La gran mayoría de los divorcios tienen
consecuencias traumáticas para la pareja y también
para sus hijos. Si bien evitar el daño emocional
a los niños resulta una tarea casi imposible,
los padres pueden mitigarlo si les explican de forma
correcta qué supone la separación y si
les dejan muy claro que ellos no tienen nada que ver
con la ruptura y que no van a ser abandonados. Mentir
y ocultar la próxima marcha del padre o la madre
de casa puede tener repercusiones muy negativas en el
posterior comportamiento del menor, que puede llegar
a culparse de lo sucedido o albergar falsas esperanzas
sobre una eventual reconciliación.
Los padres que van a separarse
deben decírselo a los hijos para
no crear falsas expectativas de reconciliación
y evitar la sensación de abandono
Los expertos sostienen que la forma en que los padres
comunican el divorcio a sus hijos resulta determinante
para que la aclimatación a una situación
tan complicada sea lo menos dolorosa posible. Si un
niño no ha sido informado con antelación
y de repente deja de ver a su padre o a su madre, su
primera reacción puede ser imprevisible. «Luego
pensará que ha hecho algo que no ha gustado al
padre o a la madre y que esa es la razón por
la que se ha ido. O culpará de lo sucedido al
miembro de la pareja que se quede con él en la
vivienda», advierte Carmen Godoy, doctora en Psicología
y profesora del departamento de Personalidad, Evaluación
y Tratamientos Psicológicos de la Universidad
de Murcia.
Esta experta, autora junto a la también doctora
en Psicología Encarna Fernández del libro
El niño ante el divorcio, subraya que cada caso
es diferente y que, en ocasiones, la relación
de pareja está tan deteriorada que hace imposible
que los cónyuges se pongan de acuerdo para informar
de la separación a sus hijos. Sin embargo, y
como norma general, las especialistas resaltan la importancia
de que sean los dos integrantes del matrimonio quienes
digan conjuntamente a los niños que han decidido
dejar de convivir. «Los menores tienen que tener
muy claro que tanto la madre y el padre van a seguir
ejerciendo sus roles de siempre y que, por tanto, no
van a perder a ninguno de los dos», subraya Godoy.
En la práctica, no resulta tan sencillo. A veces
los niños reciben la información demasiado
tarde y se tienen que enfrentar súbitamente a
una realidad a la que no encuentran explicación.
Además, en muchas ocasiones, el impacto emocional
de un divorcio no se acaba con la firma de los papeles,
sino que se prolonga en el tiempo con conflictos relacionados
con la pensión alimenticia o con el régimen
de visitas. En este supuesto, los hijos escuchan casi
todos los días reproches entre la pareja y algunos
asumen por error que tienen que renunciar al padre o
a la madre para evitar estas descalificaciones verbales.
De mutuo acuerdo
La
asimilación social del divorcio como algo natural
ha favorecido en España el incremento de las
separaciones consensuadas frente a las contenciosas.
Según los datos oficiales, en 2000 rompieron
su vínculo matrimonial más de 38.000 parejas;
de ellas, más de 20.000 lo hicieron de mutuo
acuerdo, lo que, a priori, consolida los vínculos
de los niños con el padre que se queda y también
con el que se va. «Es difícil que no hayamos
vivido una separación más o menos cercana
a lo largo de nuestra vida, pero no por frecuente pasa
a ser un hecho trivial». «En muchos casos
resaltan las psicólogas llega a marcar
seriamente la vida de adultos y niños durante
años o para siempre».
El divorcio es un factor estresante para los hijos y
les genera una gran inseguridad personal. Una separación
no anunciada o el llamado divorcio emocional los
padres siguen viviendo juntos a pesar de que ya no se
quieren pueden hacer que un niño alegre
esté todo el día triste, que uno muy abierto
se cierre a los demás o que uno despierto esté
casi siempre ensimismado.
Situaciones de «alto riesgo»
para los hijos
I. O. / Murcia
Las autoras de El niño ante el divorcio alertan
del «alto riesgo» que supone para los hijos
determinados comportamientos de los padres una vez que
han adoptado la decisión de separarse. Hacer
como que el otro miembro de la pareja no existe, cuestionar
su forma de vida, usar al niño para espiar al
otro o incluso como confidente son actitudes que pueden
suponer la aparición de «alteraciones psicológicas»
en la infancia y desequilibrios en el desarrollo emocional
de los menores afectados.
Niño espía El padre o la madre lo utiliza
para conocer la nueva vida del otro
Las expertas subrayan que saber del ex cónyuge
a través de los hijos «es uno de los errores
que más frecuentemente» cometen las parejas
ya separadas. «Esta curiosidad lleva a preguntas
para conocer qué hacen y qué lugares visitan
o qué personas nuevas han conocido y si papá
o mamá tiene novio o novia». El niño
se encuentra entonces ante «un conflicto de lealtad».
«Si no contesta, desagrada a uno de sus padres
y, si lo hace, sabe que sus respuestas provocarán
un enfrentamiento entre ellos».
Niño dividido Los padres sienten la necesidad
de negar la existencia del otro
Culminada la ruptura, «son muchos» los padres
que intentan borrar todo recuerdo de su anterior pareja.
Para ello, no le nombran y se ignoran acontecimientos
relevantes vividos por el hijo durante su estancia con
él o ella. En este caso, las preguntas no existen.
Algunos niños «aprenden a llevar una doble
vida; saben que cuando están con uno, no deben
existir signos o muestras de la relación con
el otro y esta situación les fuerza a vivir en
una realidad dividida. Con frecuencia, la negación
del otro progenitor se extiende a su familia.
Niño colchón Soporta descalificaciones de un progenitor
contra el otro y calla
Este término se utiliza para describir al menor
que intenta amortiguar el conflicto entre sus padres.
Según las psicólogas Encarna Fernández
y Carmen Godoy, este niño soporta desvalorizaciones
de un progenitor contra el otro y «en ningún
momento los delata a pesar de que es consciente de la
realidad en la que vive». Al contrario, intenta
amortiguar las descalificaciones y, si es necesario,
«mentirá o se responsabilizará él
mismo» de las actuaciones paternas o maternas.
Niño hipermaduro Ve sufrir a sus padres y hace como
que la separación no le ha afectado
Hay niños que cuando ven sufrir a sus padres
se angustian tanto que «aparentan que la noticia
de la separación no les afecta». «Creen
que sus padres sufrirán más si los ven
preocupados y por eso oculta lo que piensan».
El problema, subrayan las expertas, es que los padres
asimilen esa actitud como una demostración de
la madurez de sus hijos.
Niño confidente Los padres le cuentan sus problemas
más íntimos de pareja
«Algunos niños han sido utilizados como
confidentes de pareja por uno de los padres»,
afirman las especialistas en el libro. En este caso,
al hijo «se le hace depositario de confidencias,
a veces de infidelidades, y de detalles de vivencias
íntimas». Las psicólogas creen que
«muchas veces» estas confidencias buscan
«dañar la imagen» del otro progenitor
o se utiliza al niño como una figura de apoyo
emocional. «Ambas situaciones son graves».