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REPORTAJES

El enemigo es mi padre

Texto: G. Olea / La Verdad
23/09/2002


Arresto. E.N.G. conmocionó a la sociedad por el supuesto apuñalamiento de sus dos hijos. / Efe

¿Uno de cada mil? ¿Uno de cada setecientos? ¿Uno de cada quinientos? Es difícil cuantificar a las víctimas del maltrato infantil cuando la agresión, la amenaza, se produce dentro de las cuatro paredes que constituyen el hogar y el agresor está imbuido de la autoridad del padre o la madre. Los niños, como las mujeres maltratadas, saben lo que es sufrir en silencio y disimular los golpes recibidos como accidentes.
Dicen los pediatras, las instituciones y los psicólogos que se ha avanzado mucho en estos años, que hay más denuncias y una mayor atención por parte de educadores y médicos, pero, paradójicamente, la cifra de menores muertos aumenta: nueve en 1997, doce en 1999, diecinueve en 2001, una decena en lo que llevamos de año. El número de denuncias crece también, aunque de forma más suave: 1.900 en 1997; 2.150 en 1999, y 2.200 el pasado año.

Los últimos episodios de maltrato infantil sacan a la luz un fenómeno que afecta a miles de niños, aunque sólo se denuncia un 25% de los casos

Y casi siempre es en el domicilio particular, a resguardo de miradas inoportunas. Y casi siempre es de la mano de los padres, seres adultos que, en su inmensa mayoría, padecieron idénticas atrocidades cuando eran niños. El caso más reciente, el de los dos menores apuñalados por su progenitor en Valencia. «Pensaba que mi mujer podía estar con otra persona», dijo el sospechoso a su abogado.

«Ojalá salgan a la luz más casos porque hay más conciencia, pero los datos objetivos invitan al desánimo». José Sanmartín es el director del Centro Reina Sofía para el estudio de la violencia y lleva años analizando este problema que afecta a las bases mismas de la sociedad y la convivencia.

Sanmartín repasa los datos del último informe de la entidad, asentada en Valencia, y admite que el aumento del número de menores muertos le hace ser pesimista. «Hay más conciencia, pero la violencia extrema, la que mata, no deja de crecer», reconoce.

Degradación

Francisca González, presunta asesina de dos de sus hijos en Murcia

¿Y el niño maltratado? «O aguanta porque no puede huir o huye», asegura Gonzalo Oliván, del Servicio de Pediatría del Gobierno aragonés. Muchos de los adolescentes que se fugan tratan de escapar del maltrato que, como el mal en general, tiene muchos rostros: golpes, negligencia, acoso sexual, presión psicológica… «El niño maltratado es un maltratador potencial y, tarde o temprano, tendrá abierta la puerta de la delincuencia», advierte Oliván.
En un paso más de la degradación, el menor tiende a sentirse culpable, a justificar la violencia que sufre. «Callan y resulta difícil convencerles de que ellos no son responsables de lo que les sucede», afirma el pediatra valenciano Javier Soriano. El silencio de los niños impide conocer el alcance de un drama cotidiano para miles de menores en España, pues algunos expertos aventuran que sólo sale a la luz en torno al 25% de los casos.

Menores, mujeres y mayores de 50 años han sido desde siempre sometidos al dominio de quienes conviven con ellos, de las personas de tendencia agresiva que carecen de barreras para detenerla; de los psicópatas incluso. Son seres indefensos que pagan con golpes sus errores o la ira ciega de quien ostenta la fuerza. Las instituciones han asumido que es preciso prevenir y, en el caso de que esto no baste, sacar a la víctima del ambiente infernal.

El despliegue de servicios asistenciales desde el inicio de la democracia y la mejor disposición de médicos y profesores ha ayudado a detectar casos, «pero no es suficiente», se lamenta Juan Luis López, de la oficina del Defensor del Menor de Andalucía. «Se hace poca prevención y hay muchos casos», asegura tras admitir que la legislación es buena o mala en función de los resultados y de los medios que se ponen a su disposición. Y en España no bastan.

