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          7. TIENEN LA PALABRA. Páginas [1] [2] [3] [4] [5]

Tienen la palabra (4)

Oratoria y medios de comunicación



El murciano Juan de la
Cierva gozó siempre de
fama de excelente orador
y buen fajador en el debate parlamentario.

La moderna práctica parlamentaria ha cambiado tanto como los medios de comunicación. Según aumentaba el interés del público por los debates parlamentarios, éstos se hicieron cada vez más pensando en este sector. La retórica deja paso a un estilo más sencillo y vigoroso, más cercano al ciudadano de a pie. Los largos discursos del XIX son sustituidos en el nuevo Parlamento por una oratoria pensada, meditada y medida para influir en el electorado, en la opinión nacional y hasta internacional, merced a la proliferación de los medios de comunicación en todos los ámbitos de nuestra vida, que son capaces de divulgar de modo instantáneo cualquier idea. Los discursos pierden en espontaneidad y se convierten en un objeto leído, obra de equipos, en lugar de tener la autoría del político que los pronuncia. Son quizás los signos de unos nuevos tiempos en los que todo, incluido el lirismo, el deleite o la capacidad de persuadir atribuidas a la retórica, se sacrifica a la eficacia de lo que se dice.

Palabras y parlamento

«A todos los apasionados de la oratoria y de la política les ha sucedido otro tanto. Se fantasea, se sueña, como con un ideal purísimo, con la tribuna y con el auditorio, con el fácil y ardiente aplauso de los amigos y el sordo y provocador murmullo de los adversarios; y sobre todo, sin darse exacta cuenta de ello aún, con aquel efecto supremo y aquella incomparable satisfacción, la más grande sin duda, de un orador ante las gentes: con el silencio. El silencio, comunicación íntima, magnética, de la inteligencia del que escucha, con la del que habla en público; el silencio, que primeramente impone la voz y el gesto, y después la frase, el sentimiento, la idea; el silencio, que humildemente somete mil inteligencias discordes ; el silencio, en fin, en el cual, ahogando los unos su entusiasmo, los otros su cólera, y subyugados todos, rinden tributo, y el más raro de los tributos a la verdadera y viril elocuencia».

Aun con unos conceptos un tanto trasnochados -la elocuencia viril-, Cánovas del Castillo expone en este cuadro un auténtico catálogo sobre las características de la oratoria parlamentaria.

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