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GARCÍA MARTÍNEZ
 


REPORTAJES
Son de oro

Texto: Miguel Pérez
25/02/2002


José María Mainat (izquierda) y Tony Cruz (segundo por la derecha) posan con Nina, Lozano y los ganadores de ‘Operación Triunfo’

De cómo una productora que se gestó en un cuartito de TV-3 –donde La Trinca preparaba la emisión de No passa resi– ha pasado en quince años a facturar siete millones de euros y reinar en el sector audiovisual español saben mucho los colaboradores de Tony Cruz y los hermanos Mainat. Dice la periodista Margarita Rivière, que ejerció de guionista en sus primeros programas: «Son muy trabajadores, listos y divertidísimos». Añade Mayra Gómez Kemp, presentadora de formatos Gestmusic como Luna de Miel: «Tienen un gran respeto por todo el mundo, desde la señora que barre hasta la primera estrella».

«Yo tenía prisa porque mi madre estaba muy enferma en EE UU y debía tomar el avión. De pronto, estalló un foco y el plató se llenó de cristales. Los Mainat, Tony y todo el equipo cogieron escobas y se pusieron a barrer», recuerda Mayra Gómez

Y precisa el showman de Crónicas Marcianas Boris Izaguirre: «José María y Tony han pertenecido al escenario y comprenden lo que significa la familia teatral. Joan Ramón posee una mente televisiva que funciona como un ordenador de última generación. Forman un equipo perfecto. Además, Tony es como una mezcla de Marilyn Monroe y James Stewart».

Para comprender tal mestizaje entre Vidas rebeldes y Qué bello es vivir –cruce que, en realidad, define bastante acertadamente los argumentos del triunfo de Gestmusic–, es necesario acudir a Canet de Mar, uno de esos pueblos que nadie sabe si hacen historia o la historia les ha hecho a ellos, pero que disfrutan de una biografía y exudan una personalidad tan serena, que tampoco nadie se sorprendería si un día decide descolgarse del mapa y echar a andar por su cuenta. Situado al norte de Barcelona, entre Areyns y Calella, nació de un castillo. Santa Florentina. A ella se acogieron los vecinos del Maresme entre los siglos V y XI para defenderse de los piratas. Hoy, la fortaleza la habita una condesa y ha conocido la voz de Ainhoa Arteta en los festivales de verano.

También Canet de Mar alumbró a Lluis Domenech i Montaner, el arquitecto nacido en el siglo XIX que dejó en herencia un amplio número de muestras del modernismo catalán. Su casa es hoy el museo. Orgullosos de su pasado, los caneter son discretos y, esencialmente, buena gente. Por eso, los productores de oro españoles siguen ocupando las mismas viviendas familiares de su infancia. O el locutor Javier Sardá pasea con calma por sus calles, mientras Els Comediants, que instaló allí su base en 1975, prepara la función que ofrecerá el domingo a los vecinos. Como sucede todas las semanas desde hace años. Y que ningún caneter olvide al actor Ovidi Montllor, quien también pasó gran parte de su vida bajo aquella luz mediterránea.

«Una buena familia»
«Sí, aquí viven y han vivido artistas desde el inicio de la ‘cancó’, así que estamos acostumbrados. ¿Por qué? Posiblemente, porque no les avasallamos. Les admiramos, pero no les molestamos», explica el dueño de un restaurante que, en base a esa bandera, pide ocultar su nombre. «Somos muy apacibles, pero también inquietos. Vivimos los setenta, todos los movimientos culturales… hasta ahora», subraya otra vecina de esta localidad, cuya economía se nutre en buena medida del cultivo del fresón, el sector textil y el turismo.

