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          PALABRAS EN LIBERTAD. La Región de Murcia en el Parlamento. Dos siglos.

Juan de la Cierva Peñafiel (30 de noviembre de 1916)

Petición de ayuda al gobierno por las inundaciones en la provincia de Murcia

El Sr. PRESIDENTE: El Sr. Cierva tiene la palabra.

El Sr. CIERVA: Perdonadme, Sres. Diputados, que os moleste breves momentos para unir mi ruego al que han formulado nuestros compañeros los representantes de las provincias de Valencia y de Murcia.

Esas dos provincias hermanas y que tantos caracteres comunes tienen, sufren ahora á la vez. Yo me permito rogar al Gobierno, como lo han hecho los anteriores Sres. Diputados que han hablado, que adopte rápidamente las medidas indispensables para acudir en socorro de los que en estos instantes mismos padecen.

Lo han dicho todos: son dos problemas distintos. El problema de asegurar hasta donde sea posible, de remediar, de evitar, de atenuar los males que periódicamente sufren esas regiones tan fértiles, es un problema que en estos instantes nosotros no podemos tratar. Muy pronto habremos de hablar de obras hidráulicas y entonces me permitiré yo exponer mis ideas sobre la materia.

Pero ahora se trata de otra cosa. Lo mismo en Valencia que en Murcia ocurre que, por la gran densidad de población que hay en esas vegas, cuando se inundan, el hambre aparece súbitamente. La presencia en ese banco del Sr. Gasset me recuerda, como recuerdan todos los murcianos, la gran campaña que hizo el ilustre padre de S. S. desde las columnas de El Imparcial en el año 1879, secundado por el Sr. Santa Ana en La Correspondencia de España, y que atrajo la caridad, no sólo de España, sino del mundo entero, á aquella región. Gloria será para S. S. también ahora secundar desde el Gobierno lo que tan noblemente hizo su padre, y yo le pido que rápidamente, para que no puedan levantarse con razón, como se levantan ahora, los que recuerdan las desgracias de Calatayud, de Sahagún y de otras regiones, que clamaron como clamamos nosotros ahora, y luego la marcha lenta de la administración hace que en España, después de tantos meses, no sé si de años, estemos todavía pensando en el remedio de los daños. (El Sr. Romeo: No llegó ni una peseta).

Yo creo, Sr. Ministro de Fomento, y para eso principalmente me he levantado, que lo que hay que hacer en estos instantes, más que hablar —y no es lección para nadie, sino para mí mismo, á fin de poner freno á mi deseo de explicar lo que allí acontece— es que el Gobierno se habilite de fondos inmediatamente para atender á esas necesidades que no tienen espera, y nos traiga un proyecto de ley, que esta misma tarde podría venir, como en otras ocasiones ya se hizo, para que disponga de esos medios, que son los únicos para remediar el hambre del día, pues dentro de varios días ya no nos hará falta eso. Ya sé yo que la caridad murciana, como la valenciana, y si es menester la de España entera, acudirá también á secundar esos esfuerzos del Gobierno, pero creo que el Gobierno tiene como principal obligación la de adelantarse á todos y dar el ejemplo. Hágalo inmediatamente, no espere estadísticas ni informes, porque ya sabe S. S. que el agua ha arrasado aquellos fértiles campos. Haya ó no desgracias personales —siento que las haya en Valencia, celebraría que no las hubiera, como celebraré que no se confirmen las noticias que tenemos de Murcia— la miseria, el hambre es un hecho cierto, y para acreditarlo no se necesitan expedientes de ninguna clase ni siquiera telegramas de gobernadores. Eso es lo que pido al Gobierno. (Muy bien.)

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