Inicio  |  Mapa de navegación « Anterior | Siguiente »         
          7. TIENEN LA PALABRA. Páginas [1] [2] [3] [4] [5]

Tienen la palabra (5)



Las Cortes de la II República, repletas de
extraordinarios oradores, vieron nacer un
nuevo discurso político. Año 1933.

La última sesión del Parlamento de la I República se celebró, el 2 de enero de 1874, cuando el cantón aún resistía en Cartagena. La sesión se prolongaría hasta la madrugada de la mañana siguiente, interrumpiéndose con la entrada en las cortes del general Pavía, que ponía así fin a la primera experiencia republicana española. Castelar pronunció un sentido discurso pidiendo a los republicanos aunar esfuerzos para salvar la República:

«Señores diputados: El Gobierno de la nación, fiel a los compromisos contraídos con vosotros, y a los deberes impuestos por su conciencia y su mandato, viene a daros cuenta del ejercicio de su poder y a rendiros con este motivo el homenaje de su acatamiento y de su respeto.

Fatídicas predicciones se habían divulgado sobre la llegada de este día; fatídicas predicciones desmentidas por la experiencia que ha demostrado, una vez más, cómo en las Repúblicas no empece la fuerza del poder al culto por la legalidad. Las generaciones contemporáneas, educadas en la libertad y venidas a organizar la democracia, detestan igualmente las revoluciones y los golpes de Estado, fiando sus progresos y la realización de sus ideas a la misteriosa virtud de las fuerzas sociales y a la práctica constante de los derechos humanos.

(...) Pero si el desorden, si la anarquía, se apoderan de ellas y quieren someterlas a su odioso despotismo, el instinto conservador se revela de súbito y las lleva a salvarse por la creación, casi instantánea, de una verdadera autoridad.

(...) Desgraciadamente, la criminal insurrección que ha tendido a romper la unidad de la patria... apoderándose de la más fuerte entre nuestras plaza, del más provisto entre nuestros arsenales, de los más formidables entre nuestros buques de guerra, mantiene al abrigo de inexpugnables fortalezas su maldecida bandera, que todavía extiende sombras de muerte sobre el suelo de la República y esperanzas de resurrección en las pasiones de la demagogia. La falta de tropas y de recursos ha retardado la toma de la plaza.

Este sitio ha apenado a la nación por sí y por la directa complicidad que ha tenido con el aumento de las fuerzas carlistas y con los progresos de sus numerosas partidas»...

La rapidez de reflejos es fundamental en las discusiones parlamentarias. En mayo de 1923, Juan de la Cierva acusa al Duque de Almodóvar del Valle, ministro de Gobernación, de irregularidades en el proceso electoral, algo de lo que él mismo había tenido que defenderse cuando ejerció tal cargo.

-Ministro de la Gobernación: «...Y aún así, señor La Cierva, hay en estas elecciones menos actas protestadas que nunca.»

-Juan de la Cierva: «¡Claro! Es la tranquilidad de los cementerios ¡Si la habéis matado!».

-Ministro de la Gobernación: «Tengo el consuelo de recordar que su señoría reconoce que ha pecado».

-Juan de la Cierva (Señalando al banco azul): «Las vestales están ahí ahora. (Risas). Yo no aspiro a serlo».

-Sr. Teixeira: «Una bienaventuranza es enterrar a los muertos; pero mayor es hacerles funerales de primera clase, como ha hecho el señor la Cierva al señor Conde de Osildo en el distrito de Almendralejo. Yo podría decirle a él y a sus amigos: no os podréis quejar de mí, vosotros con quien luché; si buen distrito os quité, mejor funeral os di».

(Rumores).

« Anterior | Arriba | Siguiente »