EXPERIENCIAS.
El acto de escribir va precedido de la documentación
y las vivencias personales.
La literatura es vida y experiencia; luego, llega
la inspiración, el reto del folio en blanco.
Para documentarse y producir obras creíbles,
los autores deben recurrir a la investigación.
Y la investigación no se limita a sumergirse
en montañas de papel. Hay quienes comprueban
si a tal hora da el sol o la sombra en el lugar que
describen en su novela. La ficción debe ser verosímil.
Viajes por islas exóticas,
consumo de drogas y alcohol, vivencias en
barrios marginales e investigaciones detectivescas
se convierten para los escritores en material
de sus novelas
Internarse en manicomios, viajar por el mundo y conocer
lugares en los que han acaecido hechos históricos,
y entrevistar a los testigos de los hechos son algunos
de los métodos a los que recurren los escritores
para elaborar una obra digna de ser leída.
Al escritor, periodista y abogado Torcuato Luca de Tena
no le bastó su afición por los temas psiquiátricos
y pedir prestados varios libracos relacionados con el
tema para dar forma a personajes con mentes transtornadas
y enfermas. Para escribir Los renglones torcidos de
Dios, este hombre logró internarse en un manicomio
simulando una psicosis depresiva.
Nada de tratamiento especial. Nada de clínicas
privadas. Luca de Tena se las arregló para entrar
de incógnito y con nombre supuesto a un hospital
psiquiátrico público, después de
pasar todos los trámites requeridos. Allí
permaneció ingresado durante 18 días.
Casi nada, dirán algunos, pero se trataba de
la intensa vida de un manicomio. Y fruto de este sacrificio
dio a luz la historia de Alice Gould, la mujer internada
en el ficticio hospital Nuestra Señora de la
Fuentecilla, en el que un hombre con fobia al agua,
un niño mimético, la niña péndulo,
el gnomo y el inventor de la teoría de los nueve
universos, entre otros renglones torcidos que los sacrificados
batas blancas intentan enderezar, surgen como la muestra
de lo que aprendió viviendo entre perturbados
mentales.
En
busca del paraíso
El viaje de Vargas LLosa por islas del Pacífico,
rincones desconocidos de Perú y de Bretaña
le proporcionaron documentación para El
paraíso en la otra esquina.
En busca del paraíso
Más divertida debió ser la experiencia
de Mario Vargas Llosa quien, en su más reciente
novela El paraíso en la otra esquina, narra la
vida de Flora Tristán y su nieto el pintor francés
Paul Gauguin.
No será raro encontrar una imagen del escritor
fotografiado por su hija, Morgana, sentado sobre la
tumba de Gauguin, en las islas Marquesas. En su viaje
tras las huellas de Tristán, pionera del feminismo
socialista, y de Gauguin, pintor neoimpresionista, el
autor se la pasó «de esquina en esquina»,
del mundo real. Fue a las islas del Pacífico,
admiró las vistas de Bretaña y, por supuesto,
hurgó en su natal Perú, a donde Tristán
llegó en una ocasión para reencontrarse
con sus antepasados de América.
El resultado de este paseo no es sólo la novela
que intenta reconstruir la vida de los dos rebeldes
nacidos en el siglo XIX. Morgana siguió a su
padre, el autor de La fiesta del chivo, y con las imágenes
que capturó hizo el libro Las fotos del paraíso.
Otro de los frutos de la búsqueda fue un calendario
en el que se incluían imágenes y fragmentos
de El paraíso en la otra esquina.
On
the road
El viaje de Kerouac por Estados Unidos dio lugar
a En el camino, la mítica novela de los
sesenta.
Ballenero
Moby Dick, de Melville, no se debe al relato fortuito
de un marinero sino a la experiencia del autor en un
barco ballenero. La vida de Melville es toda una aventura.
A los 19 años, descartó la posibilidad
de ir a la universidad y comenzó a embarcarse
en viajes que inspiraron sus obras, pasando algún
tiempo en las islas del Pacífico. De regreso
a Estados Unidos trabajó como profesor y en 1841
viajó a los Mares del Sur a bordo del ballenero
Acushnet. Tras 18 meses de travesía abandonó
el barco en las islas Marquesas y vivió un mes
entre los caníbales. Escapó en un mercante
australiano y desembarcó en Papeete (Tahití),
donde pasó algún tiempo en prisión,
antes de regresar a su hogar en 1844.
Escribió sus primeras novelas sobre su experiencia
como marino. Al tema del mar corresponden sus obras
Mardi (1849), Omoo (1847), Taipi, un edén caníbal
(1846) y Redburn (1849). Después de sus múltiples
viajes, decidió casarse y estableció su
residencia en Massachusetts, en donde cultivó
la amistad con el escritor Nathaniel Hawthorne, a quien
dedicó su obra maestra, Moby Dick o la ballena
blanca (1851), que no resultó un éxito
comercial.
