EN
LA COCINA. Raúl Aleixandre, con las
manos en la masa. MIKEL PONCE
Asegura que el premio ha sido recibido con total
sorpresa en este pequeño restaurante valenciano
de ocho mesas y tan sólo once trabajadores. Raúl
Aleixandre, el Mejor Jefe de Cocina de 2004 según
la Academia Nacional de Gastronomía, reconduce
el mérito a sus padres, fundadores de Ca Sento;
un negocio «hecho a sí mismo» que
comenzó como un humilde bar y que prosperó
gracias a la mano de su madre para los guisos de toda
la vida y a las tablas de su padre como maître.
El último Premio
Nacional de Gastronomía procede de
un pequeño restaurante de Valencia
Raúl Aleixandre opina sobre la alta
cocina mediterránea, siempre oculta
por la popular paella
Las razones que llevaron a Aleixandre a hacer carrera
distan mucho de la arquetípica vocación
irrenunciable de un pequeño cocinitas que siempre
quiso ser chef. La renuncia a cierta parte de su infancia
por verse obligado a trabajar en el negocio familiar
tuvo como efecto rebote que Raúl Aleixandre detestara
la hostelería. «Cuando salía del
colegio venía aquí a trabajar mientras
mis amigos se divertían en la calle».
Labrando su propia leyenda, Aleixandre asegura haber
llegado a dormir en la cocina en más de una ocasión.
Pero cuando a los 19 años, en el servicio militar,
le destinan a cocinas, finalmente «le pica el
gusanillo» de la restauración profesional.
Así que cuando termina, con la sabiduría
culinaria maternal en un hatillo, emprende rumbo a Suiza
a estudiar hostelería durante unos meses. Ya
de vuelta, enlaza con El Bulli, donde comparte humos
con el héroe mediático Ferran Adriá
durante un año. La siguiente escalada fue El
Celler de Can Roca en Gerona; tras esto trabaja con
Martín Berasategui en el Mugaritz, y finalmente
redondea su formación con Andoni Luis Adúriz
durante un par de semanas.
Cuando vuelve de El Bulli, Aleixandre cambia la estética
de Ca Sento para darle el empaque de un gran restaurante
y se hace cargo de la jefatura de cocina, donde el menú
se juega a dos palos: la cocina tradicional de su madre,
a base de guisos y arroces, y las innovaciones de su
hijo.
Nuevas tendencias
Atendiendo a los recetarios de las cumbreras de la nueva
cocina española, cabe deducir que las nuevas
tendencias tienen más que ver con la alquimia
y la obtención de nuevos matices y texturas que
con el descubrimiento de sabores inéditos. «Existen
grandes tendencias, pero cada cocinero adopta determinadas
técnicas y sigue su propio camino opina
Aleixandre. Yo diría que las tendencias
vienen muy marcadas por la tecnología, con artilugios
nuevos que han salido al mercado como los Ronner (utilizado
para cocer carnes, pescados y verduras al vacío,
conservando sus propiedades nutritivas y potenciando
sus características organolépticas) o
los nuevos hornos de vapor».
De hecho, el joven chef de 32 años es de la opinión
de que hoy en día ya está todo inventado.
Por ello, según él las novedades vienen
en la forma en que cada cocinero adapta los conocimientos
acumulados a su propio savoir faire. La filosofía
de Ca Sento es esquiva con el abuso de experimentos
de la cocina creativa, y se aplica la tarea de renovar
el recetario tradicional. Una misión nada fácil
en tanto que toca recetas muy pulidas por la sabiduría
y el tiempo.
Cocina con raíces
En estos momentos, encima de la banca de Ca Sento se
trabaja en la revisión de un guiso tradicional
de arroz con col y sepia. «Para renovar este plato
hacemos unas bolas de arroz infladas utlizando un polvo
de arroz seco. La idea es lograr una forma y textura
diferentes manteniendo el mismo sabor de hace cincuenta
años», explica Aleixandre. Si investigando
la manera de remozar un plato se altera el sabor que
uno recuerda haber experimentado en casa de sus abuelos,
son estrictos: «mejor dejarlo estar».
En los últimos diez años, la alta cocina
mediterránea ha producido un salto cualitativo
muy importante, pero parece que todavía hay un
largo camino que recorrer.
El nuevo Premio Nacional de Gastronomía tiene
su propia hipótesis. «Siempre hemos tenido
un turismo muy fácil, que venía atraído
por el buen clima y las playas. Eso propició
en los restaurantes la elaboración de comidas
muy sencillas a unos comensales que con una ensalada
y un plato de paella se daban por satisfechos. No hacía
falta complicarse la vida porque tenías turismo
por castigo». En este sentido, se puede decir
que «somos de alguna manera esclavos del arroz»,
porque nuestra vinculación con este tipo de platos
ha llegado a convertirse en un estigma.
«Yo, para comer, gambas»
Cuénteme el secreto de la buena
cocina.
Sin un buen producto no puedes hacer una buena
cocina.
¿Qué plato cocina más
a gusto?
Me siento más a gusto con los pescados,
por mis orígenes valencianos.
¿Qué plato prefiere a la
hora de comer?
Las gambas.
Ingrediente que nunca usaría.
No tengo manía a ninguno.
Nunca prescindiría de...
La sal.
Lo que busca en un cliente.
Que no se sienta encorsetado, que se deje llevar
y se emocione.
¿Qué se ha llevado a Ca
Sento de la cocina de Ferran Adrià?
Es un error pensar que lo que te tienes que
llevar de la cocina de Adrià son los platos,
porque aunque sepas hacerlos, la idea no es tuya.
Lo importante de trabajar en su cocina fue la cantidad
de cosas que llegué a ver.
¿Hay que tener gran cultura gastronómica
para apreciar un plato?
No, el gusto de las personas es complicado y
muy respetable.
¿Sabe si se ha ido descontento
algún cliente de su restaurante?
Claro, como en todos los sitios. Dar de comer
es una de las cosas más difíciles.
¿Encaja bien las críticas?
Desde luego. Aunque debes de tener claras tus
ideas, cuando mucha gente te dice que algo no le convence
es que algo ocurre. Si un plato no gusta, se quita
sin miramientos. Es una guerra perdida.
Un toque mágico.
No tengo.
Una recomendación para los jóvenes
aspirantes a chef.
Para progresar en este oficio no hay más
secreto que el trabajo. Hay que perseguir una meta
y dedicarle prácticamente toda tu vida. Y hay
que saber lo que hay, la restauración es así,
y no va a mejorar.