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REPORTAJES
Francisco J. Ayala / Catedrático de Ciencias Biológicas de la Universidad de California

«Un embrión congelado
no es un ser humano»

Texto: Luis Alfonso Gámez / LA VERDAD
09/10/2002


Investigador. Francisco J. Ayala, durante la entrevista. / B. CORRAL

Tiene las ideas claras. Francisco J. Ayala es partidario de la investigación con embriones y de la clonación terapéutica. Como la mayoría de sus colegas, el científico de origen español, una autoridad mundial en el campo de la biología, antepone principios humanitarios a lo que considera «razones religiosas mal entendidas» y lamenta que los miembros del Gabinete de Aznar que se han pronunciado sobre estos asuntos, «en vez de educar al público, lo estén confundiendo».

 




Ayala dice que Bush y Aznar «tendrían que estar en contra de la fecundación ‘in vitro’» si creen en los principios por los que frenan el trabajo con embriones
«Es un irresponsable quien se opone a un tipo de investigación que puede servir para curar, por ejemplo, lesiones medulares»

–La ministra de Sanidad, Ana Pastor, ha dicho que quienes propugnan la investigación con células madre embrionarias «ocultando sus riesgos» son unos «irresponsables».
–¿Qué riesgos puede haber con esa investigación? De lo que se habla es de coger células y cultivarlas en el laboratorio.

–Igual se imagina masas informes como las de las viejas películas de terror de serie B, que devoran todo lo que encuentren a su paso.
–Algo así tiene que ser. Es que no es ni imaginable que pueda haber riesgos serios. Puede ocurrir que, si se le rompe el tubo de ensayo, uno se corte un dedo con el cristal o que se queme con un producto químico por no llevar guantes, pero otro tipo de riesgos...

La confusión del embrión

–Indirectamente, ha llamado «irresponsables» a investigadores como Mariano Barbacid, Margarita Salas y usted, entre otros muchos.
–¿Por qué irresponsables? ¿Con respecto a qué valor moral o legal? El único que a veces mencionan algunos obispos católicos –no la generalidad de los católicos– es la creencia de que un embrión congelado es un ser humano y, al usarlo para investigación, se violan los derechos de la persona.

–¿No se está jugando con las palabras? Al hablar de embrión congelado, mucha gente piensa en un feto metido en un tubo de ensayo o en un frasco.
–¡Claro! En realidad, un embrión congelado es una especie de morita que tiene el tamaño de la cabeza de un alfiler.

–Nada que parezca remotamente un feto.
–No. Se trata de un grupo de células madre, con toda la información genética. Si se divide en dos, puede dar lugar a dos embriones, siempre que se implanten y las condiciones en el seno materno sean las apropiadas. En esos primeros pasos, si se retiran dos células del embrión, se dividen otras y las reemplazan. Esas moritas no son seres humanos. Un embrión congelado no es un ser humano, aunque tenga la capacidad de serlo, como también la tienen cada óvulo y espermatozoide.

–¿Así que son razones exclusivamente religiosas las que se oponen a este campo de investigación?
–Sólo desde el punto de vista de quienes creen que un embrión congelado es un ser humano puede decirse que la gente partidaria de esta investigación es irresponsable. Yo creo que es al revés. Los irresponsables son quienes ponen objeciones a un tipo de investigación que puede utilizarse para curar, por ejemplo, parálisis parciales o totales por lesiones medulares producto de accidentes automovilísticos o de otro tipo.

–Como en el caso de Christopher Reeve.
–Sí. Las parálisis se van a curar. ¿Será a través de células madre embrionarias? No lo sé. Nadie lo sabe. Pero es la línea de investigación más prometedora. Y hay que empezar por el camino más razonable, que es éste, porque las células madre embrionarias son las que tienen más potencial.

–¿Qué quiere decir?
–Que, como no están todavía especializadas, pueden convertirse en neuronas, células musculares, cardiacas... Lo que se trata, por ejemplo, es de aprender qué pasa dentro de una de estas células para que se convierta en una neurona, qué hace que se multiplique y qué es lo que paraliza ese proceso. Porque lo que ocurre en las lesiones medulares es que las células no se regeneran, no se multiplican.

Células madre adultas

–El ministro de Ciencia y Tecnología, Josep Piqué, ha dicho, en apoyo al trabajo con células madre de adultos y contraponiéndolo a la investigación con embrionarias, que hay que «impulsar aquello que tiene eficacia científica».
–No es así. Al contrario. Desafortunadamente, varios de los resultados que se habían publicado sobre la potencialidad de células madre adultas no han podido repetirse.

–¿Están algunos políticos tergiversando la realidad y aprovechando la falta de cultura científica del público para arrimar el ascua a su sardina?
–Sí. Los políticos están dando la impresión a la gente de que, en el caso del embrión congelado, estamos ante un ser humano, ante una persona en pequeñito. Un embrión congelado no es eso. Es un grupo de células, nada más. Lo tergiversan por razones políticas y religiosas mal entendidas.

–¿Mal entendidas?
–Sí. Hasta fines del siglo XIX, la tradición teológica católica no consideraba seres humanos a los embriones menores de cuarenta días.

–Los congelados tienen mucho menos tiempo, ¿verdad?
–Unos pocos días. En este caso, se habla de divisiones celulares.

–¿De cuántas células están compuestos?
–32, 64, 128... El desarrollo se interrumpe tras las primeras divisiones, ya que es cuando todavía tienen todas las células la potencialidad de convertirse en cualquier otra del organismo.