Soluciones globales

«Lo que debe preocupar son los hechos de los barrios y la situación en la que vive la gente: desempleo, educación, criminalidad…», concluye. «Faltan centros especializados, locales que cuiden a los niños durante el día si la madre trabaja, instituciones que acojan a los que son objeto de tratos vejatorios», insiste Amelia López, presidenta de de la Asociación Valenciana para la Prevención del Maltrato Infantil.

Entierro de una niña en Almería

«La solución debe ser global, hay que prestar una mayor atención a los barrios marginados y al nuevo fenómeno de la ‘feminización de la pobreza’: el porcentaje de mujeres pobres es mayor», añade Javier Soriano. Amelia López apunta otra causa para que se disparen los casos de violencia extrema: el creciente papel de la mujer en la sociedad y la pérdida de autoridad por parte del varón. «El hombre ve cómo se disuelve su poder y carga, bien contra los hijos, bien contra su esposa. Se está detectando un comportamiento más agresivo porque la mujer empieza a ser libre», dice Amelia López.

El padre es responsable, casi siempre, de la violencia de índole físico o sexual, los aspectos más dramáticos y visibles de este fenómeno, mientras que la mujer suele ejercer un acoso psíquico sobre sus descendientes. La utilización del menor para «obtener beneficios psicológicos», señala Gonzalo Oliván, es uno de los aspectos menos conocidos del maltrato infantil.

Es el propósito del denominado síndrome de Munchausen, que afecta a la mujer, capaz entonces de simular o provocar enfermedades en el menor, al que somete a un peregrinaje de médicos y hospitales «para que el marido esté más pendiente de ella».

«Han desaparecido las redes sociales –familia tradicional, vecinos–, la gente tiende a vivir en el anonimato y se echan de menos los factores que inhiban al agresor», sostiene Javier Soriano, autor de varios trabajos sobre el maltrato al menor. El pediatra cree que esa violencia «es consecuencia del escaso valor que dan los adultos al niño» y advierte, a continuación, que este fenómeno «se da en todas las clases sociales, sin excepción».

LOS SÍNTOMAS
  • Miedo: el menor muestra temor hacia sus padres.
  • Recelos: se vuelve cauteloso respecto al contacto físico con adultos.
  • Cambios: prefiere entablar relación con otros adultos o se adapta fácilmente a un internado.
  • Educación: suele fracasar en sus estudios
  • Personalidad: es tímido, apático y asustadizo.
  • Reacción: puede reaccionar de forma agresiva o desafiante.
  • Autoestima: tiene una mala imagen de sí mismo.

El círculo del dolor

G. O.

Sin estudios, sin empleo, sin una vivienda que garantice espacios de privacidad para los miembros de la familia… El perfil del adulto que maltrata a sus hijos está generalmente lastrado por problemas económicos y sociales y, a menudo, por el consumo de sustancias tóxicas como el alcohol u otro tipo de drogas. «Es un combinado horrible que, a menudo, tiende a perpetuarse en las siguientes generaciones», asegura José Sanmartín. Además, las estadísticas sostienen que dos de cada diez mujeres agredidas maltratan a su vez a los niños, en una cadena sin fin.

«Si no vas a la escuela –añade el director del centro Reina Sofía–, no aprendes a autocontrolarte y careces del hábito de relación social, con lo que se fortalece el riesgo de que recurras a la violencia en tu trato con los demás».

«El maltrato se cocina en la familia y el entorno del niño tiene que estar preparado para detectarlo», subraya Gonzalo Oliván. Por eso, «unos padres no tienen que tomarse a mal que el médico recele por sistema de las lesiones de su hijo. Sé que sienta mal que sospechen de ti, pero las cosas irán mejor en este campo cuando asumamos como normales las dudas del personal sanitario». Son muchos los avances en esta materia y el diagnóstico facultativo se ha convertido en la mejor herramienta para diferenciar un accidente de lo que es, a todas luces, una agresión, concluyen los pediatras.

