo y las historias de terror asustan, los relatos pueden usarse hábilmente para reducir los temores infantiles. Una buena alternativa es inventar un cuento en el que el niño se vea identificado y en el que surja el elemento al que teme. Después, podemos dosificar el miedo hasta eliminarlo.

PELÍCULAS
Con algunos niños no funcionan los cuentos. Incluso aseguran ser muy valientes cuando se les narra la historia y luego, al efectuar una prueba en la realidad, continúan reaccionando con miedo. Es interesante que el niño vea películas en las que el protagonista tenga miedo a algo en concreto y luego lo supere. Incluso se puede realizar un vídeo doméstico –la calidad técnica importa menos que el contenido– que le ayude a vencer sus temores.

SEGURIDAD
Otro modo de disminuir el temor que evoca una situación es introducir señales de seguridad en el paisaje e ir suprimiéndolas de forma paulatina. Por ejemplo, en el miedo a la oscuridad se le puede regalar al niño una atractiva linterna para que la tenga en la mesilla de noche o se enchufa un piloto pequeño que esparce una luz tenue. Luego estos trucos irán desapareciendo a medida que el niño supere sus miedos.

ÁNIMO
«Intentar convencer de la enorme tontería que es tener miedo a algo inofensivo no es un método efectivo». Los mensajes más eficaces son las frases cortas pronunciadas en tono firme: «Tú solo, no pasa nada», «venga, vamos», «ánimo, tú puedes hacerlo». Las ayudas verbales son más útiles si van acompañadas de contacto físico, como dar palmadas de coraje en la espalda o coger su mano para enseñarle a acariciar a un animal.

IMITACIÓN
Al niño le gusta imitar a los padres, a los profesores, a los compañeros, a los cantantes de moda, a los presentadores de televisión, a los animales, etcétera. Las familias se pueden valer de esta reacción para enseñar a los niños con su comportamiento que no deben tener miedo a tal o cual cosa. Un procedimiento eficaz para eliminar el temor es que el niño vea a alguien relacionándose sin problemas con el objeto temido.

JUEGOS Y JUGUETES
La excitación provocada por juegos emocionales debilita los temores infantiles. Es verdad que un niño asustado rehúsa jugar, pero también es cierto que si se le implica en actividades divertidas y cuando está emocionado se le propone llevar a cabo un pequeño acto de valentía es posible que se atreva y que por tanto venza el miedo progresivamente. Incluso los padres se pueden inventar algunos juegos de valor.

ANTÍDOTOS
El procedimiento radica en transformar aspectos aterradores en características graciosas mediante el dibujo, la imaginación o la broma. Un semblante fiero se maquilla como un payaso, un personaje tremebundo termina pareciendo cómico, una cosa inquietante es tema de chiste. El humor es un antídoto para el miedo. Es improbable alegrarse y temer al mismo tiempo un objeto específico. La risa abierta se opone al temor.

RELAJACIÓN
Un arma terapéutica muy importante y que es utilizada por numerosos especialistas es enseñar al niño a combatir su nerviosismo y su preocupación cuando se enfrenta a sus temores. La relajación se considera la aspirina psicológica porque posee múltiples usos en psicología clínica, estrés, insomnio, etcétera. Una de sus aplicaciones más comunes es la ansiedad puesto que, a más relajación, menos nervios, y viceversa.

MENTALIZACIÓN

Las auto instrucciones se usan para cambatir las preocupaciones. Se instruye al niño para que, cuando se encuentre en la situación temida, se diga a sí mismo frases de ánimo que resalten su sensación de control: «Soy un chico valiente», «puedo cuidar de mí mismo en la oscuridad», «soy capaz de quedarme a oscuras». También se ensayan expresiones que minimizan el carácter atemorizante de la situación: «La oscuridad no es peligrosa».

FELICITACIONES Y PREMIOS
Cuando se ha conseguido que el niño se acerque al objeto temido en lugar de alejarse, hay que lograr que repita ese comportamiento hasta la completa eliminación del miedo. Para lograr este objetivo se debe elogiar siempre sus avances y, si se estima oportuno, añadir incentivos como actividades divertidas u otras recompensas por sobreponerse al miedo. Por ejemplo, se le pueden dar unos vales simbólicos que luego pueda canjear por premios.

INDIFERENCIA
A pesar de que se esté ayudando al niño a vencer el miedo, es probable que siga recurriendo a las viejas tretas que tan buenos resultados le dieron en el pasado. Si sucede, no se le debe reñir. El comportamiento más apropiado es tener paciencia y hacerse el sordo y el ciego; es decir, los padres fingen que no oyen las quejas ni ven las rabietas de su hijo. Por el contrario, deben celebrar abiertamente cualquier avance del niño.

Nuevo Panorama
Nuevo Canal Panorama

 

Publicidad



 
 
© La Verdad Digital S.L.
Teléfono: 968 36 91 00. Fax: 968 36 91 11
internet@laverdad.es