–Algo de lo que ya carecen las células madre adultas que tenemos usted y yo, ¿no?
–Sí. En nuestro organismo, hay células madre que reproducen parte de las células del sistema inmune y los glóbulos rojo. Pero una célula madre adulta no puede convertirse en cualquiera de las del organismo, como las embrionarias.

–José María Aznar se ha convertido en uno de los abanderados mundiales contra la investigación con embriones. ¿Estamos retrocediendo en el tiempo?
–Es una pena. Es muy difícil comprender la motivación de estas decisiones de los políticos, excepto que, por los pronunciamientos de las autoridades religiosas, crean que hay un grupo de población importante contra esto. Un grupo que, en realidad, se opone por falta de educación.

–Y el analfabetismo científico lo paga la sociedad y, en concreto, los aquejados de males cuya curación podría avanzar en esta línea.
–Exactamente. Que miembros de un Gobierno como el español hagan las declaraciones que han hecho... En vez de educar al público, lo están confundiendo. No están enseñando nada, excepto prejuicios.

Bush y Aznar

–¿La presión de los ultracatólicos sobre el Gobierno de Aznar se asemeja cada vez más a la de los fundamentalistas en EE UU?
–Sí. En EE UU, se trata de grupos relativamente pequeños que ejercen presión sobre el Partido Republicano. Son gente muy fanática que, si cree que un político está violando uno de sus conceptos básicos, ya no vota. Son el 4% ó 5% de la población que hace posible que los republicanos puedan ganar unas elecciones.

–Lo más que puede hacer Bush es no financiar esas líneas de trabajo y dejarlas en manos de la iniciativa privada. Sin embargo, en España, el Gobierno puede prohibir ese tipo de investigación y la clonación terapéutica, que no es sino duplicar esas células, ¿verdad?
–Consiste en duplicar células, no seres humanos, y lo estamos haciendo en el laboratorio continuamente desde hace setenta años, cuando se aprendió a cultivar células de tejidos. Ahora se quiere hacer con esos grupos de células madre embrionarias para regenerar las conexiones nerviosas en casos de parálisis. Los beneficios que puede reportar a la Humanidad ese tipo de investigación son enormes.

–En España hay 40.000 embriones congelados sobrantes de la fecundación in vitro (FIV) que no pueden implantarse y que el Gobierno no quiere destruir ni usar para investigación.
–Santo Tomás de Aquino, el máximo teólogo de la Iglesia católica, se oponía a que se bautizaran los abortos espontáneos antes de los cuarenta días. Con ese tiempo, ya empiezan a tener una forma vagamente humana. Si los políticos creyeran en realidad que se trata seres humanos, tendrían que estar en contra de la FIV.

–¿Por qué?
–Porque implica producir bastantes óvulos fecundados para implantar unos pocos. Si el proceso tiene éxito a la primera, el resto de los embriones quedará congelado para siempre; si no, se utilizará en los siguientes intentos. Ni Bush ni Aznar se oponen a la FIV porque tendría muy mala imagen y, sin embargo, si creen en sus principios, tendrían que oponerse a ella porque está en el origen del problema, de los miles y miles de embriones congelados que hay en todo el mundo.

–¿40.000 embriones darían para investigar mucho?
–Muchísimo. Además, no necesitamos 40.000. En España, bastaría con unas docenas o un centenar.

–¿No usarlos cuánto puede retrasarnos en la lucha contra algunas enfermedades?
–Es imposible de saber, porque con la ciencia no se puede profetizar. Si todo fuera bien, de aquí a veinte años podríamos crear órganos en laboratorio y, antes, regenerar conexiones nerviosas.

«Los beneficios de los transgénicos son potencialmente enormes»

L.A.G.

–¿Es consciente de que hay una minoría que puede verle como al doctor Frankenstein?
–¡Espero que no! Je, je, je... Aunque, a lo mejor sí, por mis pronunciamientos sobre los transgénicos, que algunos consideran algo maquiavélico. Los transgénicos, como todo, tienen riesgos y por eso han de estar regulados. Pero los beneficios económicos, alimentarios y medioambientales son potencialmente enormes.

–Sin embargo, hay una fuerte oposición en ciertos sectores del movimiento ecologista…
–Es curioso lo del integrismo ecologista porque, tal vez, uno de los grandes beneficiarios de los transgénicos sea el medio ambiente. Si creas una planta con genes que le den resistencia a los organismos que la atacan, no habrá que echar pesticidas y matar al resto de los organismos. Si consigues que una planta sea capaz de producir lo que necesita y no tienes que recurrir a fertilizantes, los beneficios para el entorno también van a ser inmensos.

–Marcelo Palacios, presidente de la Sociedad Internacional de Bioética (SIBI), ha profetizado que, según vayan haciéndose realidad los avances en la investigación con embriones, irán cayendo las trabas impuestas por los burócratas.
–Cuando empezaron los transplantes de órganos, la Iglesia católica se oponía a ellos. Como se opuso en su día a las transfusiones de sangre, a la inseminación artificial... Lo que dice Palacios es lo que va a pasar.

–Pero, mientras tanto, ¿estamos perdiendo un tiempo precioso?
–Perdiendo tiempo y maleducando a la gente, desviándola de los problemas importantes a los que no lo son, a los que son ficticios. Hay problemas reales en la medicina, la agricultura, la ecología... ¿Por qué los políticos no impulsan que se busquen alternativas al uso de gasolina para los coches?

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