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Tienen la palabra (2)

Diario de Sesiones, el cuaderno de bitácora parlamentario

En esta situación es como se desarrolla en sus primeros tiempos el Diario de Sesiones, una publicación que ha dejado para la posteridad la labor desarrollada por nuestros parlamentarios en los dos siglos de Cortes en España, difundiendo sus trabajos e impidiendo cualquier manipulación posterior de lo debatido en el Parlamento.

 

El Diario de Sesiones recoge fielmente cuantos debates se producen en los parlamentos.

Las campanillas, uno de los instrumentos con los que tradicionalmente intenta poner orden el presidente de la Cámara en los debates más tumultuosos.

El Diario de Sesiones permite también que la prensa irrumpa en el Parlamento y, tras ella, el resto de la sociedad, que empieza a tomar conciencia de lo que se debate entre aquellas sacrosantas paredes gracias a la prensa. Merced a su presencia, la oratoria se vuelve más directa, destinada al público. Es el momento de oradores como Argüelles o Toreno.

Pronto llegará el período más brillante de la oratoria parlamentaria española, el de los oradores capaces de levantar pasiones con su elocuencia en unos discursos interminables y llenos de figuras retóricas que hoy juzga-ríamos sin duda demasiado floridos. Es el momento de los Joaquín Mª López, Salmerón, Cánovas o, el mayor de todos, Castelar, el hombre capaz de hacer detener la vida en el Parlamento con su sola voz o arrastrar a multitudes enfervorecidas por su fácil verbo. Curiosamente, los tres últimos fueron diputados por Murcia. El propio Cánovas del Castillo, tantas veces diputado electo por Cieza, definía de este modo su pasión por la oratoria:

(...) «reconozco y declaro que, en mi concepto, la mayor satisfacción personal que sea dada en este mundo al hombre es la de dominar con su palabra, por algún espacio de tiempo, a un gran número de sus semejantes».

 

El salón de sesiones a comienzos de siglo presentaba todavía esta imagen de bancos corridos en los que los diputados podían aspirar a una intimidad muy escasa Tampoco eran muchos los medios de que disponían en sus escaños: pupitre, tintero y pluma, un cajón para guardar la documentación y un hueco para el sombrero. El instrumento de comunicación más sofisticado era un timbre con el que podían llamar al ujier.

Alfonso XIII pronuncia el discurso de la Corona en el Congreso de los Diputados. Junio de 1910. Foto: Nuevo Mundo.

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