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REPORTAJES

Las primeras elecciones

Texto: R. Gorriarán / S. Olmo
17/06/2002


De izquierda a derecha, Jordi Pujol, Leopoldo Calvo Sotelo y Adolfo Suárez

Las elecciones del 15 de junio de 1977 fueron la piedra angular sobre la que descansó la transición. El resultado fue el idóneo para elaborar la Constitución del consenso que dio cuerpo al Estado de Derecho. El ganador, UCD, no obtuvo la mayoría absoluta y, por tanto, tuvo que pactar; el PSOE, segunda fuerza, logró un resultado inesperado; el franquismo reconvertido en Alianza Popular no desapareció, pero casi; el PCE superó a los vestigios del régimen, pero no recibió el premio que creyó merecer; los nacionalismos vasco y catalán resurgieron con vigor.

El 15 de junio se cumplieron 25 años de la celebración de los primeros comicios democráticos, que llevaron a las urnas a ocho de cada diez españoles tras 40 años de dictadura

Aquel domingo de junio fue un día caluroso en el que los españoles demostraron que, pese al miedo, querían votar. El silencio de 40 años de dictadura dio paso a un guirigay ensordecedor. Habían transcurrido 46 años sin que los ciudadanos pudieran elegir un Parlamento y fueron pocos los que se quedaron en casa: la participación alcanzó un techo histórico y llegó casi al 79%.

El temor, sin embargo, persistía. Una encuesta de aquel año reveló que sólo el 4% de los españoles decía estar interesado por la política, mientras que el 70 no mostraba la menor curiosidad. Aquel recelo no se correspondía con la filiación ideológica; el 10% de los ciudadanos se confesaba de derecha, el 42 de centro, el 44% de izquierda y el 4 restante de extrema izquierda.

En este marco, los partidos se lanzaron a una campaña electoral de la que desconocían casi todo, aunque la ilusión por la libertad recién estrenada suplió la inexperiencia. La Unión de Centro Democrático saltó a la arena con un lema que no escondía que su único capital era su líder: ‘Vote centro, vote Suárez, vote libertad’.

Los socialistas escogieron un innovador «La libertad está en tu mano»; la AP de Manuel Fraga eligió «España, lo único importante», y el PCE por un didáctico «votar comunista es votar democracia».

La campaña fue apasionante, y los mítines, multitudinarios. Más de 20.000 actos se celebraron en poco más de un mes. Dentro del calor general, quizás los de la UCD fueran los más desangelados fruto de la ausencia de su líder. Suárez interpretó que su papel institucional de presidente no se correspondía con la participación en aquellos actos, y limitó su proselitismo a intervenciones televisivas.

Felipe González, todavía un líder emergente, desplegó una actividad agotadora: en 21 días, 50 mítines. Con escasa infraestructura –dos coches y un equipo de cuatro personas– recorrió el país con un discurso que era un alegato por la libertad. Los actos socialistas, como los del PCE, estuvieron revestidos de una gran carga emotiva: atronaba el canto de La Internacional, los más veteranos lloraban y la concurrencia era un mar de banderas rojas, alguna republicana y puños cerrados al viento.

El retorno de Dolores Ibárruri, La Pasionaria, a Madrid fue el no va más de la campaña del PCE. Su primer mitin en la capital fue uno de los momentos más emblemáticos de aquellos intensos días. Los comunistas recuperaron sus iconos de la cárcel y el exilio, una decisión que no fue la más acertada por todo lo que significaba de regreso al pasado y que ahuyentó a un sector del electorado que prefirió dar su voto al mensaje nuevo del PSOE.

Auge del nacionalismo
Fraga también tuvo sus días de gloria con recintos abarrotados ante los que los aliancistas hablaban de futuro sin renegar del pasado y desplegaban un discurso en defensa de la unidad de España y de alerta de los peligros del comunismo. Los cuatro grandes, sin embargo, no eran los únicas formaciones que concurrieron a los comicios. El Partido Socialista Popular de Enrique Tierno Galván también movilizó riadas de simpatizantes.

Los nacionalistas vascos, aglutinados en el PNV y en menor medida en Euskadiko Ezkerra, mostraron un vigor inesperado tras 40 años de dictadura. Menos contundente fue el respaldo del nacionalismo catalán con la candidatura del Pacte Democratic per Catalunya, que ya tenía a Jordi Pujol al timón, pero fue el embrión de lo que sería después la hegemónica Convergencia i Unió. Las elecciones, además, fueron una prueba incontrovertible del entusiasmo por participar en el juego democrático.

PARLAMENTARIOS CON SOLERA

13 DIPUTADOS 'INCOMBUSTIBLES'

Felipe González: Se presentó como ‘número uno’ por Madrid. De jefe de la oposición pasó a ser presidente en las siguientes 4 legislaturas. Mantiene su escaño, aunque casi no aparece por el Congreso.

Alfonso Guerra: Salió elegido por Sevilla. Durante años fue la mano derecha de González. Actualmente está en un segundo plano.

Luis de Grandes: Elegido por UCD. Actualmente es un valor en alza dentro del PP.

Jaime Blanco: Diputado socialista por Cantabria, su carrera ha declinado en los últimos años.

‘Txiki’ Benegas: Llegó al Congreso, pero pronto regresó al País Vasco para ser consejero de Interior. Mantiene su acta por Vizcaya.

Gabriel Cisneros: Formó parte de la lista de UCD. Hoy en día es diputado por Zaragoza del PP.

Álvaro Lapuerta: Encabezó la lista de AP en La Rioja. Actualmente ocupa su escaño por Madrid.

Manuel Marín: Llegó al Parlamento con 28 años por el PSOE. Los analistas le auguran un buen futuro dentro de este partido.

Carlos Navarrete: Ha sido diputado socialista en todas las legislaturas.

José Rivas: Salió diputado por UCD. Actualmente pertenece al PP.

Carlos Sanjuán: También ha sido parlamentario socialista en todas las legislaturas.

Luis Yáñez: Resultó elegido por Badajoz y ahora lo es por Sevilla. Pertenece al PSOE y es un diputado muy discreto.

Soledad Becerril: En 1981, con UCD se convirtió en la primera mujer que fue ministro. Es diputada del PP por Sevilla y vicepresidenta tercera del Congreso.

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