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REPORTAJES

«La música está por encima de culturas»

JOSU OLARTE
12/03/2006

SENSIBILIDAD. La popular cantante portuguesa cree que el fado es «más que melancolía» / ARCHIVO.

Mariza cautiva estos días a España con su visión renovada del fado, canción tradicional de las barriadas lisboetas considerada la manifestación más profunda de la saudade, ese sentimiento de tristeza agridulce y serena nostalgia heredado del pasado marinero de la patria de Pessoa y Camoens. En la estela de Dulce Pontes y Misia, Mariza se formó en las tradicionales casas de fado, pero ha terminado por convertirse no sólo en la máxima renovadora del género, sino en la cantante portuguesa con más proyección internacional.

Auditorios de los cinco continentes han asistido a la presentación de Transparente, último trabajo de esta artista mozambiqueña de origen aunque lisboeta de corazón. Es su tercera entrega discográfica, y en ella el fado se mixtura con los versos de poetas portugueses, aires de la lusofonía y ecos ibéricos como el flamenco. No en vano, José Mercé ha aportado su rajo a la versión de Hay una música del pueblo, que incluye la edición española de su nuevo álbum.

La cantante Mariza muestra su visión renovada del fado y confiesa que «me dejo llevar por el corazón»

Su imagen afroportuguesa de cabellos plateados subraya la personalidad poco convencional de esta artista con carisma, que obtuvo su primer gran reconocimiento en un homenaje a Amalia Rodrigues, y en la que también se ha fijado el cine. Su O genhe da minha terra suena al final de Isabelle, filme del chino Paun Ho-Cheung que refleja el fin de la colonización portuguesa de Macao. Y Carlos Saura ha pensado en ella para protagonizar su próxima película, Fados, que el próximo verano comenzará a rodarse en Lisboa.

-Con 'Transparente' parece abrir el fado a otras sonoridades. ¿Acepta su papel de renovadora?

-Más allá del éxito, ha sido un disco muy importante porque me ha ayudado a abrir nuevos caminos, y no sólo para el fado, sino para mi música. Porque no me considero una fadista, sino una cantante que trata de hacer algo más universal. El fado es como un tatuaje que hay en mi piel y que no me puedo quitar, pero, al mismo tiempo, me gusta abrirme a otras influencias. No digo que vaya a hacer un disco de bossa o de world music, pero esos aires pueden surgir porque, al componer, me dejo llevar por el sentimiento del momento. He escuchado mornas de Cabo Verde, que son como fados, y es posible que los ritmos africanos tengan influencia en mi música, incluso sin que yo lo note, porque, aunque a los tres años me vine a Portugal, he escuchado grandes voces africanas como Miriam Makeba o Cesaria Evora.

Cantar sin prejuicios

-¿Necesitaba el fado renovarse para dejar de ser considerado folclorismo portugués ligado a la dictadura de Salazar?

-La música, con independencia de quién la utilice, tiene un palpitar que no muere, que está siempre ahí. Cuando cantaban fados en mi barrio nunca se veía a gente joven, y yo no lo entendía. Fue luego cuando me di cuenta de que se asociaba a la dictadura. Pero eso ya se ha superado. El fado es una música urbana, que vive en la sociedad y necesariamente tiene que evolucionar con ella. Era preciso aportar una nueva sensibilidad porque, de no hacerlo, el fado habría acabado en los museos. Yo nací en Mozambique, pero no soy ni africana ni portuguesa; gracias a eso me he tomado más licencias y he cantado de una forma más desprejuiciada. Pero siempre lo he hecho desde la tradición; tengo una vocación contemporánea, pero los puristas del fado perciben mi respeto por la tradición y entienden lo que hago como una evolución de nuestra cultura.

-¿Qué le une y qué le diferencia de otras fadistas actuales como Misia, Dulce Pontes, Katia Guerreiro o Cristina Branco?

-No me une nada a ellas y me distinguen muchas cosas. Es complicado de responder, porque me concentro en mi trabajo y no suelo mirar a lo que hacen los demás. En los últimos años he estado girando por todo el mundo y no he prestado demasiada atención al panorama portugués. Respeto a todas ellas, pero la principal diferencia es que he logrado llegar a mucha más gente. Por su estilo y su canto, me gusta Aldina Duarte, pero, para hablar de fado, es imprescindible referirse también a hombres como Carlos do Carmo o Camané.

-Ambos van a participar junto a usted en 'Fados', la próxima película de Carlos Saura.