El viajero Stevenson
El primer libro de Robert Louis Stevenson fue Un viaje
al continente (1876), una obra en la cual relataba sus
avatares en canoa junto a Walter Simpson, en un trayecto
que iba desde la ciudad belga de Antwerp hasta Pontoise.
Escribió un buen número de obras basadas
en sus múltiples viajes y vida bohemia, como
Viaje tierra adentro (1878) o Viajes en burro por las
Cevanness (1879).
Stevenson
Viajó por los países exóticos,
lo que plasmó en sus novelas. Su ansia
aventurera se reflejó incluso en su primer
libro, un viaje en burro.
La vida aventurera de Stevenson definió su proceder
literario, en especial sus viajes por países
exóticos, que culminaron en la Isla de Samoa,
en donde residió los últimos años
de su vida con su familia, desde su llegada en 1889.
En la Polinesia fue conocido como el Tusitala (el cuenta
cuentos) y escribiría varias obras en colaboración
con Lloyd Osbourne, hijo de Fanny en su primer matrimonio.
Sus obras más importantes, grandes clásicos
de la novela de aventuras, son La isla del tesoro (1883),
El extraño caso del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde (1893),
y La flecha negra (1888).
A tinta fría
Aunque Truman Capote (Nueva Orleáns 1924-1984)
se caracterizó durante sus primeros años
de escritor por publicar obras hasta cierto punto autobiográficas,
las cosas cambiarían por el matiz de la sangre.
En el 1959, los cuatro miembros de una familia en Kansas
son asesinados. El hecho, desde el primer instante,
llama la atención del controvertido escritor.
No fue una atracción pasajera ni lejana. Capote,
que en sus años mozos se inició como aprendiz
de periodista en The New Yorker, iniciaría una
investigación periodística de nada más
y nada menos que cinco años. Durante ese lustro
entrevistó a cientos de personas que podían
arrojar luz sobre lo acaecido y sobre el desarrollo
de las vidas de los implicados.
Truman
Capote A sangre fría fue el
resultado de una investigación del escritor
que incluso le llevó a presenciar la ejecución
de los culpables.
Su compenetración fue tal que, al ser ejecutados
los culpables del sangriento hecho, Capote estuvo entre
los asistentes. Los cinco años de investigación
valieron la pena. A sangre fría dio un giro a
la carrera de su autor, quien se convirtió en
toda una celebridad acuñó el concepto
novela de no-ficción, para referirse a la que
versa sobre acontecimientos reales y que es creada a
partir de técnicas periodísticas.
Secuestros y náufragos
Seguro que dentro de ese género se inscribiría
Noticia de un secuestro, del colombiano Gabriel García
Márquez, que le costó a su autor tres
años de indagación. Sobre ese libro que
trata el problema de los secuestros y el narcotráfico
en su tierra natal, el Gabo dijo en una ocasión:
«No tiene una línea imaginaria ni un dato
que no esté comprobado hasta donde es humanamente
posible».
Lo tuvo más fácil con Relato de un náufrago.
El 28 de febrero de 1955 cunde la noticia de que una
tormenta en el mar Caribe ha hecho naufragar al destructor
Caldas, de la marina de guerra de Colombia. La búsqueda
de los náufragos se inicia de inmediato, pero
al cabo de pocos días de esfuerzos inútiles
los marineros perdidos son declarados oficialmente muertos.
Sin embargo, una semana después aparece uno de
ellos. Es Luis Alejandro Velasco, que ha permanecido
diez días, sin comer ni beber, en una balsa a
la deriva.
Pasión
por la India
Dominique Lapierre recorrió Estados Unidos
por un puñado de dólares y después
se embarcó en una serie de viajes a la
India. Tras conocer a Ghandi y el modo de vida
del país, decide implicarse en labores
sociales. La ciudad de la alegría es fruto
de su experiencia marginal en Calcuta.
El renombre inmediato rodea al náufrago, un
muchacho robusto, de veinte años, «con
más cara de trompetista que de héroe de
la patria». El sobreviviente acude un día
a la sala de redacción de El Espectador de Colombia.
Propone a un joven periodista narrar la verdadera historia
del naufragio, sin las deformaciones del oficialismo.
El joven periodista se llamaba Gabriel García
Márquez.
Los best seller de Dominique Lapierre son fruto de
experiencias personales y documentales. Desde Esta noche
la libertad a La ciudad de la alegría, la India
es una de las pasiones de este escritor, que pasó
largas temporadas en los barrios marginales de Calcuta
para escribir algunos de sus libros. Lo que más
le impactó fue conocer a Ghandi: «Ese pequeño
ser, casi desnudo, que supo aglutinar a 650.000 pueblos,
me produjo una de las emociones más fuertes de
mi vida. Ese encuentro fue un flechazo, el principio
de una historia de amor con ese país».
