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          12. QUE INVENTEN ELLOS. Páginas [1] [2] [3]

Que inventen ellos (2)



Peral y sus cinco oficiales posan sobre el
submarino tras haber culmminado con éxito
su primera inmersión en el arsenal de la
Carraca (Cádiz). 7 de agosto de 1889
.

Aún se presentaría Peral a diputado por el mismo distrito gaditano en otras dos ocasiones: en 1891 y en 1893. En la primera de ellas, al parecer, ganó las elecciones, pero las urnas fueron violentadas y se dio finalmente triunfador al hijo de Berenguer.

Calumniado y ultrajado en una campaña orquestada contra su persona, Peral pidió a Canovas del Castillo, presidente del gobierno y diputado por Cieza, la licencia absoluta del Ejército. El propio Canovas escribe al cartagenero la siguiente misiva:

Muy considerado Sr. mío:

De conformidad con los vivos deseos que se ha servido manifestarme en su apreciable carta del 18 del presente, he pedido con toda eficacia a los ministros de Guerra y de Marina que confidencialmente recomienden a los miembros del Consejo Supremo el pronto despacho de la solicitud por usted presentada para que se le otorgue licencia absoluta; aunque deplore esta irrevocable resolución de usted, que por mi parte no puedo estimar justificada, apresúrome a complacerle dando el debido valor a las razones con que apoya el inmediato despacho de su solicitud.

Desgraciadamente la baja absoluta la hubiese conseguido el inventor de todas formas poco después, pues un tumor acababa con su vida en 1895 en la ciudad de Berlín, a donde había acudido para que se lo extirparan.

Juan de la Cierva y Codorníu



Título de piloto de Juan
de la Cierva
.

Murcia 1895-Londres 1936
Diputado por Murcia en tres legislaturas sucesivas entre 1919 y 1923.

Meses antes de su prematura muerte, Juan de la Cierva y Codorníu escribía a un íntimo amigo sobre sus progresos con el autogiro: Pronto, sin embargo, podré hacerlo, y creo que puedo ya anticipar que el resultado es adelantar seis o siete años el desarrollo de la aviación.

Pese a lo aparentemente presuntuoso de su frase, Juan de la Cierva pecaba de excesiva modestia, pues el autogiro había recibido en todo el mundo los más  encendidos  elogios. De su invento había dicho Lindbergh, el primero en cruzar el Atlántico en solitario que El autogiro ha hecho progresar 50 años a la aviación, mientras que Edison, entusiasmado con las investigaciones del murciano había asegurado que El autogiro constituye, después del primer vuelo de los hermanos Wright, el mayor progreso aeronáutico alcanzado por el hombre.

Así lo recogen los investigadores y cineastas murcianos José Antonio Postigo y Primitivo Pérez, autores de un excepcional documental sobre la vida y la obra de este inventor.

Es fácil desprender de estos comentarios, que fueron sus investigaciones en materia aeronáutica las que centraron su interés durante toda su vida, y que la política, a pesar de sus tres legislaturas como diputado por Murcia, no fue más que una dedicación esporádica. Una dedicación alentada e impulsada por su propio padre, Juan de la Cierva Peñafiel, el político más influyente de la región durante medio siglo, que no veía con buenos ojos la dedicación de su hijo a unas investigaciones de cuya utilidad nunca llegó a estar convencido del todo.

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