-Me siento muy afortunada por ello. Carlos Saura ha venido bastantes veces a Lisboa y ya ha empezado a trabajar en el proyecto con Carlos do Carmo, que para mí es el mayor cantante vivo de fados. Aunque no se sabe mucho, porque está siendo muy celoso del proyecto, estoy segura de que Saura va a hacer un trabajo magnífico, similar a lo que ha hecho con el flamenco. Va a ser muy importante para mostrar formas del fado que la gente desconoce.

-Su imagen moderna, digamos 'fashion', contrasta con la imagen que se tiene del fado tradicional.

-Mi imagen responde a mi personalidad. Si pretendiese tener una imagen de fadista tradicional, vistiendo de negro o así, no se correspondería con mi manera de ser. Hay gente que tiene una imagen preconcebida del fado como música triste o melancólica, y no es del todo cierto. También hay fados alegres que incorporan ritmos folclóricos lusitanos. El fado es una música que habla de los sentimientos personales, que están muy presentes en el espíritu portugués, pero hay muchos tópicos. La saudade está muy presente en ese espíritu, pero el fado es más que malencolía. También podemos hablar de la pasión, de la felicidad y de todo lo que forma parte de la vida, sin traicionar su espíritu.

-¿Es verdad que ya cantaba fados con cinco años?

-Sí, cuando aún tenía tres años vine a vivir con mi familia a Mouraria, uno de los barrios típicos de Lisboa, donde surgió el fado en el siglo XIX. Mis padres tenía una taberna restaurante y los domingos celebraban una tarde de fado a la que solía venir gente de todo tipo. Mi madre no quería que estuviera allí, porque había un ambiente muy cargado. No me dejaba salir, pero yo escuchaba detrás de la puerta. Casi no podía oír el sonido de la guitarra portuguesa, pero escuchaba con mucha atención y a los cinco años empecé a cantar aquellas canciones. Después, con el tiempo, empecé a cantar en pequeños locales de jazz y bossa nova, hasta que un día me invitaron a cantar fados en un restaurante y fue como si aquella pasión volviera a nacer en mí. Y desde entonces no he parado.

-Suele ser calificada como embajadora de la música de Portugal. ¿No supone demasiada responsabilidad?

-Es una de esas etiquetas que te adjudican cuando has tenido la suerte de cantar por todo el mundo. Yo no me veo así, pero considero un honor que haya gente que crea que he ayudado a divulgar la cultura portuguesa gracias a la música, que está por encima de culturas, religiones e ideologías.

Honor y compromiso

-De lo que sí ejerce es de embajadora de Unicef.

-Ese sí que es un cargo y una responsabilidad importante. Es una satisfacción que Naciones Unidas haya pensado en mí como embajadora de buena voluntad para la infancia. Nací en Mozambique, un país con una situación muy complicada, y durante años pensé cómo podía ayudar. Ahora tengo la oportunidad de llamar la atención, recordar a la gente que se pueden hacer más cosas que dar un donativo. Podemos contribuir a transmitir conciencia y ser más participativos donando libros o canalizando ayudas. No vamos a cambiar el mundo de un día para otro, pero podemos ayudar a hacerlo un poco mejor.

-Canta versos de Pessoa, Florbela Espança o Alexandre O' Neil. ¿Cuáles son sus fuentes literarias?

-Me interesa mucho la poesía portuguesa, tanto la clásica como la más actual. Leo habitualmente tanto a autores de comienzos del siglo XX como a escritores más jóvenes o contemporáneos. Me gusta adaptar poemas en los que me siento reflejada o recurrir a versos que me ayudan a transmitir lo que siento. Al componer y grabar, no puedo evitar dejarme llevar por el corazón, lo cual a veces es un problema, porque ralentiza las cosas.

-A Pessoa, precisamente, le canta en español junto al cantaor José Mercé. ¿Cómo surgió la grabación a dúo de 'Hay una música del pueblo'?

-Fue una propuesta de mi discográfica. Me preguntaron con quién me gustaría cantar a dúo y el suyo fue uno de los dos nombres que di. Conocía lo que había hecho por la renovación del flamenco y me apasionaba su voz, pero pensé que sería difícil. Cuando me lo confirmaron, me puse muy nerviosa y sólo pensaba en cómo sería su carácter, porque eso es lo principal para que un dúo funcione. Cuando José llegó al estudio con esa forma de sonreír que tiene, supe que funcionaría. Es una persona fantástica y tenemos una gran amistad.

-¿Conectan bien el flamenco y el fado?

-Sí, como ocurre con el blues, es una música prima hermana del fado. Tienen mucho que ver. Son músicas del pueblo, que nacen en barrios típicos, de la gente humilde y trabajadora. Ambas transmiten los sentimientos más hondos de la vida. Musicalmente, tienen conexiones tan grandes que parecen una misma cosa.

 

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