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El virus del sida daña el cerebro al convertirse en crónica la enfermedad

Texto: Pedro Rodríguez, corresponsal / Washington
11/11/2005


Un congreso sobre sida

Los avances farmacéuticos han logrado transformar el sida en una enfermedad crónica, pero la protección efectiva que aportan los cócteles de medicamentos no es del todo completa. Neurólogos de Estados Unidos, a partir de resonancias magnéticas realizadas a pacientes infectados, han podido confirmar el gradual, dañino y por ahora inevitable impacto del virus de la inmunodeficiencia humana en el cerebro.








Puede afectar hasta a un 15% de las áreas cerebrales que regulan el movimiento, la coordinación, el lenguaje y el razonamiento

Una reciente investigación publicada por la Academia de Ciencias de Estados Unidos ha detectado en un grupo de pacientes veteranos hasta un 15% de pérdida de tejido en las zonas del cerebro responsables de regular el movimiento y la coordinación. Un impacto irremediable que en menor medida también se extendería a los centros del cerebro relacionados con la capacidad de lenguaje y razonamiento.

A juicio del investigador Paul Thompson, profesor de neurología de la Universidad de California, en Los Ángeles, y responsable de la investigación, el reto actual de los seropositivos es la falta de protección para su cerebro. Según dice, aquellas personas que son capaces de vivir con el VIH durante más de diez años «presentan daños progresivos en el cerebro, mucho antes de que los síntomas se manifiesten de manera evidente».

Para sus observaciones, el equipo de Thompson ha comparado los cerebros de 26 pacientes infectados con los de 14 personas libres del VIH. El deterioro medido con ayuda de análisis tridimensionales, registrado en todos los afectados con independencia del uso de antirretrovirales, presagia reflejos ralentizados, pérdida ligera de vocabulario o incluso una mermada capacidad de juicio. Las complicaciones detectadas pueden afectar a un 40% de los seropositivos.

Protección cerebral


Los cócteles farmacéuticos utilizados para mantener el virus bajo control no penetran en el cerebro de igual manera que en otros órganos del cuerpo humano. Las conducciones y vasos sanguíneos cerebrales son menos permeables y presentan una capa adicional de protección para prevenir dañinas filtraciones de sangre en las células cerebrales. Irónicamente, esta protección biológica convierte al cerebro en una especie de santuario para el virus del de la inmunodeficiencia humana.

Con todo, antes de popularizarse los avances farmacéuticos logrados durante los años noventa, dos tercios de los enfermos de sida presentaban al final de sus vidas acelerados y graves cuadros de demencia. En la actualidad, solamente un 5% de estos pacientes llegan a tan trágicos niveles de deterioro cerebral con graves complicaciones de incontinencia, inmovilidad y estado vegetativo.

¿La punta del iceberg?

P. R. / Washington

La gran duda planteada por estas investigaciones es si los daños cerebrales detectados en seropositivos –condición compartida por cuarenta millones de persona en todo el mundo– van a ir a más o se estabilizarán en algún momento. Es decir, si sus secuelas se van a limitar únicamente a problemas menores de memoria y reflejos un poco lentos o si, al final, pueden degenerar en una demencia prematura. En estos momentos se dispone de un rastro limitado para realizar predicciones científicas, ya que los tratamientos de antirretrovirales y cócteles farmacéuticos para controlar el virus VIH se vienen utilizando desde 1996, hace sólo nueve años.


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