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GARCÍA MARTÍNEZ
 


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Ayunos a precio de oro

Texto: Cristina González / Fotos: Josele-Lanza / Marbella
12/05/2003


ASIDUA. Carmen Sevilla, cliente fija, junto a María Buchinger

EL comentario se repite una y otra vez: Pero ¿la gente paga 3.000 euros (medio millón de las desaparecidas pesetas) por estar dos semanas sin comer? Hay pocos que se resistan a hacer esta pregunta no exenta de razón. Ni tan siquiera los que se plantean ingresar en la clínica donde el ayuno se convierte en un lujo no apto para todos los bolsillos. A lo largo de los siglos esta práctica aparece relacionada con religiosos y guías de la humanidad como Buda, Mahoma o Gandhi.


Sean Connery o Cristina Onassis renovaron el cuerpo y el espíritu en sus jardines
La clínica Buchinger cumple tres décadas poniendo a raya los kilos de los famosos

La Clínica Buchinger de Marbella eleva la abstinencia a la categoría de terapia. Y la demanda es espectacular. El último paciente ilustre deja en mantilla a la galería de clientes con nombres y apellidos que han plantado cara a la báscula en sus instalaciones. Y no porque su fortuna supere a la de la desaparecida Cristina Onassis o porque su currículum sea tan abultado como el del 007 que más hizo suspirar a las féminas, Sean Connery, que también optaron por la ayunoterapia.

El paso de la cantante Chenoa, acunada por los brazos del exitoso Operación triunfo, ha roto todos los esquemas de vigilancia y seguridad de la clínica. Han sido 14 días. Dos semanas agotadoras para el numeroso personal. Acosados por los flashes de los paparazzi y por los zoom de las cámaras, el centro ha vuelto a la palestra con líneas y líneas en las revistas del corazón. Tener en sus habitaciones a la intérprete de nombre indio no es cualquier cosa. Chenoa se atrevió, como dice su canción más conocida, a no ingerir bocado durante dos semanas y sus caderas lo agradecieron.

Centímetros fuera

1. Otto Buchinger rodeado de los empleados de la primera clínica Buchinger, en Überlingen (Alemania). 2. El precursor de la ayunoterapia con su uniforme médico. 3. Otto Buchinger junto a su familia. Tuvo cuatro hijos y murió a los 88 años

Pero antes del talento canoro, decenas y decenas de personajes del colorín se han quitado a lo largo de los 30 años que lleva abierta centímetros de encima. Casi con un chasquido. Uno de los primeros en plantar el pie en la Buchinger (como la conocen sus asiduos) fue Sean Connery. La lista no se queda aquí.

La multimillonaria Cristina Onassis dejó a un lado su adicción a un conocido refresco. Al menos los días que se sometió a la terapia de ayuno. «Aquí no tomaba, porque las bebidas gaseosas están prohibidas», comentan sonrientes en la clínica. También está la galería de asiduos, impulsores de buena parte del renombre del centro. El escritor Mario Vargas Llosa aparca su vena sibarita y se dedica a ingerir líquidos religiosamente. No hay dolor. No falta ningún año a esta huelga de hambre voluntaria que dista mucho de la que abanderó Gandhi.

Hace el triple salto mortal y cumple estrictamente 21 días de pensión completa sin comida. El resultado: Siete kilos menos que no vienen mal para su organismo. La pastora más universal, la actriz Carmen Sevilla, también deja solas a sus ovejitas en mitad del campo para llenar con su gracejo cada estancia del hotel. No falla ningún verano.

Pero, ¿qué lleva a los famosos, y a los desconocidos que no tienen problemas para llegar a final de mes, a optar por este régimen drástico ideado por el desaparecido Otto Buchinger? «Mi padre siempre decía que cuando el hombre ayuna el cuerpo es feliz y el alma tiene hambre espiritual», explica María Buchinger, hija del médico alemán.

Espíritu joven

María tiene 86 años, aunque su espíritu parece no superar los 30. La fundadora de la clínica Buchinger de Marbella mantiene una figura envidiable y atesora una energía pasmosa. Habla y habla sin parar. Recuerda cada detalle. Guarda en su retina los momentos que vivió junto a su padre.

AYUNO CANINO. Los perros también se someten a la terapia de la abstinencia un día
a la semana

«Cuando era pequeña le preguntaba qué podía curar el ayuno y él siempre me decía: Pregúntame qué no puede curar». Lo llamaba la operación sin bisturí. Un tratamiento que Otto Buchinger descubrió casi por casualidad durante la Primera Guerra Mundial. Fue un camarada, profano en las terapias médicas, quien le animó a pasar tres semanas a base de líquidos para poner freno a una artrosis galopante.

