José María Mainat (izquierda) y Tony
Cruz (segundo por la derecha) posan con Nina, Lozano y los ganadores de Operación
Triunfo
De cómo una productora que
se gestó en un cuartito de TV-3 donde La Trinca preparaba la emisión
de No passa resi ha pasado en quince años a facturar siete millones
de euros y reinar en el sector audiovisual español saben mucho los colaboradores
de Tony Cruz y los hermanos Mainat. Dice la periodista Margarita Rivière,
que ejerció de guionista en sus primeros programas: «Son muy trabajadores,
listos y divertidísimos». Añade Mayra Gómez Kemp, presentadora
de formatos Gestmusic como Luna de Miel: «Tienen un gran respeto por todo
el mundo, desde la señora que barre hasta la primera estrella».
«Yo
tenía prisa porque mi madre estaba muy enferma en EE UU y debía
tomar el avión. De pronto, estalló un foco y el plató se
llenó de cristales. Los Mainat, Tony y todo el equipo cogieron escobas
y se pusieron a barrer», recuerda Mayra Gómez
Y precisa el showman de Crónicas
Marcianas Boris Izaguirre: «José María y Tony han pertenecido
al escenario y comprenden lo que significa la familia teatral. Joan Ramón
posee una mente televisiva que funciona como un ordenador de última generación.
Forman un equipo perfecto. Además, Tony es como una mezcla de Marilyn Monroe
y James Stewart».
Para comprender tal mestizaje entre Vidas rebeldes
y Qué bello es vivir cruce que, en realidad, define bastante acertadamente
los argumentos del triunfo de Gestmusic, es necesario acudir a Canet de
Mar, uno de esos pueblos que nadie sabe si hacen historia o la historia les ha
hecho a ellos, pero que disfrutan de una biografía y exudan una personalidad
tan serena, que tampoco nadie se sorprendería si un día decide descolgarse
del mapa y echar a andar por su cuenta. Situado al norte de Barcelona, entre Areyns
y Calella, nació de un castillo. Santa Florentina. A ella se acogieron
los vecinos del Maresme entre los siglos V y XI para defenderse de los piratas.
Hoy, la fortaleza la habita una condesa y ha conocido la voz de Ainhoa Arteta
en los festivales de verano.
También Canet de Mar alumbró
a Lluis Domenech i Montaner, el arquitecto nacido en el siglo XIX que dejó
en herencia un amplio número de muestras del modernismo catalán.
Su casa es hoy el museo. Orgullosos de su pasado, los caneter son discretos y,
esencialmente, buena gente. Por eso, los productores de oro españoles siguen
ocupando las mismas viviendas familiares de su infancia. O el locutor Javier Sardá
pasea con calma por sus calles, mientras Els Comediants, que instaló allí
su base en 1975, prepara la función que ofrecerá el domingo a los
vecinos. Como sucede todas las semanas desde hace años. Y que ningún
caneter olvide al actor Ovidi Montllor, quien también pasó gran
parte de su vida bajo aquella luz mediterránea.
«Una buena
familia» «Sí, aquí viven y han vivido artistas
desde el inicio de la cancó, así que estamos acostumbrados.
¿Por qué? Posiblemente, porque no les avasallamos. Les admiramos,
pero no les molestamos», explica el dueño de un restaurante que,
en base a esa bandera, pide ocultar su nombre. «Somos muy apacibles, pero
también inquietos. Vivimos los setenta, todos los movimientos culturales
hasta ahora», subraya otra vecina de esta localidad, cuya economía
se nutre en buena medida del cultivo del fresón, el sector textil y el
turismo.
Los propietarios de Gestmusic han rebasado la cincuentena, pero
es fácil imaginar al niño José María tarareando una
melodía desde lo alto de una tapia que actúa de balcón frente
al oleaje. Y a su hermano Joan Ramón sentado en la mesa de la cocina ordenando
en cuartillas proyectos futuros. «Los Mainat nacieron aquí. Una buena
familia. De chaval, José ya iba cantando por la calle, a lo suyo. A Joan
le gusta pasar desapercibido, es la cabeza que no para. Pero los dos estaban siempre
con sus chistes», rememoran los caneter.
