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MI MURCIA /
GARCÍA MARTÍNEZ
 


REPORTAJES

Hay que tener cara

Texto: Robert Basic
16/10/2003


ELLA. Aída es el último producto de la cantera de ‘GH’. / E. C.

¿Quiere usted salir en televisión? ¿Quiere ser el protagonista de un mundo con sabor a caramelo y olor a exceso? ¿Quiere que el universo catódico le catapulte al salón de la fama y la popularidad con la ley del mínimo esfuerzo? ¿Y que sea muy rápido? Tome nota: no estudie una carrera, jamás solicite prácticas en una empresa y ni se le ocurra apuntarse a una escuela de idiomas. Es un camino demasiado largo, poco alumbrado y sin garantías, la competencia ahoga y el éxito no depende siempre de la valía del aspirante.











Los programas de entretenimiento pagan fortunas para fichar a los personajes más agresivos y polémicos surgidos de los ‘reality shows’. Aída es la última en llegar

Para entrar en este medio, basta con matricularse en Gran hermano y sacar a relucir los más bajos instintos y el carácter más conflictivo. De la noche a la mañana, uno se transforma en un monstruo mediático creado por la factoría de los sueños; un gancho de primer orden del que se nutren las cadenas y lo convierten en un elemento clave en la batalla por la audiencia.

Enrique García Huete carece del complejo Frankenstein. El responsable del equipo de psicólogos clínicos de Gran hermano afirma: «Nosotros no creamos freaks. El programa brinda la posibilidad a unas personas de mostrarse como monstruos o como ángeles, pero los personajes no los fabricamos nosotros, ellos ya vienen hechos».

El último producto mediático de la cantera de Guadalix de la Sierra lleva la etiqueta de label y se llama Aída Nízar. Polémica y deslenguada, de carácter fuerte y ramalazos divinos, la vallisoletana ha necesitado tan sólo siete días para ser expulsada, y otros tantos para convertir este fracaso en jugosos contratos televisivos. Dueña de frases tan célebres como «Soy un Ferrari, pero hay que saberme llevar» y «Dios me ha hecho diferente, me ha hecho Aída», ha sabido aprovechar su momento y subirse al tren de las tendencias.

«Hasta ahora –explica García Huete– han pasado por GH más de 50 personas. ¿Y quiénes trabajan en televisión? Seis o siete, los más impulsivos y los más emocionables. La gente que ha sido más afable, más amable y que no ha querido entrar en el juego del enfrentamiento ha salido de las cadenas».

–¿Se premia la agresividad frente a la nobleza y la preparación?
–Exacto. Hablamos de personas impulsivas, fuertes, firmes, asertivas y con ganas de estar en este mundo. Y están ahí porque hay una demanda. Lo que no se puede decir es que dentro de la casa haya gente demente. Aída, por ejemplo. Es extrovertida, con una valoración excesiva de sí misma, un ego abultado y una autoestima enorme. Pero esto no quiere decir que tenga una patología; ella es así.

Dinero a raudales

«El problema principal es que la sociedad de la información se está transformando en la sociedad del espectáculo», argumenta José Javier Esparza, crítico de televisión.
«Ciudadanos sin más mérito que su desinhibida facundia pueden cobrar celebridad únicamente por ese motivo. Esto puede ser éticamente reprobable, pero no es en sí mismo criminal». El columnista desaprueba también el hecho de que «los profesionales del show invoquen los derechos del periodista, que en rigor no les corresponden, porque no hablan de cosas de importancia pública, sino de higadillos privados».

La respuesta a la abultada proliferación de los llamados freaks mediáticos mantiene una aterciopelada relación con el dinero. Algunos ejemplos: acudir a Salsa rosa para desnudar el alma durante 30-40 minutos o discutir con un antiguo amor puede proporcionar unos ingresos superiores a los 12.000 euros (más de dos millones de las antiguas pesetas). La nómina de los colaboradores de Crónicas se columpia entre los 1.500 euros (250.000 pesetas) y los 3.600 euros (600.000 pesetas) por noche. ¿Qué dice la cuenta de la vieja?
Que si un ex gran hermano acude dos veces a la semana al plató de Crónicas y visita una vez al mes Salsa rosa puede embolsarse cerca de 30.000 euros mensuales (cinco millones de pesetas). Todo ello en menos de siete horas de trabajo.

José Antonio Marina, filósofo y escritor, califica de «espectáculo detestable» la televisión actual. «La tele crea un tipo de adicción que viene a decir que cualquier programa es mejor que nada». Marina, que se define como «detective cultural», precisa que «en estos momentos vivimos un preocupante descenso del nivel mental y las posturas son faltas de toda crítica».

–¿Y qué solución propone?
–Hay que volver a la aristocracia moral. No es lo mismo una persona que se interesa por la vida de los demás que una que alberga unos valores radicalmente opuestos. La gente disfruta cuando un tío se baja los pantalones en directo, así que debemos hacer el elogio de la distancia; una nación se caracteriza por aquellas personas a las que concede prestigio.

LOS ROSTROS DE LA TELEVISIÓN ACTUAL

MARTA LÓPEZ

«Soy rápida, cañera y tengo buenas salidas»

Marta López ya es toda una veterana en Crónicas marcianas. Lleva tres años en la mesa galáctica de Javier Sardá y tira del dicho «amor-odio» para describir su relación con el medio en el que se mueve. «Yo no voy al plató a discutir, pero la gente va a por mí y entonces tengo que responder. Disfruto mucho en este mundo, pero algunas veces he salido llorando del programa», se sincera.

