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          12. QUE INVENTEN ELLOS. Páginas [1] [2] [3]

Que inventen ellos (1)

Curiosamente, los dos grandes inventores de la región, Juan de la Cierva y Codorníu, inventor del autogiro, e Isaac Peral, del submarino, fueron diputados.

El mismo año que moría el cartagenero Isaac Peral, nacía el murciano Juan de la Cierva y Codorníu, como si el azar hubiese querido compensar la pérdida de una de nuestras mentes más brillantes con otra. Fallecidos ambos con poco más de cuarenta años, la política no fue determinante para ninguno de los dos ni los apartó de su auténtica aspiración: poner en marcha sus inventos, a los que ambos habían dedicado buena parte de sus respectivas vidas y cuya puesta en práctica cambiaría el concepto de la navegación aérea y marítima: el submarino y el autogiro.

Isaac Peral y Caballero

Cartagena 1851-Berlín 1895
Diputado por Puerto de Santa María (Cádiz) en 1890.

Nacido en una familia de marinos, participó en su juventud, tras haber estudiado en el Colegio Naval, en varios hechos de armas en España y América, pero sus inquietudes se decantaban más por el lado de la docencia y la investigación.

En 1882 ingresó como profesor de Física y Química en la Academia de Ampliación de Marina. Sus constantes investigaciones le llevaron a ejecutar diversos inventos, muchos de ellos para ser aplicados en el ejército, como el acumulador eléctrico, un tipo especial de torpederos, una ametralladora eléctrica o un proyector luminoso.

Precisamente, el invento por el que pasaría a la posteridad estaba relacionado con la guerra. Fue el patriotismo lo que hizo revelar a Peral al gobierno español las investigaciones que estaba llevando en secreto sobre un torpedero submarino:

Resuelto desde el año 1885 a llevar adelante la empresa de hacer práctica la navegación submarina en sus aplicaciones militares, por creerla entonces, como sigo creyéndola hoy, de resultados altamente beneficiosos para la seguridad e integridad de nuestra España, ofrecí al Gobierno mis ideas sobre el asunto, sin que me guiase otro móvil, ni haya abrigado nunca otra ambición que la de contribuir al engrandecimiento de mi patria y conquistar su honroso afecto.

Entre 1888 y 1890 se efectuaron numerosos ensayos, en general satisfactorios. El premio nóbel, varias veces ministro y futuro diputado por Murcia José Echegaray prestigioso científico, lo calificó como uno de los inventos más perfectos de la historia y las pruebas realizadas como Un resultado importantísimo y del cual deberíamos estar orgullosos todos los españoles.

Tras obtener la aquiescencia del Ministerio de Marina, a la llegada al cargo del almirante Berenguer, las ayudas oficiales dejaron de llegarle a Peral y una campaña de desprestigio en la que se le acusaba de actuar en beneficio propio y no por motivos patrióticos, se cebó sobre él. Muchos apuntan a que el motivo de la desautorización del inventor tiene su origen en el escaño de diputado que Peral ocupó en el Puerto de Santa María, que arrebató al hijo del almirante, lo que le habría granjeado sus antipatías para siempre.

 

Con su esposa e hijos en el patio de su casa en San Fernando (Cádiz) Archivo familiar
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Fotografía aparecida en la Revista General de Marina en la que se puede ver a Peral (en el centro, sentado) junto a otros profesores de la Escuela de Ampliación de Marina.

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