MIREIA PAGÉS / ABOGADA Y AUTORA DE "HIJOS Y DIVORCIO"

«Los hijos se convierten en un arma arrojadiza en una ruptura»

Consejos. La abogada Mireia Pagés. / Viçens Giménez

G. O.

Mireia Pagés ha publicado un libro en el que trata de aconsejar a los padres en vías de separación cómo deben actuar con sus hijos, con el fin de que un proceso traumático no cause un daño añadido a los menores. En Hijos y divorcio (Ed. Martínez Roca), Pagés plantea unas fórmulas para que la «batalla judicial» no salpique a los niños.

–¿Qué se encuentra una abogada cuando una pareja decide romper?
–Hay gente que lo lleva muy bien, de forma civilizada. Pero otros, en cambio, se pelean por la custodia, por el régimen de visitas, las pensiones… La custodia suele ser un tema complicado, aunque a veces te encuentras con padres que no quieren quedarse con los hijos.

–¿Qué papel desempeñan los niños en los problemas de sus padres?
–Suelen ser un arma arrojadiza, incluso antes de separarse. Como están tensos entre ellos, prestan menos atención al niño o le riñen más; lo utilizan para presionar a su pareja o, simplemente, como intermediario de sus relaciones.

–Esa actitud denota una dosis de egoísmo muy preocupante.
–Exacto. Cuando la pareja se separa, su situación les obnubila tanto que, a pesar de que quieran mucho a sus hijos, las dos partes están tan pendientes de su futuro que se olvidan de ellos. Y éstos deberían estar antes que sus problemas sentimentales.

–¿Cómo reaccionan los niños?
–Las niñas son más pasivas: intentan portarse bien en casa o minimizan los roces entre los padres. Los niños, en cambio, tienden a comportarse de forma agresiva y lo exteriorizan portándose mal en casa o maltratando a sus compañeros. Los pequeños tienen problemas de sueño o les cuesta más comer.

–El maltrato es el desenlace extremo de la ruptura.

–Son los casos más terribles, lo peor de la ruptura de la pareja. No hay una receta para los casos de separación, aunque es necesario partir de la premisa de que, en esta sociedad, si uno quiere abandonar a su pareja, lo hará. Los cónyuges pueden hablar entre ellos y, si no son capaces, deben buscar un mediador que les ponga de acuerdo en los asuntos básicos de la separación. Y si ni siquiera entonces pueden hablarse, entonces deben entrar los abogados y los tribunales. Yo prefiero la vía pactada, aunque a veces el acuerdo no es posible. Y eso es arriesgado, porque se judicializa al niño e irrumpen los equipos sociales, los psicólogos, para determinar las pensiones o el régimen de visitas. El niño tiene que comparecer en el juzgado y es fatal.

–¿No se puede humanizar este proceso, evitar que el niño reviva en el tribunal lo que ha pasado en casa?
–Se intenta que el niño no vaya a juicio y, de hecho, sólo llegan a los tribunales en los casos graves. Por ejemplo, que uno de los padres maltrate al menor en los días de visita. La instancia judicial intenta humanizar al máximo la situación que rodea a los niños y sólo se llega a este extremo cuando no hay más remedio. Pero el primer paso para evitar esto lo deben dar los padres, y se producen casos en los que uno de los adultos rechaza dialogar, y no hay más remedio que dar paso al aparato judicial.

–La legislación española, ¿defiende suficientemente a los menores?

–Sí, es protectora, aunque tendría que ser más rigurosa en el tema de las pensiones, pues suele haber dificultades para que se cobren. Sobre todo, en el caso de las personas que trabajan como autónomas y no tienen bienes. Hacienda y el Banco de España tienen que proporcionar la información y, en mi opinión, no colaboran todo lo que podrían. Además, la penalidad de este tipo de delitos no se aplica con el rigor debido.

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