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«Quién sabe dónde habrá un donante para mi hija; podría ser cualquiera»

J. PÉREZ PARRA
26/03/2006


 

ESPERANZADOS. Rosa Clemente y Juan García, padres de María Dolores, ayer en su casa de Lorca.

No sabe quién será su salvador. Alguien que, en estos momentos, trabaja, pasea o duerme en cualquier rincón del mundo, ajeno por completo a la lucha contra la leucemia que desde hace cinco meses ha entablado María Dolores García. Alguien que posee, sin saberlo, una médula ósea compatible con el maltratado cuerpo de esta joven lorquina de 26 años.

Ella es una de las cuatro o cinco personas que en estos momentos esperan en la Región un trasplante de similares características. Sus padres han decidido contar su testimonio. Apelar a la solidaridad. Saben que el hecho de que sus amigos, conocidos y vecinos se conviertan en donantes de médula no necesariamente significará la salvación para su hija. «Puede que no sean compatibles con nuestra hija, pero a lo mejor sí lo son con pacientes en otros lugares del mundo», cuenta convencida Rosa Clemente, convertida por las circunstancias en una madre coraje dispuesta a todo por su hija. «Nadie sabe quién puede tener una médula compatible con María; puede ser cualquiera». Rosa es donante desde hace 15 años. «Hubo un caso parecido en Lorca, y yo me apunté; aunque nunca me han llamado», explica. Aquel fue un gesto altruista. No podía imaginarse que, muchos años después, viviría en su propia familia una historia similar a la que en aquel momento la conmovió profundamente. Todo comenzó en noviembre pasado, cuando a María Dolores le diagnosticaron la enfermedad. En diciembre, supieron que necesitaría una médula. «María Dolores tiene dos hermanas mellizas, pero no son compatibles». Sólo quedaba un camino, la búsqueda en el banco internacional de donantes, que agrupa a cerca de diez millones de personas.

Los padres de una niña lorquina con leucemia buscan un donante de médula

Parece como buscar una aguja en un pajar, aunque Matías Ruiz, de la Fundación Española de lucha contra la Leucemia, recuerda que «en más del 70% de los casos se encuentran donantes». María Dolores se hizo fuerte y se preparó para lo que le venía encima. Desde entonces, ya ha estado tres veces ingresada en el hospital, recibiendo sesiones de quimioterapia. «Al principio fue muy duro para María Dolores -cuenta Rosa-; tiene una hija de 20 meses y le resulta muy difícil separarse de ella». La familia se ha sentido muy arropada. Rosa, que es profesora en un instituto, ha recibido el cariño de sus compañeros. «También en la iglesia; somos creyentes y eso nos ayuda mucho», explica. Pertenecen a la Iglesia Evangélica, que ha hecho un llamamiento a la solidaridad de los fieles para que se hagan donantes de médula. «Toda esta solidaridad nos reconforta», cuenta Rosa, al lado de su marido, Juan García. «María Dolores está demostrando mucha serenidad; la experiencia le está haciendo madurar, la está enriqueciendo», añade orgullosa. La madre está contenta, porque esta tarde va a ver a su hija, que reposa en La Arrixaca tras una semana sometiéndose a quimioterapia. Será una transfusión de fuerza para María Dolores, mientras espera a su anónimo salvador.

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