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Combustible plástico

Texto: Josu García
30/07/2003


Un operario trabaja en el interior de un invernadero. / EFE

La modernización experimentada en las últimas dos décadas por el sector agrícola andaluz en los métodos de cultivo de frutas y hortalizas ha provocado que cada año se desechen 40.000 toneladas de plástico. La introducción de este tipo de material permite retener de una manera efectiva el calor mejorando la productividad, pero al mismo tiempo ha generado un grave conflicto medioambiental. El problema estriba en que este derivado del petróleo es de un único uso, por lo que cada temporada debe retirarse de los campos y acaba almacenado en montañas de residuos en los lugares más insospechados.

Andalucía pone en marcha un proyecto para convertir en gasóleo las 40.000 toneladas de lonas que cada año se retiran de los cultivos de frutas y hortalizas

La modernización experimentada en las últimas dos décadas por el sector agrícola andaluz en los métodos de cultivo de frutas y hortalizas ha provocado que cada año se desechen 40.000 toneladas de plástico. La introducción de este tipo de material permite retener de una manera efectiva el calor mejorando la productividad, pero al mismo tiempo ha generado un grave conflicto medioambiental. El problema estriba en que este derivado del petróleo es de un único uso, por lo que cada temporada debe retirarse de los campos y acaba almacenado en montañas de residuos en los lugares más insospechados.

Tres son las zonas principalmente afectadas por esta práctica: Huelva, el valle del Guadalquivir y Almería. En el caso de la provincia onubense, los campesinos utilizan un tipo de polímero acolchado para facilitar el crecimiento y la protección de la fresa. Un material de similares características se emplea en las fértiles vegas del río andaluz por excelencia. En el extremo más oriental de la comunidad, por su parte, las lonas están destinadas a cubrir los cultivos del popular tomate almeriense y de otras hortalizas.

Casi un litro por kilo

Consciente del problema causado por el plástico –agravado porque se trata de un producto enormemente contaminante y de muy difícil destrucción–, el recién constituido Centro de Innovación y Tecnología del Residuo (CIT) ha aprobado la puesta en marcha de un novedoso proyecto que tiene como objetivo la reconversión de todos los desechos anuales en gasóleo. El plan cuenta con el beneplácito de los socios del CIT, la consejería de Empleo y Tecnología de la Junta de Andalucía y la Mancomunidad de Servicios de la Vega de Sevilla.

«El proceso industrial para obtener este combustible a partir del polipropileno de media y alta densidad es ya conocido a nivel mundial –explica Manuel López Peña, director del CIT–. Pero la novedad de nuestra iniciativa reside en el extraordinario aprovechamiento que vamos a cosechar: por cada kilo de plástico, extraeremos 0,8 litros de diesel».

Campos de invernaderos inundan todo el levante español. / LV

Este proceso será posible gracias a una patente de la empresa granadina Athisa Medio Ambiente. La firma centra su sistema de conversión en un proceso que potencia las más de 7.000 kilocalorías que se obtienen al quemar mil gramos de polipropileno. «Este material es casi todo petróleo y en su valorización reside nuestro secreto», argumenta Manuel López.

Extrapolando estas cifras, las 40.000 toneladas de residuos registradas cada año equivaldrán a una producción anual de 32 millones de litros de gasóleo. «Una cantidad nada despreciable», apunta el director del CIT, quien además pone el acento en la importancia de la eliminación de estas lonas. «Cada temporada, las cunetas de las carreteras, los vertederos y los campos aparecen repletos de metros y metros de bolsas negras, blancas y de todos los colores. El impacto visual es brutal y, por si esto fuera poco, en ocasiones los productores los queman emitiendo a la atmósfera sustancias altamente contaminantes».

Ensayo, este verano

De momento, este mismo verano el centro tecnológico pondrá en marcha una factoría experimental en la provincia de Almería. «Con la construcción de esta planta pretendemos evaluar la efectividad del sistema, así como adquirir los conocimientos necesarios para después meternos de lleno ya en un proceso industrial de alto perfil».

La aspiración última del instituto impulsado por la Junta y la Mancomunidad de Servicios de la Vega es establecer un proceso circular que se retroalimente. «La idea es establecer un sistema estable de recogida de plástico con camiones. Estos vehículos, a su vez, utilizarían el combustible producido por la planta. La iniciativa sería entonces redonda».

Respecto al tipo de factoría a desarrollar, el experto asegura que se tratará de un edificio y una tecnología «autosuficientes» desde el punto de vista energético. Esto quiere decir que utilizaría el propio gasóleo para alimentar el proceso de producción. Además, sus rectores deberán establecer un estricto dispositivo de control de las emisiones a la atmósfera para garantizar la sostenibilidad de la actividad desde el punto de vista ambiental.

Por último, la incógnita que resta por despejar es la reacción que tendrán los agricultores ante la iniciativa. En este sentido, el CIT considera que se hace necesaria la puesta en marcha de campañas de información y sensibilización para que los productores colaboren en la recogida de lonas de desecho. En Marruecos, un país donde también suelen usarse plásticos para proteger y desarrollar los cultivos, las autoridades tienen graves problemas para convencer a los campesinos de que no arrojen al campo este tipo de materiales altamente contaminantes y de difícil degradación.


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