Los propietarios de Gestmusic han rebasado la cincuentena, pero es fácil imaginar al niño José María tarareando una melodía desde lo alto de una tapia que actúa de balcón frente al oleaje. Y a su hermano Joan Ramón sentado en la mesa de la cocina ordenando en cuartillas proyectos futuros. «Los Mainat nacieron aquí. Una buena familia. De chaval, José ya iba cantando por la calle, a lo suyo. A Joan le gusta pasar desapercibido, es la cabeza que no para. Pero los dos estaban siempre con sus chistes», rememoran los caneter.

Los padres de Tony Cruz llegaron a este municipio cuando él rondaba los 14 años. Enseguida congenió con los adolescentes Mainat, según cita la historia oficial –y oficiosa– de estos personajes. Unidos por su afición a la música, José María y Tony fundaron The Blue Cabrits, de cuyo espíritu da fe su canción Twist sepulcral. Se les veía venir. Más tarde, crearían Enfants Terribles y The Vikings con Miguel Ángel Pascual, un amigo de la Universidad. Pasodobles, temas populares, versiones de Elvis, Beatles… Operación Triunfo en la plaza del pueblo. Al final, La Trinca. «Eran los reyes de las fiestas mayores en Cataluña. Formaban parte del grupo de cantantes de la transición y hacían temas irónicos, con mucha gracia, que daban la vuelta a la música popular», señala Margarita Rivière.
La Trinca muestra su cara empresarial en 1987: Gestmusic (hoy, en realidad, Gestmusic-Endemol). Pilar Miró ve su programa No passa resi y les ficha para Televisión Española.
Pascual abandona posteriormente por problemas de salud. Joan Ramón entra en el grupo y aporta su experiencia televisiva. «Es un renovador del medio». La combinación funciona: Tony y José aprenden los secretos de la cámara; Joan, el alma del artista. Ayuda su «enorme complicidad. Se llevan muy bien –desvela Mayra Gómez Kemp–, hasta el punto de que uno comienza una frase y el otro la continúa».

Y eso se aprecia. La Trinca se mueve a sus anchas en el tubo catódico. En un show entrevistan a Marta Ferrusola, la esposa de Jordi Pujol, en un balancín de jardín. Durante la emisión, en directo, el columpio se rompe y la mujer del president da con sus huesos en el suelo. Cataluña se ríe con lo que ha entendido como un gag. «No estaba previsto. Fue un fallo –aclara Rivière–. Pero ellos ya habían creado una escuela. Te reías todo el rato. Aunque no les gusta salir nada. Yo intenté entrevistarles en 1998 y no hubo manera».

Posiblemente, el principal logro de la productora haya radicado en trasladar al terreno empresarial el sentimiento de respeto, empeño y laboriosidad que confiere un pueblo pequeño y tremendamente creativo («dejar volar a las palomas», dicen los caneter sobre la imaginación), convenientemente actualizado con la última tecnología. No en vano, José María fue el primer artista que tuvo un sintetizador Fairlight en España. Efecto Canet en estado puro.

¿Y en qué consiste básicamente este fenómeno? Joan Font, director de Els Comediants, lo resume: «La gente está acostumbrada a restar. Piensa: ‘Ahora somos adultos y debemos dejar de ser niños’. En cambio, en Canet sumamos. Creemos que no hay que perder la ilusión, la fantasía del niño y las locuras de juventud. Por otra parte, nuestro trabajo está muy cerca del placer. Si hacemos lo que hacemos es porque hemos decidido invertir en nuestra forma de trabajar», añade este hombre que organizaba desfiles de pijamas nocturnos por las calles del municipio a finales de los 70 o que contribuyó a derribar el monumento a los caídos el día que murió Franco.

Obi y el jedi
Gestmusic participa también de ese concentrado de creatividad y negocio que identifica a Els Comediants. Durante la emisión de Crónicas Marcianas, Joan Ramón Mainat suele apostarse en una esquina del control rodeado de monitores informáticos y pantallas de televisión. El teléfono es su único amigo. «Es como si fuera el Obi Wan Kenobi de los ordenadores cuando va a hablar con el jedi, el ser supremo que está completamente inmerso en su mundo», ironiza Boris Izaguirre.

