
Superficie: 858.8 Km ²
Nº de habitantes: 25.257 (INE 2006)
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Altitud:
625 metros
Distancia a Murcia: 72 Km
Lugares de interés: Castillo y Santuario
de la Cruz, Torre de los Templarios, Fuentes del
Marqués, Templete del Baño de la Cruz
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El escudo de armas de Caravaca se ilustra con la cruz
de doble traversa, esmaltada en ocre, sobre una vaca bermeja,
contornada y acornada con diversos esmaltes y campo de
plata. Salvo ligeras variantes se viene utilizando desde
el siglo XIV. [Ver] |
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Panorámica
de Caravaca de la Cruz
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Vencido el alto del Carrascalejo y la ciudad de Begastri,
que en tiempos fue sede episcopal, el viajero se adentra en
el antiguo reino de Caravaca,
patria del poeta andalusí Abu Hasan Al-Abbas Al Caravaqui
y de uno de los grandes narradores de este siglo: Miguel Espinosa.
Reino en el año 700, encomienda de los Templarios,
monumental, fronteriza, santiaguista, renacentista y barroca,
la antigua Caravaca bastitana de Claudio Tolomeo se llamó
Carca.
Su paisaje es claro y apacible. Se extiende por campos y
sembraduras moteados de rebaños, viñedos, olmos,
pinares y arboledas. El aire perfumado de los amaneceres abaniquea
las hojas del olivar vecino y en la vega de los ríos
Argos y Quípar, bajo las alas de los álamos,
canta el agua y la pajarería. Aquí florece el
tomillo, la murta y el romero, la tierra se torna rojiza y
el verde de los pastos semeja un tapiz de esmeraldas.
Ocho cumbres superan los mil metros de altitud: sierras de
Gadea, la Pinosa, la Serrata, la Zarza, de las Cabras, Mojantes
y Vicario. En ellas anidan diversas aves esteparias; aguiluchos
cenizos, alcaravanes, gangas, ortegas... pequeños mamíferos,
jabalíes y, en menor grado, cabras monteses amenazadas
por cazadores furtivos y vehículos todo terreno (el
rally Trans-España ha atravesado en dos ocasiones esta
reserva cinegética).
Pero volvamos a esa ciudad de fríos amaneceres y cielo
claro que en 1998 fue depositaria de una gracia solemne: la
Bula de Concesión del Año
Jubilar in perpetuum. Tres motivos justificaron esta
concesión: La presencia durante 768 años de
la Vera
Cruz en Caravaca, el hecho de que la Reliquia sea
un símbolo de la muerte y redención de Cristo,
y que su conocimiento haya transcendido a gran parte del Occidente.
Con esta concesión, Caravaca de la Cruz obtuvo la misma
consideración religiosa que otras ciudades claves en
el cristianismo, poseedoras de las mismas prebendas religiosas,
como son: Roma, Jerusalén, Santo Toribio de Liébana
(Potes) y Santiago de Compostela.
Desde cualquiera de los caminos que llevan a Caravaca fascina
la silueta del Santuario
de la Vera Cruz, un bellísimo conjunto de armoniosas
formas y volúmenes que se alza sobre el punto más
elevado de la villa, protegido por gruesas murallas, nueves
torres y tres torreones con una sola puerta al poniente flanqueada
por dos torres cuadradas.
Caravaca, baluarte fronterizo en los numerosos enfrentamientos
con el reino de Granada, es íntima y sosegada, heredera
de una antiguo silencio que florece en el barrio medieval
salpicado de casas nobles con escudos de armas en sus fachadas:
calles de Las Monjas, Poeta Ibáñez, Santa Teresa
y María Girón.
A catorce kilómetros se halla la ermita
de La Encarnación y un complejo arqueológico
de gran trascendencia, pues acoge al único templo romano
de la Región edificado en el siglo II antes de Cristo
sobre las ruinas de un santuario ibérico.
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