Alemania asiste al primer juicio por la conversión de un muerto en diamante
JOSÉ MANUEL NIEVES/MADRID
10/04/2007
La madre del fallecido desea enterrarlo, pero su hija prefiere que se fabrique con él una piedra preciosas
Un juez de la Audiencia Territorial de Wiesbaden puede escribir un nuevo capítulo en la larga y controvertida historia judicial de Alemania, cuando se enfrente a un caso inédito y sin precedente jurídico alguno. El magistrado deberá resolver una amarga disputa entre una abuela y su nieta, que no lograron ponerse de acuerdo en la forma de gestionar los restos mortales del hombre que unió sus vidas.
La madre del muerto desea enterrar a su hijo en la tumba familiar, pero la hija quiere convertir las cenizas de su padre en un brillante eterno para llevarlo colgado al cuello. La mayor de las dos mujeres enfrentadas, una anciana de 86 años, decidió querellarse en contra de su nieta, de 19, cuando la joven dejó saber que su padre estaba de acuerdo en que sus cenizas se enviaran a una ciudad suiza para transformarlas en una piedra preciosa.
La abuela protestó con la energía propia de su edad. «Mi hijo me dijo que deseaba ser enterrado en la tumba familiar de Wiesbaden», comentó la anciana a la Prensa. La hija replicó con la pasión de su juventud. «Eso era exactamente lo que mi padre no quería», contestó.
Al morir el padre, la joven contactó con una funeraria para que se hiciera cargo del cadáver y lo enviara a una localidad suiza en el cantón de Graubünden, donde la empresa Algordanza lo incineraría y lo sometería al proceso que convierte las cenizas mortales en una diamante de hasta 1,25 quilates. La madre del finado no lo soportó y presentó una demanda, que paralizó el proceso.
Hay tiempo
El abogado de la hija, Gerhard Freiling, cree que su clienta tiene más posibilidades de conseguir su objetivo. En primer lugar, porque las leyes alemanas no prohíben el traslado de restos mortales al extranjero y son muy claras al señalar que el entierro se realiza de acuerdo al deseo del difunto. Si no existe un documento firmado con las últimas voluntades del difunto, la ley determina que corresponde a la viuda decidir la forma del entierro. Si no la hubiera, la decisión recae en los hijos, como parece ser el caso, y en un lejano tercer lugar intervienen otros parientes del finado.
La inédita disputa tiene su origen en un invento que está revolucionado las costumbres europeas en el rutinario proceso de enterrar a los muertos. A finales del 2004, la firma suiza Algordanza patentó una tecnología capaz de transformar las cenizas humanas en diamantes.
Después de constatar que el cuerpo humano contiene un 20% de carbono, la firma diseñó un proceso para extraer este elemento de las cenizas humanas y someterlo a una presión de hasta 60.000 kilobares y a una temperatura de 1500 grados durante seis semanas. El resultado es un diamante en bruto que es tallado y pulido de acuerdo a las instrucciones del cliente.