Pero hay más. Según algunos de sus competidores, la empresa maneja una buena batería de escalas de audiencia que advierte constantemente de las fluctuaciones, lo que permite a los realizadores cambiar de registros en cuestión de horas. Y sus dueños han sabido embutir todos los matices del alma humana en un banco de datos que recoge un amplio espectro de artistas, tertulianos y personajes singulares para situar en el momento preciso de cada emisión. «No tienen amigos ni enemigos. Ellos toman a todos los profesionales y se preguntan: ‘¿Quién es el mejor para este papel?’. Y luego actúan. Además, saben sacar lo mejor del artista. Nadie levanta la voz a nadie y, si quieren indicarte algo, te dicen: ‘Mira, eso que has hecho está muy bien, pero ¿por qué no pruebas con esto otro?’. Eso es bueno, porque tú das lo que haga falta si se respeta y aprecia tu trabajo», asevera Mayra Gómez Kemp.

Precisamente, la popular locutora del 1, 2, 3… recuerda un episodio que refleja bien a las claras el estilo familiar de la casa. Era sábado, se grababa Luna de Miel y Mayra recibió una llamada inesperada desde Estados Unidos: su madre, enferma desde hacía tiempo, había sufrido un agravamiento de salud. Mayra compró un billete para esa misma noche en el puente aéreo Barcelona-Madrid, con el propósito de volar a EE UU al día siguiente. «A las ocho de la tarde, todo el mundo en el estudio estaba nervioso y decía por lo bajo: ‘Se podrá ir, se podrá ir…’. Entonces explotó un foco y todo se llenó de cristales rotos. Imagínese, un plató enorme lleno de cristales. La gente se quedó helada: había que limpiar aquello para terminar la grabación. De repente, vinieron corriendo los hermanos Mainat, Tony, el realizador, los cámaras… cogieron escobas y se pusieron a barrer con las señoras de la limpieza el plató completo. Todo para que yo pudiera marcharme».

De una manera similar, los productores convencieron a Boris Izaguirre de que «Gestmusic era mi casa. Hacíamos un programa en un lugar horrible, helado, en una discoteca perdida en una carretera. No sabíamos si funcionaría. En un momento dado, me crucé con Tony en la escalera y comentó: ‘Pase lo que pase, tú eres importante para nosotros’. Y fue la manera en que lo dijo, como el director que se dirige a la corista que va a ser estrella, lo que me atrapó».

El ‘momento fruta’
En Canet de Mar, la comida es importante. El fresón es una perla que los dioses mediterráneos tiñeron de rojo bravo. Los quesos, casi una filosofía. En la primera productora del país sucede lo mismo. Pase lo que pase, el equipo siempre acaba alrededor de un mantel. Todos los días se celebra el «momento fruta» (es innecesario indicar la identidad de quien así bautiza el tentempié de media tarde); los viernes, merienda; y el 24 de julio se festeja el gran banquete de verano. «El comedor de la productora es como me imagino que era la cafetería de la MGM. Te encuentras con unos, otros, Sardá, los ex concursantes de ‘Operación Triunfo’… y se producen momentos irresistibles, de muy buen ambiente», revela el showman, que hasta hace un par de meses pagaba las comidas con el dinero oficial de la empresa: un billete con la efigie de José María Mainat y Tony Cruz emulando a los Blues Brothers.

Aunque la mesa, a veces, también crea desencuentros. El propio Boris anda mosqueado porque le han negado un termomix para elaborar compotas. «En una reunión le dije a Tony que pusieran un ‘termomix’. Él cogió el teléfono, llamó a la cocina y el malvado cocinero negó todas las maravillas de este aparato. Así que no tenemos ‘termomix’». Quizá todo obedezca a que, según fuentes del medio, la compañía estudia actualmente un nuevo concurso que obligará a los participantes a cumplir un curso rápido de adelgazamiento en un balneario.

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