PINCHAZO.
Una niña norteamericana llora de dolor.
/ AP
Es peor el remedio que la enfermedad? ¿Siguen
siendo necesarias las vacunas ahora que casi han desaparecido
de nuestro entorno la mayoría de las enfermedades
que combaten? ¿Qué influencia tienen los
laboratorios farmacéuticos sobre las campañas
de vacunación? El debate es relativamente nuevo
en España, donde la vacunación infantil
es un gran éxito: en Andalucía están
vacunados el 95% de los niños. Pero en otros
lugares la negativa de algunos padres a vacunar a sus
hijos contra enfermedades infecciosas como el sarampión,
la tosferina o la polio agobia a las autoridades. El
caso más llamativo es el británico: la
cobertura vacunal ha bajado del 91% al 80% en
Londres, al 68% en cinco años.
El movimiento que considera
las vacunas peligrosas e inútiles
es incipiente en España, pero preocupa
a varios países europeos que temen
brotes de enfermedades ya superadas
El movimiento antivacunación es casi tan antiguo
como las propias vacunas: ya en el siglo XIX médicos
alemanes firmaron un manifiesto contra la vacuna de
la viruela. Hoy lo asumen, básicamente, dos tipos
de colectivos: por un lado, grupos religiosos integristas
tanto musulmanes como cristianos y, por
otro, usuarios y profesionales de la medicina naturista
y homeopática.
En Estados Unidos, la vacunación es obligatoria
y quienes objetan por motivos religiosos y filosóficos,
en algunos estados deben hacerlo por escrito.
Esto permite saber que apenas representan el 1% de la
población. En España, se trata de un programa
voluntario, por lo que es imposible saber si detrás
de un niño sin vacunar hay un problema de dejadez
y marginación o un rechazo religioso algunos
fundamentalistas sostienen que las vacunas son «impuras»
o filosófico.
El discurso de la medicina natural y homeopática
se fundamenta en algunas ideas clave. Una, que las vacunas
no son necesarias, porque protegen contra enfermedades
que ya apenas existen en nuestro entorno. Dos, que no
son eficaces, y si las enfermedades infecciosas casi
han desaparecido es porque el estado de salud de la
población ha mejorado. Tres, que estos fármacos
causan alergias y graves efectos secundarios. Cuatro,
que las enfermedades infecciosas no son malas, y la
inmunidad natural que se logra cuando se han pasado
es mejor que la artificial inducida por un pinchazo.
Y cinco, que las afirmaciones anteriores son demostrables...
pero aún no han podido ser demostradas porque
los fabricantes presionan a médicos y autoridades
sanitarias para que la verdad no se conozca.
¿SON NECESARIAS?
Niños sanos y pescadillas
La homeópata Ana Celia López Teruel asegura
que la mayoría de las vacunas incluidas en el
actual calendario vacunal son «superfluas»,
porque las enfermedades contra las que protegen apenas
causan daño a una población en general
bien alimentada y con buena salud: «A diferencia
de la alopatía o la industria farmacéutica,
la homeopatía no considera las enfermedades infecciosas
como causadas por un enemigo externo, virus y bacterias
a los que hay que bombardear para lograr la salud. El
propio Pasteur, que descubrió los microbios,
lo dijo: lo importante es el terreno, es decir, cómo
nos defendemos. Y nuestra capacidad de respuesta depende
de nuestro estado de salud, que a la vez depende de
nuestro estado interno, tanto físico como emocional,
y de nuestro entorno: alimentación, higiene,
clima, familia, nivel social...».
«La polio puede tener consecuencias muy graves
señala. El riesgo existe y es real,
pero a partir de ahí se ha hecho una montaña,
invocando el miedo de los padres. Algunas vacunas tienen
justificación en momentos y lugares concretos,
pero estamos en contra de las campañas masivas».
De manera muy distinta lo ve Juan Laguna, jefe del servicio
de Epidemiología de la Delegación de Salud
de Granada. «Cuando hay una enfermedad grave,
que está matando niños como ocurrió
hace cinco años con la meningitis meningocócica
o hace cincuenta con la difteria o la polio, los
padres reclaman a gritos una vacuna. Cuando la vacuna
se instaura, pasan veinte años y la enfermedad
desaparece, cuando ya no hay niños con polio,
con difteria, casi no hay niños con tosferina...
entonces es cuando surgen movimientos de padres y profesionales
que dicen: Bueno, ¿y por qué vamos
a vacunar de una enfermedad que ya no hay?».
«Pero el razonamiento advierte el epidemiólogo
es falso. Es una pescadilla que se muerde la cola: no
hay sarampión porque la mayoría de los
niños están vacunados de sarampión».