Cuenta María, fiel seguidora de las doctrinas paternas, que después de 21 días la dolencia desapareció y después una colecistitis crónica. «Esa fue la experiencia de su vida y por eso estamos aquí», señala mientras toma un vaso de zumo. No faltan los escépticos que desconfían de las propiedades curativas del ayuno. Planteamientos enfrentados que no evitan que la clínica y el método que promulga tenga una legión de seguidores.

La historia, que parece recién sacada de cualquier betseller que se precie, continúa con una primera experiencia con pacientes en una localidad al norte de Alemania, en Bad Pyrmont. Pero el respaldo fue tal que la familia Buchinger decidió abrir en 1953 su primera clínica. Escogieron una ciudad: Überlingen, al sur del país, situada frente al lago Constanza.

El salto definitivo a España vino de la mano de María Buchinger y de su marido, cuando el precursor de la ayunoterapia ya había fallecido. En una escapada a Marbella descubrieron las bondades del clima y decidieron abrir un centro a imagen y semejanza del que ya llevaba dos décadas funcionando en Alemania. «Al principio no venía ningún español, pero poco a poco empezaron a llegar», recuerda la fundadora de este ‘balneario’ de la Milla de Oro.

Entremos en materia. ¿En qué consiste la terapia de ayuno que se pone en práctica en sus instalaciones? Lejos de lo que se puede pensar, el cuerpo sí ingiere algunas calorías pero no superan las 250. Zumos de fruta, caldos de verdura, infusiones, miel y otros complementos dietéticos.

REPOSO. Mario Vargas Llosa repite todos los años

El paciente tendrá que someterse el primer día a un análisis y a una entrevista rigurosa para ver si en su caso está indicada esta abstinencia o si se opta por una dieta hipocalórica, desde 600 calorías.

Los laxantes y el manganeso de sulfato harán buena parte del trabajo para depurar el organismo. «Antes los médicos decían que esto no era científico, que hacía daño, pero ahora se estudia en algunas facultades», apostilla orgullosa María Buchinger.

A la disciplina alimentaria se suma el ejercicio y las terapias de relajación. Entre sus paredes los clientes hacen yoga o tai-chi, salen a dar paseos por la playa, reciben masajes o se hacen unos largos en la piscina. «Cuando llegan aquí y se ponen el albornoz blanco ya se encuentran en paz», apunta la nieta del doctor, Jutta Rohrer, que en la actualidad dirige el centro junto a su marido.

Adiós a los malos humos

La lista de beneficios que aseguran tiene el método es innumerables. Tome nota: Si quiere dejar de fumar también tendrá facilidades porque por la Buchinger no asoman los cigarrillos. La nicotina está terminantemente prohibida dentro y si quieren dar unas caladas tienen que ir al parking. «Si no estás estresado es más fácil dejarlo», dice María. Más adicciones que se pueden aparcar. La del impertinente teléfono móvil que se ha convertido en una prolongación de la mano para media humanidad.

Los clientes de este paraíso del relax no pueden contar sus andanzas si no es por la línea analógica de toda la vida. La operadora de turno le dirá que el teléfono está apagado o fuera de cobertura. ¿El truco? Un aparato que distorsiona la señal de todas las compañías.
«La mayoría vienen porque no se encuentran bien –añade Jutta Rohrer– pero después se dan cuenta de que el ayuno es mucho más. Rejuvenecen». Como muestra, un botón. El escritor Mario Vargas Llosa aseguró en la fiesta del 25 aniversario: «Gracias al ayuno descubrí que el cuerpo es algo precioso que exige una cierta atención y una cierta mesura».

¿QUÉ COMEN?

Aunque ayunen, centran su casi testimonial alimentación en los líquidos.

  • Caldos: Una sopa con algún que otro tropezón de verduras despistado.

  • Infusiones: De todo tipo y con una cucharadita de miel.

  • Zumos: Los jugos naturales y frescos se convierten en imprescindibles durante los días de abstinencia reparadora.

  • Dieta de 600 calorías: Los organismos no aptos para ayunar se someten a regímenes hipocalóricos. Por la mañana toman una papilla de trigo, fruta y yogur, una pieza de fruta a media mañana, ensalada variada en el almuerzo con algunas verduras, pescado dos veces por semana y una cena de vegetales.


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