Los padres de Tony Cruz
llegaron a este municipio cuando él rondaba los 14 años. Enseguida
congenió con los adolescentes Mainat, según cita la historia oficial
y oficiosa de estos personajes. Unidos por su afición a la
música, José María y Tony fundaron The Blue Cabrits, de cuyo
espíritu da fe su canción Twist sepulcral. Se les veía venir.
Más tarde, crearían Enfants Terribles y The Vikings con Miguel Ángel
Pascual, un amigo de la Universidad. Pasodobles, temas populares, versiones de
Elvis, Beatles Operación Triunfo en la plaza del pueblo. Al final,
La Trinca. «Eran los reyes de las fiestas mayores en Cataluña. Formaban
parte del grupo de cantantes de la transición y hacían temas irónicos,
con mucha gracia, que daban la vuelta a la música popular», señala
Margarita Rivière. La Trinca muestra su cara empresarial en 1987: Gestmusic
(hoy, en realidad, Gestmusic-Endemol). Pilar Miró ve su programa No passa
resi y les ficha para Televisión Española. Pascual abandona
posteriormente por problemas de salud. Joan Ramón entra en el grupo y aporta
su experiencia televisiva. «Es un renovador del medio». La combinación
funciona: Tony y José aprenden los secretos de la cámara; Joan,
el alma del artista. Ayuda su «enorme complicidad. Se llevan muy bien desvela
Mayra Gómez Kemp, hasta el punto de que uno comienza una frase y
el otro la continúa».
Y
eso se aprecia. La Trinca se mueve a sus anchas en el tubo catódico. En
un show entrevistan a Marta Ferrusola, la esposa de Jordi Pujol, en un balancín
de jardín. Durante la emisión, en directo, el columpio se rompe
y la mujer del president da con sus huesos en el suelo. Cataluña se ríe
con lo que ha entendido como un gag. «No estaba previsto. Fue un fallo aclara
Rivière. Pero ellos ya habían creado una escuela. Te reías
todo el rato. Aunque no les gusta salir nada. Yo intenté entrevistarles
en 1998 y no hubo manera».
Posiblemente, el principal logro de la
productora haya radicado en trasladar al terreno empresarial el sentimiento de
respeto, empeño y laboriosidad que confiere un pueblo pequeño y
tremendamente creativo («dejar volar a las palomas», dicen los caneter
sobre la imaginación), convenientemente actualizado con la última
tecnología. No en vano, José María fue el primer artista
que tuvo un sintetizador Fairlight en España. Efecto Canet en estado puro.
¿Y en qué consiste básicamente este fenómeno?
Joan Font, director de Els Comediants, lo resume: «La gente está
acostumbrada a restar. Piensa: Ahora somos adultos y debemos dejar de ser
niños. En cambio, en Canet sumamos. Creemos que no hay que perder
la ilusión, la fantasía del niño y las locuras de juventud.
Por otra parte, nuestro trabajo está muy cerca del placer. Si hacemos lo
que hacemos es porque hemos decidido invertir en nuestra forma de trabajar»,
añade este hombre que organizaba desfiles de pijamas nocturnos por las
calles del municipio a finales de los 70 o que contribuyó a derribar el
monumento a los caídos el día que murió Franco.
Obi
y el jedi Gestmusic participa también de ese concentrado de creatividad
y negocio que identifica a Els Comediants. Durante la emisión de Crónicas
Marcianas, Joan Ramón Mainat suele apostarse en una esquina del control
rodeado de monitores informáticos y pantallas de televisión. El
teléfono es su único amigo. «Es como si fuera el Obi Wan Kenobi
de los ordenadores cuando va a hablar con el jedi, el ser supremo que está
completamente inmerso en su mundo», ironiza Boris Izaguirre.
