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          10. ELECCIONES DE PRIMERA. Páginas [1] [2] [3] [4] [5] [6]

Elecciones de primera (1)

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Entre prensa y parlamento existe una profunda interrelación. Ambas instituciones se necesitan. El parlamento precisa que se informe de sus actuaciones y los periódicos deben propagar una labor que a menudo posee una gran trascendencia para los ciudadanos.

Los parlamentarios españoles pronto se percataron de la importancia de que sus actuaciones fuesen conocidas por la opinión pública. Desde el comienzo del parlamentarismo en España, los periodistas tuvieron siempre reservado un lugar en el que poder ejercer su labor informativa.

No obstante, las relaciones entre ambas instituciones, no han sido siempre absolutamente felices. No han faltado las fricciones durante los dos siglos de convivencia. Ya en las Cortes de Cádiz, el diputado Ostolaza no dudó en encararse agriamente con los periodistas, increpándoles en el mismo hemiciclo por lo que consideraba una actitud escasamente patriótica: “Son unos charlatanes, que han tomado por oficio escribir en lugar de coger un fusil y que vergonzosamente quieren imponerse al Congreso”.

Pero la labor periodística en el Parlamento se fue convirtiendo en algo cotidiano. No en vano, puede afirmarse que fueron las Cortes de Cádiz las que pusieron en el disparadero de salida la prensa española moderna. Su apuesta por la libertad de imprenta -un concepto que se maneja en esos momentos en España por primera vez-, defendida en aquellas cortes por diputados como el murciano Diego Clemencín, conlleva la aparición de diarios en los que la política tiene cabida por primera vez.

Son periódicos realizados con una escasez de medios asombrosa y con tiradas impensables para las mentalidades actuales. Pero la prensa va ganando en influencia en los círculos más variados: en los casinos, en los cafés, en los ateneos o en los partidos, los periódicos se erigen en objeto de discusión, convirtiéndose en aventajados altavoces de las noticias que incluyen en sus páginas.

Conscientes de su poder, desde mediados del siglo XIX es frecuente leer en sus mismas cabeceras una apuesta por la neutralidad política -El Diario de Murciase subtitula Periódico para todos; El Porvenir, Diario independiente de Cartagena- pero sus intenciones, titulares y editoriales estaban a menudo marcados por una evidente línea ideológica o por su adscripción clara a una determinada facción política, que en ocasiones lo llevan a su propia cabecera, como el diario La Paz de Murcia, subtitulado Diario Monárquico-Democrático.

En Murcia los diarios empiezan a interesarse por la labor parlamentaria ya en las Cortes de Cádiz, pero no será hasta mediado el siglo XIX cuando comiencen a prestar una atención relevante en sus páginas y portadas a la labor del Parlamento.


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