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REPORTAJES

Yo fui un Rolling Stone

Texto: Enrique Viñuela / La Verdad
23/06/2003


Mick Jagger, Keith Richards, Brian Jones y Bill Wyman

Bill Wyman, bajista de los Rolling Stones, plasmó en un diario personal, durante 30 años, el día a día de la banda de rock más famosa de la historia. Durante ese tiempo (1962-1991), el músico reunió además un archivo de fotos, reseñas de prensa y todo tipo de recuerdos que hoy supone la documentación más exhaustiva que existe del grupo. Un testimonio directo desde las entrañas de una banda esencial y que ayer se publicó en España en forma de un libro único: Rolling with the Stones (Grijalbo Mondadori). Esta edición coincide prácticamente con la llegada de los Stones, que el próximo 5 de agosto recalarán en el campo de Les Foietes de Benidorm.

Durante 30 años, Bill Wyman plasmó en un diario su vida en la banda de rock más famosa del mundo. Un testimonio único que ahora, con motivo de la gira ‘Forty Licks Tour’, sale a la luz en España

Ilustrado con más de 3.000 fotografías, muchas de ellas inéditas, De gira con los Stones muestra en sus páginas la cara desconocida de un mito que se resiste a desaparecer. Desde los años de escuela en el sur de Londres hasta la subida al trono del negocio musical coronados como sus satánicas majestades. Años de excesos y polémicas, sueños cumplidos y, también, grandes decepciones. Un viaje en primera clase –en jet privado tapizado de cocaína– con el grupo que dio el tiro de gracia al orden y la moral victoriana a ritmo de rock and roll. Palabra de Stone.

El nacimiento de un mito

«En julio de 1961, Mick (Jagger) obtuvo una plaza en la Escuela de Economía de Londres. Un mes después de comenzar las clases se encontró con Keith (Richards) en la estación de tren de Dartford. Mick llevaba bajo el brazo unos discos de rythm&blues importados de Chicago y Nueva York. Tomaron el tren y hablaron sobre Chuck Berry (...). Acordaron citarse de nuevo para escuchar los discos de cada uno». Aquel encuentro, narra Wyman, fue el germen de los Rolling Stones.

A finales de agosto de 1962, Jagger, Richards y un joven guitarrista llamado Brian Jones –«era la primera persona a la que oía tocar la guitarra eléctrica; Mick y yo pensamos que era increíble», rememora Keith– abandonan el hogar paterno y se instalan en «un horrible piso» del barrio londinense de Chelsea con la intención de formar una banda de blues. «Cuando salí de Dartford, mi pueblo natal tuve la corazonada de que nunca regresaría», relata Richards.

«Cinco monos irreverentes»

El club Marquee de Londres acogió el concierto inaugural de los Stones. Fue la noche del 12 de julio de 1962. Jagger recuerda los duros comienzos de la banda: «A nuestra primera actuación en el Earling Jazz Club sólo asistieron seis personas. Hacía tanto frío que tocamos con los abrigos puestos».

Su actitud salvaje sobre los escenarios corrió de boca en boca entre los aficionados de la capital. La prensa, escandalizada, puso el grito en el cielo. Tras un concierto, el Daily Mirror publicó la siguiente crónica: «Era como un ritual (...). Las cabezas se agitaban violentamente; los pies golpeaban de forma tribal, con las manos marcando el ritmo. Parecía una reunión evangelista en el profundo Sur estadounidense». Veredicto: «Son una amenaza para la ley y el orden, y el resultado de su laringitis y sus ademanes sexuales es desviar la atención de la Policía de los robos de bancos y los asesinatos cometidos por la chusma que ellos generan».

Un periódico de provincias iba más allá: «Cinco monos irreverentes perpetran terribles atrocidades musicales». Y el periodista Leslie Wilson describe el ‘shock’ que supuso la primera aparición televisiva de los Stones: «Cuando Mick Jagger comenzó a cantar I wanna be your man miles de madres temblaron y pusieron a sus hijas de cara a la pared».

Plumeros en la cabeza

AQUELLOS AÑOS. En 1962 nació el grupo de rock and roll más famoso de todos los tiempos

No sólo su música despertó indignación. Su estética fue objeto de mofa en más de una ocasión. Bill Wyman recoge en el libro las siguientes perlas aparecidas en los rotativos: «Cinco jóvenes con unos pelos que hacían parecer calvos a los Beatles» (The Leicester Mercury); «Sus cabezas parecen cuencos llenos de pelos. Recuerde, millones de adolescentes podrían terminar pareciéndose a ellos» (Daily Sketch); «Parecen prófugos de una barbería» (Evening Telegraph).

Su imagen no tardó en ser imitada por miles de jóvenes, lo que creó una alarma social que alcanzó tintes surrealistas cuando las autoridades solicitaron la opinión de la Federación Nacional de Peluqueros. Su presidente, Wallace Snowcroft, declaró: «Cortarse el pelo como a uno le de la gana es la garantía para ser una estrella del pop. Los Stones son los peores. Uno de ellos parece que lleva un plumero en la cabeza».

¡Cómo han cambiado las cosas desde entonces! Ya lo advirtió en 1963 el artista pop inglés Peter Blake, autor de la célebre portada del álbum de los Beatles Sergeant Peppers: «En el año 2000, los Rolling Stones resultarán tan adorables como ositos de peluche». Profecía cumplida.

«Brian Jones era el alma del grupo»

E. Viñuela / La Verdad

«¿Por dónde empezar? Podría hablar de mí mismo, ya que soy el mayor, o acaso de Keith, el más joven de los primeros Rolling Stones. Pero creo que debo mencionar a Brian, ya que nosotros fuimos un parto de su ingenio y fue él quien nos puso el nombre. Él fue la fuerza que impulsó a nuestro conjunto en sus primeros días. Brian fue el primer Rolling Stone». Bill Wyman comienza su relato cediendo el protagonismo a Brian Jones, guitarrista y alma mater de la banda hasta su prematura muerte.

Brian Jones

A finales de los 60, Jones, al igual que el resto de los Stones, coqueteaba peligrosamente con las drogas, una adicción que le ocasionó más de una visita a los juzgados. Agotado física y emocionalmente por las largas giras y cada vez más distanciado de los postulados musicales impuestos por Jagger y Richards –«su estilo basado en el blues ya no era con el que nos identificábamos», reconoce Wyman–, Brian decidió abandonar el grupo el 10 de junio de 1969.

Tres semanas después, «un día húmedo y nublado», el músico apareció muerto, hundido en el fondo de la piscina de su granja. Janet Lawson, su enfermera, se encontraba con él y recuerda que «sobre las diez y media de la noche, Brian quiso darse un baño en la piscina. Había estado bebiendo y andaba un poco tambaleante. No estaba en condiciones de nadar, pero no me hizo caso».

Wyman sólo guarda palabras de cariño para el «sensible» y «débil» Brian: «Tenía estilo y era, probablemente, mejor músico natural que todos los demás juntos (...). Éramos la banda de Brian y sin él nuestro pequeño grupo de blues no se hubiese convertido en el mayor grupo de rock and roll del mundo (...). Aunque los Rolling Stones nos hicieron de alguna manera daño a todos nosotros, Brian fue el único que murió».

La revista estadounidense Rolling Stone publicó el mejor epitafio posible: «Si Keith y Mick eran la mente y el cuerpo de los Stones, Brian era claramente el alma».


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