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Corporación municipal Abanilla 





 
 
 


Superficie: 235,6 Km ²
Nº de habitantes: 6.333 (INE 2006)
Altitud: 222 metros
Distancia a Murcia: 29 Km
Lugares de interés: Fuente del Algarrobo Santuario de Mahoya, Iglesia Parroquial de San José.
Por la Sierra de la Pila baja mi abuelo con unos calzoncillos que meten miedo. (Seguidilla)

El blasón está divido en cuatro cuarteles. El primero lleva las armas de los descendientes del último rey moro de Murcia y primer señor de Abanilla; el segundo, gironado, muestra en la parte superior la cruz de Santiago y en la inferior las barras de Aragón; en el tercero figuran las armas de Rocaful y en el último la cruz de Calatrava. Su composición general está inspirada en el blasón de los Borbones, habiéndose adoptado su uso genérico a finales del siglo XIX. [Ver]

Vista aérea de Abanilla

Como dormida en el regazo de la Sierra de Abanilla, silente, apacible y luminosa, la antigua Al Banyala, famosa a principios del milenio por la confección de tapices que se exportaban a Oriente, ofrece al visitante un entorno vario y sorprendente, muy semejante al de la lejana Palestina. Su orientación a poniente y la cima del monte Zulum, que la resguarda de los vientos, provocan estíos muy calurosos e inviernos cálidos y suaves. Lo precario e irregular de las precipitaciones (apenas 300 mm de media) y la vegetación, formada por coscoja, matorral y tomillares, confieren al municipio un paisaje en gran parte árido salpicado de pequeños oasis donde florece el almendro, el albaricoque, el limonero, la pereta, la vid y el dátil.

Palmeras en el Chicamo

Un pueblo pintoresco, colocado por la naturaleza entre los límites geográficos de Murcia y Alicante, que vivió años atrás de la artesanal fabricación de canastos. Accediendo desde el sur, dobla el viajero una curva en el camino ascendente huyendo del sol que cruje en las barrancas, atraviesa el cauce estéril y desolado del río Chicamo y, de súbito, la mirada se llena de verdes. Como un espejismo, la huerta del valle de Mahoya procura sosiego al caminante: los frutales en flor, las altivas palmeras, el oro de sus dátiles, el último palmero que escarda las hojas, el rumor del agua en las acequias, el terciopelo de los melocotoneros....

Partiendo de Abanilla hacia la carretera de Macisvenda se hallan parajes de singular belleza, como el del cruce del río Chicamo en Sahues y el estrecho de la Hechicera. El parque natural de la sierra del Cantón, en los límites alicantinos, atesora endemismos botánicos excepcionales: es el caso del rarísimo chumberillo de lobo. Al llegar a la pedanía de Barinas existe un desvío que conduce a la Fuente del Algarrobo, muy notable por sus aguas. Descendiendo luego por la carretera de Archena a Pinoso se aprecia una panorámica de gran vistosidad desde la cima del puerto denominado Cuesta Colorada. En esa misma carretera se encuentra el Santuario de la Santísima Cruz, en el corazón de un palmeral.

Puente hacia Mahoya

Los accidentes orográficos más importantes del municipio forman un anfiteatro al norte del término con las sierras de la Espada, de Quivas y del Cantón. Situada al nordeste de la provincia, dista 28 kilometros de Murcia. El término municipal abarca una extensión de 236.6 kilómetros cuadrados y limita al norte con los municipios de Pinoso (Alicante) y Jumilla; al sur, con los de Orihuela y Benferri (Alicante); al este con los de Orihuela y Algueña (Alicante) y al oeste con el de Fortuna.

Sus principales accesos los constituyen tres ramales equidistantes 17 kilómetros de la villa, que entroncan con la carretera nacional 340 Murcia-Alicante, en Santomera, Orihuela y Albatera. Desde la alta Abanilla se divisan las ruinas de lo que fue población amurallada con su antigua parroquia de San Benito, de arquitectura gótica, y el castillo derruido al pie de unos grandes cerros.

Calle de Abanilla

La villa ofrece todavía un laberinto de calles antiguas, empinadas y estrechas, fruto de la influencia árabe. La herencia musulmana es aquí manifiesta: el paisaje, los frutos, la filosofía del agua, el estampido de un arcabuz, los alfanjes, escudos, melodías, sedas y turbantes que lucen las kábilas y mesnadas en los desfiles de primavera, devolviendo las voces del pasado.


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