Otro de los episodios que han marcado la vida del escritor
y sus obras fue cuando se encontró con Teresa
de Calcuta. En Dominique Lapierre las experiencias aparecen
desde su primer libro, que escribió en plena
juventud, Un dólar cada mil kilómetros,
en el que cuenta su aventura en solitario por Estados
Unidos.
A partir de las vivencias en un barrio de chabolas en
Calcuta narradas en La ciudad de la alegría,
decide donar la mitad los derechos de autor para la
realización de proyectos humanitarios en Calcuta
y las zonas rurales más pobres del delta de Ganges,
Madrás y Bhopal, para cuyo fin se crea la Fundación
Ciudad de la Alegría.
Sexo,
drogas y letras
Los escritores norteamericanos Allen Ginsberg
y William S. Burrougs abrazaron todo tipo de drogas
para elaborar sus textos literarios, auténticos
viajes que ponían en duda los cimientos
de la sociedad americana.
Beber para contarlo
Muchos son los autores que han hecho del alcoholismo
materia literaria, pero pocos han retratado las desdichas
y miserias del licor con el lirismo, la objetividad
y la intensidad de Malcolm Lowry. Ultramarina, su primera
novela, fue el resultado de su temprana llamada del
mar, acuciado por las lecturas de Conrad, ONeill
y la proximidad del hogar paterno al puerto de Liverpool.
Obedeciendo a un mismo motivo, Bajo el volcán,
su obra maestra, es el resultado de su larga experiencia
como borracho. Maldito entre los malditos, a su constante
afán por la autodestrucción hay que sumar
una increíble mala suerte, que jalona su biografía
de desgracias tan grotescas como las distintas perdidas
de sus manuscritos.
Don Geraldo
Con 25 años, a lomos de unas mulas y 2.000 libros
llegó a Yegen un joven británico aspirante
a escritor llamado Gerald Brenan. Eran los primeros
años veinte del siglo pasado y para la estricta
educación victoriana que había recibido,
pensar en el sur de España, en Andalucía,
era sinónimo de libertad, sensualidad, romanticismo
y alegría de vivir. Gerald Brenan, Don Geraldo
para los del pueblo, no sólo encontró
la paz que quería para leer y escribir, sino
que también descubrió el amor en toda
su plenitud física. Fue una experiencia iniciática
que le marcó para siempre; de hecho su obra posterior
sobre España no es sino la de alguien que se
enamoró de Andalucía, donde vivió
durante largos periodos y adonde volvió en 1984,
para pasar los últimos años de su vida.
En Al Sur de Granada narra su experiencia y vivencia
en Yegen.
Su interés por instalarse en un lugar tan tranquilo
y salvaje como La Alpujarra respondía también
a su intención de leer a todos los autores que
le interesaban y no había podido conocer debido
a los tres años que pasó en el frente,
durante la I Guerra Mundial. Andalucía supuso
para Brenan el encuentro con escritores como Góngora,
Quevedo, Garcilaso, San Juan de la Cruz y, sobre todo,
Santa Teresa, a quien profesó siempre una absoluta
admiración.
LSD y rock, la Beat Generation
J. L.TAPIA
Si tuviéramos que situar la irrupción
de la droga, en forma masiva, en el siglo XX diríamos
que, la década del sesenta, marca el hito fundamental
de su aparición. Una sociedad, la norteamericana,
que atravesaba la post-guerra, con su dejo de triunfalismo
y su espíritu puritano, proclamando el American
Way of Life, ve nacer una nueva expresión literaria
con la Beat Generation.
Los escritores beats como Burroughs, Cassady, Ginsberg
o Kerouac, desarrollan una nueva forma de expresión
donde todo aquello que produzca efectos sobre los
sentidos, llámese anfetaminas, LSD, marihuana
y alcohol, constituye un proyecto explícito
de protesta contra los valores preestablecidos de
la sociedad capitalista. La literatura, comienza a
expresar el cambio de la figura de la droga como medio
de actuar sobre sí mismo, y como una forma
de protesta a las convenciones sociales existentes.
Diferentes críticos señalan de esta
escritura beat que es un flujo ininterrumpido, desde
el fondo del espíritu, de ideas y palabras
que soplan sobre las imágenes; no hay periodos
que separen las frases, ridículas puntuaciones,
sino vigorosos blancos, que separan las respiraciones
retóricas. No hay selectividad de la expresión,
sino aceptación de las asociaciones libres
producidas por la mente en un mar ilimitado, nadando
en un océano, sin otra disciplina que los ritmos
de la respiración retórica y de las
puntuaciones como un puño que golpea sobre
la mesa.