En este sentido, recuerda que esta infección,
que está prácticamente eliminada en lugares
con alta cobertura vacunal, como España o EE
UU, existe en países con una parte importante
de la población sin vacunar, como Alemania o
Italia. «En Holanda, donde hay minorías
religiosas que se oponen a la vacunación, está
habiendo en los últimos años epidemia
de sarampión, con enfermedad y con muerte»,
asegura.
Laguna acepta que la enfermedad no afecta a todos igual:
«En un país pobre, donde los niños
están desnutridos, sin defensas, el sarampión
puede matar a uno de cada cien niños, cien veces
más que en Europa. Pero un niño europeo
con sarampión también puede tener una
otitis, una neumonía o una encefalitis».
Laguna también admite que es discutible la utilidad
de vacunar de rubéola a los varones, teniendo
en cuenta que esta enfermedad eruptiva es benigna y
su peor consecuencia es que produce malformaciones fetales
en mujeres embarazadas. Sin embargo, defiende el sistema
actual por la mayor accesibilidad de los bebés
y los escolares. Si las chicas tuvieran que hacerse
un análisis de sangre para ver si han pasado
la rubeola y tienen anticuerpos al llegar a la edad
fértil, como hace unos años, seguro que
alguna «se escaparía».
¿SON EFICACES?
Propaganda falsa, tosferina real
«Me ha llegado muchísima propaganda, pero
yo no he visto nunca un estudio de eficacia de vacunas
en el que se tengan en cuenta otros factores que han
contribuido a la disminución de la incidencia
de enfermedades infecciosas asegura la médica
homeópata. La mayoría de estos estudios
consideran a las vacunas como el único factor
determinante, y tanto las estadísticas sociales
como el sentido común nos hacen ver que esto
no es así. Con el aumento del bienestar social,
la sociedad deja de padecer infecciones y aumentan las
enfermedades degenerativas». Para López,
esos estudios deberían tener en cuenta factores
como el nivel de vida, la alimentación, la higiene
e incluso las guerras y la pobreza, que deprimen el
sistema inmunitario de los individuos y, por tanto,
favorecen las epidemias.
Pinchazo. Una niña norteamericana llora de dolor.
/ APEsta médica acude a un caso concreto para
poner en cuestión la eficacia de la vacuna: el
brote de paperas de hace tres años, que afectó
tanto a niños vacunados como no vacunados. Según
ella, sus pacientes infantiles no inmunizados «pasaron
unas paperas más leves» que los otros,
a los que «les duró más».
Sin embargo, la ineficacia de esa vacuna no llevó
a las autoridades sanitarias a revisar sus criterios:
«La respuesta fue que no estaban suficientemente
inmunizados y al año siguiente aumentaron la
vacuna».
Sobre este caso, la jefa de Salud Pública de
Granada, Isabel Marín, resalta que el problema
se dio en toda Europa, debido a que la cepa utilizada
por un laboratorio suizo no era lo bastante potente
en su capacidad de inducir la creación de anticuerpos.
«Esa vacuna se retiró del mercado y ahora
se administra otra con una cepa más potente»,
afirma. En todo caso, Juan Laguna reconoce que la eficacia
de las vacunas nunca llega al 100%: oscila entre el
80% de las de tosferina o paperas y el 90-95% de la
del sarampión. Y añade: «Se sabe
por experiencia que el niño vacunado sufre la
enfermedad de forma más leve que el no vacunado».
En general, afirma, la eficacia de las vacunas se demuestra
por tres vías. La primera es la coincidencia
en el tiempo entre la introducción de estos fármacos
y la desaparición de las enfermedades en todo
el mundo. La segunda es el estudio de las epidemias:
se detecta que los no vacunados caen enfermos antes
y en mayor proporción que los vacunados.
Y la tercera, apunta Laguna, es la experiencia de países
donde, al caer la cobertura vacunal en momentos de crisis
de credibilidad de estas sustancias. Ocurrió
en los años setenta en Reino Unido, Suecia y
Japón con la vacuna de la tosferina. «Algunos
profesionales sanitarios exageraron sus efectos colaterales:
decían que producía encefalitis. Los padres,
preocupados, dejaron de vacunar a sus hijos y entonces
volvió la tosferina y volvieron los niños
ingresados y los niños muertos».
¿SON PELIGROSAS?
Los riesgos etéreos y la vista
gorda
Juan Laguna admite que las vacunas tienen riesgos. «Unos
son etéreos, no demostrados: que la vacuna disminuye
la inmunidad, que es mejor pasar la enfermedad... Otros
son ciertos, pero están muy bien registrados
por médicos y epidemiólogos y constan
en la bibliografía científica».
