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          4. SALÓN DE SESIONES. Páginas [1] [2] [3]

Salón de Sesiones (1)

Parece lógico que el Parlamento, como lugar que  acoge a quienes el pueblo ha elegido como representantes, posea en su estructura e instalaciones una sólida dignidad y hasta cierta majestuosidad. No en vano se trata del templo civil por excelencia, el lugar en el que han de debatirse las leyes que rigen la vida de nuestros conciudadanos.

En efecto, tanto el edificio del Congreso de los Diputados, como el del Senado, y el de nuestra Asamblea Regional de Murcia, poseen ese aura y sus instalaciones son capaces de satisfacer todas las demandas que requieren sus funciones. Pero no siempre fue así, sobre todo en lo que hace relación a los dos edificios de carácter nacional, con mucha más historia entre sus muros.

Corría el mes de septiembre de 1810 cuando un centenar de diputados del primer parlamento español -desarrollado en Cádiz, el único lugar de España libre del invasor napoleónico- desfilaron por las calles gaditanas, entre los vítores de un pueblo entusiasmado que intuía en ellos a sus legítimos representantes. La solemnidad de aquel cortejo contrastaba con el lugar que iba a ser sede de sus primeras reuniones: un pequeño teatro -el Teatro Cómico- de la Real Isla de León -llamada más tarde de San Fernando- en el que un total de 294 diputados debatirían los prolegómenos de nuestra primera Constitución, la de 1812, antes de ello debían de realizar, el juramento de rigor -de rodillas y ante los Evangelios-, tras una frase que se usaba por primera vez en la historia española:

“¿Juráis desempeñar fiel y legalmente el encargo que la nación ha puesto a vuestro cuidado, guardando las leyes de España, sin perjuicio de alterar, moderar y variar aquellas que exigiese el bien de la nación?”.

El Teatro Cómico, en la Isla de San Fernando, sirvió como sede del primer Parlamento español.
A pesar de su pobre aspecto exterior, su sala de espectáculos –utilizada como salón de sesiones-poseía capacidad suficiente para congregar a los casi 300 diputados y a un público que se agolpaba expectante en sus tribunas.
Fachada y aspecto lateral del Palacio de Congreso de los Diputados, según el proyecto de Pascual Colomer.

En febrero de 1811 las cortes se trasladan al templo de la Congregación del oratorio de San Felipe Neri, una residencia de religiosos de finales del siglo XVII en el que permanecería durante tres años, fecha en la que se produjo el traslado del Parlamento a Madrid.

 

Tras 35 años en diversos emplazamientos, a menudo en lugares que no reunían las condiciones mínimas para un edificio de estas características, las Cortes votan la construcción de un nuevo Palacio para el Congreso de los Diputados, con un presupuesto asombroso para la época: cuatro millones de pesetas. El nuevo edificio sería levantado en el mismo emplazamiento en el que había estado el convento del Espíritu Santo, sede del Congreso entre 1834 y 1841.

 

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