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Fábrica
de cerámica artesana (realizada con la misma
técnica que durante el Imperio Romano) en Valentín
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La artesanía del noroeste murciano sale al paso en
los lugares más inesperados. En Valentín, una
pequeña aldea de 300 habitantes, se mantiene una tradición
ancestral que, desde hace dos décadas, es muy cotizada
por los países del Mercado Común, especialmente
en Francia. Se trata de la adecuación
del barro a la vida actual, manifestado en la construcción
de losas, tejas y ladrillos.
Con el agua y la tierra por toda materia prima el artesano
rellena moldes de formas rectangulares, trapezoidales o cuadradas
y poste riormente pule sus imperfecciones con un listón.
Las piezas han de airearse durante unos días, fase
previa a la cocción en el horno moruno que se aroma
con leña de romero.
Suelos nobles, suavizados más tarde con un poco de
aceite por los usuarios que así lo prefieren, tejas
árabes y ladrillos trenzados o apilados de diversas
formas se conjugan para la construcción de hogares
rústicos o restauración de antiguos edificios.
Asimismo se conserva la artesanía manual del esparto,
talleres de madera, hierro, objetos de recuerdo, bordados,
y artesanía de perfolla, rafia, pita, caña y
mimbre.
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