Entre los efectos leves, cita «dolor local o inflamación»
o «fiebre y exantema suave» (pintitas rojas
en la piel) que sufren entre un 5% y un 10% de los niños
vacunados de sarampión. En cuanto a los graves,
asegura, son «rarísimos», pero no
hay consenso sobre su frecuencia: «Por ejemplo,
la vacuna del sarampión tiene un riesgo de encefalitis
de uno por millón; pero ésa es la misma
frecuencia que tiene un niño no vacunado».
Este es uno de los capítulos favoritos de los
detractores de las vacunas, a las que atribuyen innumerables
reacciones negativas, desde alergias a los conservantes
que contienen hasta la muerte, pasando por autismo,
encefalitis, meningitis, convulsiones, neuritis, asma
o infecciones de repetición. Algunos sectores,
por ejemplo, acusan a la vacuna de la polio de ser la
causante de todos los casos de polio que se dan en la
actualidad.
¿SON ARTIFICIALES?
Ser feliz protege y Dios quizá
existe
Los detractores de la vacunación masiva están
convencidos de que estos fármacos alteran el
sistema inmunitario de los niños y pueden tener
efectos a largo plazo. «El sistema inmunológico
de un recién nacido es inmaduro pero pluripotencial:
está programado para madurar según los
contactos con bacterias y virus que va teniendo el niño
a lo largo de su vida explica Ana López
Teruel, que duda de la conveniencia de la inyección
de hepatitis B a los bebés. ¿Qué
efecto a medio y largo plazo puede tener que tú
le modules una inmunidad específica en una dirección
determinada? ¿La merma? ¿La distorsiona?
No lo sabemos. Estamos dando palos de ciego. Pero habría
que preguntarse sobre el origen de tantos enfermos alérgicos».
«La polio aparece donde hay miseria, donde la
gente vive hacinada, sin higiene y también sin
esperanza. Si el niño está feliz, en un
entorno equilibrado... eso ya es garantía de
salud», asegura.
Los homeópatas creen que la enfermedad puede
ser positiva, al inducir una inmunidad «mejor»
que la que provoca la inyección. «Los niños
tienen que pasar las enfermedades eruptivas. Son crisis
agudas de las cuales suelen salir algunos centímetros
más altos», afirma la médica.
«Se habla con mucha alegría dice
Juan Laguna. Contra la convicción de que
es mejor pasar la enfermedad porque la inmunidad se
refuerza y es positivo a largo plazo, es imposible discutir.
Es como discutir si Dios existe: no lo puedes demostrar».
¿NOS MANIPULAN?
El que paga manda o la ética científica
Otro de los temas recurrentes del movimiento antivacunas
es la omnipotencia de los laboratorios farmacéuticos,
a los que se atribuyen todo tipo de maniobras para tratar
de ocultar los efectos adversos de las vacunas y su
supuesta ineficacia. Entre ellas destacan las «generosas»
inversiones en la financiación de estudios de
evaluación, la organización de congresos
y la subvención a publicaciones. La homeópata
granadina denuncia «manipulación informativa».
Y pone como ejemplo un número del Boletín
Terapéutico del Servicio Andaluz de Salud que
comenta la incidencia de tosferina en Inglaterra entre
1977 y 1979, cuando cayó la cobertura vacunal:
compara el número de complicaciones de la vacuna
por cada 100.000 habitantes con el número de
complicaciones de la enfermedad por cada 100.000 contagiados,
lo cual hace parecer enorme este último dato
y puede llevar a error al lector poco avisado. Juan
Laguna es tajante: manipula quien lanza mensajes alarmistas
sin soporte científico (en Internet los hay a
miles). «Los laboratorios pagan la investigación
previa a la puesta en el mercado, para comprobar que
la vacuna es eficaz y no tiene riesgos indica.
Pero a partir de que la vacuna está en el mercado,
investigan los epidemiólogos, los funcionarios
de salud pública, los científicos de la
universidad».
Laguna recuerda que los datos registrados sobre los
efectos adversos de las vacunas han llevado a retirar
algunas, como la primera del sarampión en España
o la del rotavirus en EE UU. El último ejemplo
es la de la polio: hasta ahora se administraba la vacuna
de «virus vivos» por vía oral, que
produce un caso de parálisis por cada millón
de niños, y a partir de este año se pone
la dosis inyectada de «virus muertos», capaz
de inducir la producción de anticuerpos, pero
no la enfermedad.