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GARCÍA MARTÍNEZ
 


REPORTAJES

Los niños del divorcio

Texto: Iván Orio / Murcia
21/01/2003


La gran mayoría de los divorcios tienen consecuencias traumáticas para la pareja y también para sus hijos. Si bien evitar el daño emocional a los niños resulta una tarea casi imposible, los padres pueden mitigarlo si les explican de forma correcta qué supone la separación y si les dejan muy claro que ellos no tienen nada que ver con la ruptura y que no van a ser abandonados. Mentir y ocultar la próxima marcha del padre o la madre de casa puede tener repercusiones muy negativas en el posterior comportamiento del menor, que puede llegar a culparse de lo sucedido o albergar falsas esperanzas sobre una eventual reconciliación.


Los padres que van a separarse deben decírselo a los hijos para no crear falsas expectativas de reconciliación y evitar la sensación de abandono

Los expertos sostienen que la forma en que los padres comunican el divorcio a sus hijos resulta determinante para que la aclimatación a una situación tan complicada sea lo menos dolorosa posible. Si un niño no ha sido informado con antelación y de repente deja de ver a su padre o a su madre, su primera reacción puede ser imprevisible. «Luego pensará que ha hecho algo que no ha gustado al padre o a la madre y que esa es la razón por la que se ha ido. O culpará de lo sucedido al miembro de la pareja que se quede con él en la vivienda», advierte Carmen Godoy, doctora en Psicología y profesora del departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos de la Universidad de Murcia.

Esta experta, autora junto a la también doctora en Psicología Encarna Fernández del libro El niño ante el divorcio, subraya que cada caso es diferente y que, en ocasiones, la relación de pareja está tan deteriorada que hace imposible que los cónyuges se pongan de acuerdo para informar de la separación a sus hijos. Sin embargo, y como norma general, las especialistas resaltan la importancia de que sean los dos integrantes del matrimonio quienes digan conjuntamente a los niños que han decidido dejar de convivir. «Los menores tienen que tener muy claro que tanto la madre y el padre van a seguir ejerciendo sus roles de siempre y que, por tanto, no van a perder a ninguno de los dos», subraya Godoy.
En la práctica, no resulta tan sencillo. A veces los niños reciben la información demasiado tarde y se tienen que enfrentar súbitamente a una realidad a la que no encuentran explicación. Además, en muchas ocasiones, el impacto emocional de un divorcio no se acaba con la firma de los papeles, sino que se prolonga en el tiempo con conflictos relacionados con la pensión alimenticia o con el régimen de visitas. En este supuesto, los hijos escuchan casi todos los días reproches entre la pareja y algunos asumen por error que tienen que renunciar al padre o a la madre para evitar estas descalificaciones verbales.

De mutuo acuerdo

La asimilación social del divorcio como algo natural ha favorecido en España el incremento de las separaciones consensuadas frente a las contenciosas. Según los datos oficiales, en 2000 rompieron su vínculo matrimonial más de 38.000 parejas; de ellas, más de 20.000 lo hicieron de mutuo acuerdo, lo que, a priori, consolida los vínculos de los niños con el padre que se queda y también con el que se va. «Es difícil que no hayamos vivido una separación más o menos cercana a lo largo de nuestra vida, pero no por frecuente pasa a ser un hecho trivial». «En muchos casos –resaltan las psicólogas– llega a marcar seriamente la vida de adultos y niños durante años o para siempre».

El divorcio es un factor estresante para los hijos y les genera una gran inseguridad personal. Una separación no anunciada o el llamado divorcio emocional –los padres siguen viviendo juntos a pesar de que ya no se quieren– pueden hacer que un niño alegre esté todo el día triste, que uno muy abierto se cierre a los demás o que uno despierto esté casi siempre ensimismado.

Situaciones de «alto riesgo» para los hijos

I. O. / Murcia

Las autoras de El niño ante el divorcio alertan del «alto riesgo» que supone para los hijos determinados comportamientos de los padres una vez que han adoptado la decisión de separarse. Hacer como que el otro miembro de la pareja no existe, cuestionar su forma de vida, usar al niño para espiar al otro o incluso como confidente son actitudes que pueden suponer la aparición de «alteraciones psicológicas» en la infancia y desequilibrios en el desarrollo emocional de los menores afectados.

Niño espía
El padre o la madre lo utiliza
para conocer la nueva vida del otro


Las expertas subrayan que saber del ex cónyuge a través de los hijos «es uno de los errores que más frecuentemente» cometen las parejas ya separadas. «Esta curiosidad lleva a preguntas para conocer qué hacen y qué lugares visitan o qué personas nuevas han conocido y si papá o mamá tiene novio o novia». El niño se encuentra entonces ante «un conflicto de lealtad». «Si no contesta, desagrada a uno de sus padres y, si lo hace, sabe que sus respuestas provocarán un enfrentamiento entre ellos».

Niño dividido
Los padres sienten la necesidad
de negar la existencia del otro


Culminada la ruptura, «son muchos» los padres que intentan borrar todo recuerdo de su anterior pareja. Para ello, no le nombran y se ignoran acontecimientos relevantes vividos por el hijo durante su estancia con él o ella. En este caso, las preguntas no existen. Algunos niños «aprenden a llevar una doble vida; saben que cuando están con uno, no deben existir signos o muestras de la relación con el otro y esta situación les fuerza a vivir en una realidad dividida. Con frecuencia, la negación del otro progenitor se extiende a su familia.

Niño colchón
Soporta descalificaciones de un progenitor
contra el otro y calla


Este término se utiliza para describir al menor que intenta amortiguar el conflicto entre sus padres. Según las psicólogas Encarna Fernández y Carmen Godoy, este niño soporta desvalorizaciones de un progenitor contra el otro y «en ningún momento los delata a pesar de que es consciente de la realidad en la que vive». Al contrario, intenta amortiguar las descalificaciones y, si es necesario, «mentirá o se responsabilizará él mismo» de las actuaciones paternas o maternas.

Niño hipermaduro
Ve sufrir a sus padres y hace como
que la separación no le ha afectado


Hay niños que cuando ven sufrir a sus padres se angustian tanto que «aparentan que la noticia de la separación no les afecta». «Creen que sus padres sufrirán más si los ven preocupados y por eso oculta lo que piensan». El problema, subrayan las expertas, es que los padres asimilen esa actitud como una demostración de la madurez de sus hijos.

Niño confidente
Los padres le cuentan sus problemas
más íntimos de pareja


«Algunos niños han sido utilizados como confidentes de pareja por uno de los padres», afirman las especialistas en el libro. En este caso, al hijo «se le hace depositario de confidencias, a veces de infidelidades, y de detalles de vivencias íntimas». Las psicólogas creen que «muchas veces» estas confidencias buscan «dañar la imagen» del otro progenitor o se utiliza al niño como una figura de apoyo emocional. «Ambas situaciones son graves».

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