Un
operario trabaja en el interior de un invernadero.
/ EFE
La modernización experimentada en las últimas
dos décadas por el sector agrícola andaluz
en los métodos de cultivo de frutas y hortalizas
ha provocado que cada año se desechen 40.000
toneladas de plástico. La introducción
de este tipo de material permite retener de una manera
efectiva el calor mejorando la productividad, pero al
mismo tiempo ha generado un grave conflicto medioambiental.
El problema estriba en que este derivado del petróleo
es de un único uso, por lo que cada temporada
debe retirarse de los campos y acaba almacenado en montañas
de residuos en los lugares más insospechados.
Andalucía pone en
marcha un proyecto para convertir en gasóleo
las 40.000 toneladas de lonas que cada año
se retiran de los cultivos de frutas y hortalizas
La modernización experimentada en las últimas
dos décadas por el sector agrícola andaluz
en los métodos de cultivo de frutas y hortalizas
ha provocado que cada año se desechen 40.000
toneladas de plástico. La introducción
de este tipo de material permite retener de una manera
efectiva el calor mejorando la productividad, pero al
mismo tiempo ha generado un grave conflicto medioambiental.
El problema estriba en que este derivado del petróleo
es de un único uso, por lo que cada temporada
debe retirarse de los campos y acaba almacenado en montañas
de residuos en los lugares más insospechados.
Tres son las zonas principalmente afectadas por esta
práctica: Huelva, el valle del Guadalquivir y
Almería. En el caso de la provincia onubense,
los campesinos utilizan un tipo de polímero acolchado
para facilitar el crecimiento y la protección
de la fresa. Un material de similares características
se emplea en las fértiles vegas del río
andaluz por excelencia. En el extremo más oriental
de la comunidad, por su parte, las lonas están
destinadas a cubrir los cultivos del popular tomate
almeriense y de otras hortalizas.
Casi un litro por kilo
Consciente del problema causado por el plástico
agravado porque se trata de un producto enormemente
contaminante y de muy difícil destrucción,
el recién constituido Centro de Innovación
y Tecnología del Residuo (CIT) ha aprobado la
puesta en marcha de un novedoso proyecto que tiene como
objetivo la reconversión de todos los desechos
anuales en gasóleo. El plan cuenta con el beneplácito
de los socios del CIT, la consejería de Empleo
y Tecnología de la Junta de Andalucía
y la Mancomunidad de Servicios de la Vega de Sevilla.
«El proceso industrial para obtener este combustible
a partir del polipropileno de media y alta densidad
es ya conocido a nivel mundial explica Manuel
López Peña, director del CIT. Pero
la novedad de nuestra iniciativa reside en el extraordinario
aprovechamiento que vamos a cosechar: por cada kilo
de plástico, extraeremos 0,8 litros de diesel».
Campos
de invernaderos inundan todo el levante español.
/ LV
Este proceso será posible gracias a una patente
de la empresa granadina Athisa Medio Ambiente. La firma
centra su sistema de conversión en un proceso
que potencia las más de 7.000 kilocalorías
que se obtienen al quemar mil gramos de polipropileno.
«Este material es casi todo petróleo y
en su valorización reside nuestro secreto»,
argumenta Manuel López.
Extrapolando estas cifras, las 40.000 toneladas de residuos
registradas cada año equivaldrán a una
producción anual de 32 millones de litros de
gasóleo. «Una cantidad nada despreciable»,
apunta el director del CIT, quien además pone
el acento en la importancia de la eliminación
de estas lonas. «Cada temporada, las cunetas de
las carreteras, los vertederos y los campos aparecen
repletos de metros y metros de bolsas negras, blancas
y de todos los colores. El impacto visual es brutal
y, por si esto fuera poco, en ocasiones los productores
los queman emitiendo a la atmósfera sustancias
altamente contaminantes».
Ensayo, este verano
De momento, este mismo verano el centro tecnológico
pondrá en marcha una factoría experimental
en la provincia de Almería. «Con la construcción
de esta planta pretendemos evaluar la efectividad del
sistema, así como adquirir los conocimientos
necesarios para después meternos de lleno ya
en un proceso industrial de alto perfil».
La aspiración última del instituto impulsado
por la Junta y la Mancomunidad de Servicios de la Vega
es establecer un proceso circular que se retroalimente.
«La idea es establecer un sistema estable de recogida
de plástico con camiones. Estos vehículos,
a su vez, utilizarían el combustible producido
por la planta. La iniciativa sería entonces redonda».
Respecto al tipo de factoría a desarrollar, el
experto asegura que se tratará de un edificio
y una tecnología «autosuficientes»
desde el punto de vista energético. Esto quiere
decir que utilizaría el propio gasóleo
para alimentar el proceso de producción. Además,
sus rectores deberán establecer un estricto dispositivo
de control de las emisiones a la atmósfera para
garantizar la sostenibilidad de la actividad desde el
punto de vista ambiental.
Por último, la incógnita que resta por
despejar es la reacción que tendrán los
agricultores ante la iniciativa. En este sentido, el
CIT considera que se hace necesaria la puesta en marcha
de campañas de información y sensibilización
para que los productores colaboren en la recogida de
lonas de desecho. En Marruecos, un país donde
también suelen usarse plásticos para proteger
y desarrollar los cultivos, las autoridades tienen graves
problemas para convencer a los campesinos de que no
arrojen al campo este tipo de materiales altamente contaminantes
y de difícil degradación.