López –que fue uno de los primeros valores de la cantera Guadalix– tiene muy claro por qué tiene una silla con su nombre en Crónicas. «Mira, soy rápida, cañera, tengo buenas salidas y a Javier Sardá le gusta mi forma de ver las cosas».

–¿Se considera un monstruo televisivo?
–Para nada. Yo soy Marta y punto. Estuve en la casa de Gran hermano y me llamaron para trabajar en un programa de televisión. Nada más, no me considero ningún monstruo. Y quiero dejar bien clara una cosa: estamos donde estamos porque la gente quiere vernos. Lo que sí me parece mal es que haya personas que van por ahí diciendo con quién se han acostado.

La ex inquilina del chalé más visto de España no cree que se premie la agresividad en la televisión actual. «Hay muchas cadenas y muchos espacios en los que no se discute. Nosotros, por contra, sí lo hacemos; y no pasa nada».

–¿Y no tiene miedo de quedarse fuera?
–No, pero lo echaría de menos. En Crónicas marcianas nos hacen contratos trimestrales y yo siempre pienso que es el último. ¿Que si se gana bien? Lo suficiente, no me puedo quejar.

KIKO HERNÁNDEZ

«Se premia lo que el público quiere ver»

Kiko Hernández, colaborador habitual de Crónicas marcianas y tertuliano de A tu lado, recurre a términos pasteleros y a la metáfora para ahondar en el significado que para él tiene la televisión. «Este mundo es una gran tarta y hay para todos. Gran hermano, por ejemplo, te da la oportunidad de hacerte popular y luego depende de ti: o vales o no vales». Ni la universidad, ni la carrera de periodismo. Kiko considera que «para estar en el plató con Javier Sardá tienes que tener mucha personalidad y no mentir. Yo lo vivo apasionadamente, plasmo mis opiniones y me lo paso genial siempre que salgo al plató. Discutir no me cansa».

«¿Que si me considero un monstruo televisivo? No, no. Puede que sea feo como un monstruo pero no soy la creación de nadie. Ahora bien, sí creo que soy un ‘freak’ a lo grande. Es más, todos los que nos movemos en este mundo lo somos. Lo que ocurre es que yo me lo tomo bien y me resbalan las críticas, hasta me ponen cachondo. Fíjate, tengo el baño empapelado con las páginas de un periódico que no hace más que meterse conmigo».

Según este ex concursante de GH, la polémica que se ha levantado en torno a la telebasura no tiene razón de ser. «La audiencia es la que nos legitima; algo haremos bien para que nos llamen de tantos programas. Lo que pretendo decir es que no se puede tachar de telebasura un espacio con tantos seguidores. ¿Que por qué no? Porque estarías llamando a mucha gente espectadores basura. Hay que comprender de una vez por todas que se premia lo que el público quiere ver».

RAQUEL MORILLAS

«En la tele se trabaja poco y se gana mucho»

Sus respuestas son contundentes y claras. Parece estar muy segura de lo que dice, no esquiva las preguntas comprometidas y tiñe sus declaraciones de argumentos y buen humor. Raquel Morillas es otra de los ex concursantes de Gran hermano que han encontrado el cobijo mediático en la nave de Javier Sardá. «Para estar en un programa como Crónicas marcianas tienes que tener muy poca vergüenza, mucho morro, decir lo primero que se te viene a la cabeza y dar caña», argumenta.

–¿Se considera un monstruo televisivo?
–En absoluto. ¿Por qué cree que estamos en Crónicas? Porque valemos. Entramos en Gran hermano y sabíamos lo que eso implicaba. Eras consciente de que te llamarían de programas y de que si lo hacías bien te quedabas, y si no, a la calle. No me siento para nada un monstruo.

Raquel considera, en contra de lo que opina Marta, que la televisión de hoy «sí premia la agresividad». Puntualiza, no obstante, que es algo que se vive «todos los días» y que es la moda que «se lleva ahora mismo». Y cuando se le pregunta si le asusta quedarse fuera de este mundo, responde de inmediato: «Claro que me asusta, se trabaja poco y se gana mucho».

«¿Quiere saber lo que me parece fatal?», concluye. «Que haya personajillos que se dedican a ir a las televisiones para proclamar que se han acostado con Jesulín. Eso sí es lamentable».

COTO MATAMOROS

La estela de Coto

Fue Coto Matamoros, el antiguo hostelero «innovador» que se atrevió con un bar temático de fútbol, quien sentó cátedra de comentarista chulo y transgresor en el caliente plató de Crónicas marcianas. Creó escuela, se labró una imagen de flagelador dialéctico y su caché se disparó por las nubes. Ahora todos quieren ser como él. Los cachorros que emergieron del mundo de Gran hermano le respetan e incluso mimetizan su conducta y su modus operandi.

Si en Crónicas el sueldo base es de 1.500 euros por noche, Matamoros se distingue por ser uno de los colaboradores que más cobran por desmenuzar las miserias de la «vida social». Su nómina, según fuentes relacionadas con el gremio, podría rondar los 3.600 euros por capítulo y al final del mes las ganancias se acercarían a los 30.000 euros (cinco millones de pesetas). Libros, obras de teatro y charlas conforman otras vías de ingreso de este controvertido tertuliano.

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