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REPORTAJES

El último bufón

Texto: O.I. Belategui
19/01/2005


HUMORISTA. Oscar Nebreda, editor de ‘El Jueves’. / L. A. GÓMEZ

El 27 de mayo de 1977 amaneció en los quioscos el primer número de El Jueves. «España va de culo» proclamaba su portada, con un trasero dividido entre la derecha y la izquierda. Hace unas semanas, 1.437 números después, la revista de humor más longeva pedía «un poquito de por favor». La caricatura de Fernando Tejero, el portero de Aquí no hay quien viva, daba la espalda a una pelea entre ministros, diputados y mandamases autonómicos. «Treinta años después, los políticos siguen sin aclararse. Lo que a nosotros nos viene de coña», constata Oscar Nebreda, editor de El Jueves y padre de una de sus criaturas más celebradas, el profesor Cojonciano.

Oscar Nebreda, editor de ‘El Jueves’, lleva treinta años dibujando la historia
de España a pie de calle en la única revista europea de humor en activo

Nebreda es ahora uno de los pocos cincuentones que sobrevive entre tebeos de superhéroes y mangas japoneses. Desaparecidos todos los semanarios de humor en el resto de Europa –Punch, Hara Kiri, Pardon, Private Eye…–, ellos sostienen una publicación que no sólo sobrevive, sino que goza de envidiable salud. «Será porque los otros países se han normalizado y ya no necesitan la figura del bufón», aventura Nebreda. «El precio que pagan es el aburrimiento».

El Jueves ha cumplido más de un cuarto de siglo convirtiendo su sede barcelonesa en una «hemeroteca alternativa». Un notario cachondo que ha dado fe de la historia a pie de calle. «Si necesitas saber de qué se hablaba en 1983, acude a nosotros. En un periódico encontrarás sesudos titulares sobre los Presupuestos Generales del Estado y la política exterior, que a la gente le importan tres cojones. Hacemos la misma función que las películas de Ozores: son horrorosas, pero reflejan cómo era la vida entonces. Somos esos testimonios gráficos. Pero en bueno, ¿eh? Por algo llevamos 27 años en los quioscos».

Venden de 80.000 a 90.000 ejemplares cada semana. 200.000 si sacan un extra de portada impactante. Y pueden meterse con quien quieran porque no dependen de nadie. «No debemos un duro a los bancos. Y no recibimos ofertas porque nadie nos quiere. Quizá porque no estamos en Madrid y ya se sabe: si eres puta en Madrid te conoce todo el mundo, pero en Barcelona…».

Lejos quedan los tiempos en que dos policías en la puerta protegían la redacción tras una amenaza de bomba y, a media mañana, venían otros dos a clausurarla por orden del juez. José Luis Martín se pasó cuatro años en libertad condicional por La Biblia contada a los pasotas. Nebreda cerró El Papus cuando lo voló la ultraderecha. Hoy no temen ofender por las consecuencias legales, aunque les preocupa «herir susceptibilidades».

Cabrear al rey

¿Es El Jueves una revista políticamente correcta? ¡Si hasta ha desaparecido la chica desnuda de las páginas centrales! «Lo somos», reconoce Nebreda, quien tiene como credo profesional contrastar «siempre» las noticias. «No hacemos bromas de enfermos terminales, defectos físicos, ni terrorismo». Por ejemplo, aunque El Jueves palpe en la calle «un sentimiento de hartazgo contra los emigrantes», no lo reflejará en chistes sobre pateras.

Con una tira semanal titulada La Reina y yo, no es de extrañar que la Casa Real les pida caricaturas para desconcierto de estos presuntos azotes del Poder. «Llega una carta con el sello real… y resulta que te dan las gracias. Me entristece, porque el bufón debe cabrear al rey, a la autoridad. Ya no hay querellas ni matones, vale. Pero empiezas a dudar de tu función cuando en democracia se pierde la capacidad de tocar las pelotas».

«Estamos condenados a la extinción»

El profesor Cojonciano nació para instruir sobre sexualidad a los españolitos de la Transición. Y acabó convirtiéndose en sociólogo, la profesión frustrada de Oscar Nebreda. «Me fascina el comportamiento humano. Mis historias tienen éxito porque están bien contadas y la gente las entiende. Aunque no se reconozcan. Hablo de los colgados por el último modelo de móvil y dicen: ‘Es verdad. Mi cuñado es así de burro’. ¡Si tú haces lo mismo, gilipollas!».

Es el mismo sentido de la observación que nutre los monólogos de tanto comediante catódico. «Ese humor blanco me satura. Echo de menos los monólogos políticos de Darío Fo, explicando por qué nos hemos adocenado y ya no tenemos mala leche». Nebreda no entiende que su hijo de 29 años, «educado en el ni Dios ni amo», no se moleste en votar. «Debe ser que yo vengo del franquismo. Vivo cabreado».

El dibujante tiene un indicador clave de esa apatía. «Cuando un país está en ebullición, surgen chistes. Y hace tres o cuatro años que no se crean de modo espontáneo». Y es que El Jueves, y con él España, ha pasado de mofarse de Adolfo Suárez a Dinio. «La sociedad no demanda que seamos sangrientos porque está aborregada viendo gentuza en Crónicas Marcianas. Los humoristas gráficos de periódicos estamos condenados a la extinción».

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