Pero
hay más. Según algunos de sus competidores, la empresa maneja una
buena batería de escalas de audiencia que advierte constantemente de las
fluctuaciones, lo que permite a los realizadores cambiar de registros en cuestión
de horas. Y sus dueños han sabido embutir todos los matices del alma humana
en un banco de datos que recoge un amplio espectro de artistas, tertulianos y
personajes singulares para situar en el momento preciso de cada emisión.
«No tienen amigos ni enemigos. Ellos toman a todos los profesionales y se
preguntan: ¿Quién es el mejor para este papel?. Y luego
actúan. Además, saben sacar lo mejor del artista. Nadie levanta
la voz a nadie y, si quieren indicarte algo, te dicen: Mira, eso que has
hecho está muy bien, pero ¿por qué no pruebas con esto otro?.
Eso es bueno, porque tú das lo que haga falta si se respeta y aprecia tu
trabajo», asevera Mayra Gómez Kemp.
Precisamente, la popular
locutora del 1, 2, 3 recuerda un episodio que refleja bien a las claras
el estilo familiar de la casa. Era sábado, se grababa Luna de Miel y Mayra
recibió una llamada inesperada desde Estados Unidos: su madre, enferma
desde hacía tiempo, había sufrido un agravamiento de salud. Mayra
compró un billete para esa misma noche en el puente aéreo Barcelona-Madrid,
con el propósito de volar a EE UU al día siguiente. «A las
ocho de la tarde, todo el mundo en el estudio estaba nervioso y decía por
lo bajo: Se podrá ir, se podrá ir . Entonces explotó
un foco y todo se llenó de cristales rotos. Imagínese, un plató
enorme lleno de cristales. La gente se quedó helada: había que limpiar
aquello para terminar la grabación. De repente, vinieron corriendo los
hermanos Mainat, Tony, el realizador, los cámaras cogieron escobas
y se pusieron a barrer con las señoras de la limpieza el plató completo.
Todo para que yo pudiera marcharme».
De una manera similar, los productores
convencieron a Boris Izaguirre de que «Gestmusic era mi casa. Hacíamos
un programa en un lugar horrible, helado, en una discoteca perdida en una carretera.
No sabíamos si funcionaría. En un momento dado, me crucé
con Tony en la escalera y comentó: Pase lo que pase, tú eres
importante para nosotros. Y fue la manera en que lo dijo, como el director
que se dirige a la corista que va a ser estrella, lo que me atrapó».
El
momento fruta En
Canet de Mar, la comida es importante. El fresón es una perla que los dioses
mediterráneos tiñeron de rojo bravo. Los quesos, casi una filosofía.
En la primera productora del país sucede lo mismo. Pase lo que pase, el
equipo siempre acaba alrededor de un mantel. Todos los días se celebra
el «momento fruta» (es innecesario indicar la identidad de quien así
bautiza el tentempié de media tarde); los viernes, merienda; y el 24 de
julio se festeja el gran banquete de verano. «El comedor de la productora
es como me imagino que era la cafetería de la MGM. Te encuentras con unos,
otros, Sardá, los ex concursantes de Operación Triunfo
y se producen momentos irresistibles, de muy buen ambiente», revela el showman,
que hasta hace un par de meses pagaba las comidas con el dinero oficial de la
empresa: un billete con la efigie de José María Mainat y Tony Cruz
emulando a los Blues Brothers.
Aunque la mesa, a veces, también
crea desencuentros. El propio Boris anda mosqueado porque le han negado un termomix
para elaborar compotas. «En una reunión le dije a Tony que pusieran
un termomix. Él cogió el teléfono, llamó
a la cocina y el malvado cocinero negó todas las maravillas de este aparato.
Así que no tenemos termomix». Quizá todo obedezca
a que, según fuentes del medio, la compañía estudia actualmente
un nuevo concurso que obligará a los participantes a cumplir un curso rápido
de adelgazamiento en un balneario.