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El cerro del Molinete

Los orígenes de Cartagena son tremendamente remotos. Algún historiador la relaciona con Contesta, asentamiento ibero-tartésico que fue cabeza de la Contestania. Otros citan a una población de origen mastieno llamada Mastia, encaramada en el cerro del Molinete y otros se decantan por el príncipe troyano Teucro, que llegó a estas costas en el año 1184 antes de Cristo.

Lo cierto es que seis siglos antes de Cristo el puerto de Cartagena figuraba en los itinerarios de fenicios y griegos. El caudillo cartaginés, Asdrúbal, la refundó 223 años a. C. sobre viejos asentamientos y la denominó Quart Hadas (Ciudad Nueva), evocando a su Cartago africana.

Conquistada por Publio Cornelio Escipión catorce años más tarde, recibió el nombre de Cartago Nova y se constituyó como una ciudad de primer orden, prueba de ello es la concesión del título oficial de Colonia Urbs Iulia Nova Cartago por el propio Julio César.

La riqueza mineral de Cartagena, que se extendía unos setenta kilómetros a los largo del litoral, atrajo a fenicios, cartagineses y romanos. Existe una hermosa leyenda que no comparte Posidonio. Diodoro de Sículo, Aristóteles y Strabón dejaron escrito que el fuego de unos pastoreshizo arder los bosques cartageneros y el incendio, fundiendo la tierra, la reventó en arroyos de plata. Lo cierto es que los romanos disponían de cuarenta mil hombres en las minas.

El puerto de Cartagena

A finales del siglo III, bajo el poder de Diocleciano, la ciudad padece una crisis social producto de la decancencia del imperio. Al producirse las invasiones bárbaras sufrió ataques de alanos y godos (419), vándalos (425) y suevos (441) la ciudad quedó muy mermada: Idacio, en su crónica de 425, asegura que en su marcha hacia la Bética devastaron Cartagena y pasaron luego al norte de Africa. Una centuria después, en el año 555 la ciudad recupera parte de su antiguo esplendor al convertirse en capital de los dominios bizantinos de Hispania.

Gerónimo Hurtado describe así la Cartagena del año 1589: El puerto es muy bueno y los marineros tiene por refrán que no hay navegación más segura que junio y julio y el puerto de Cartagena.

Panorámica de la Isla de Escombreras

Toda la costa de levante y poniente es algo áspera de piedras, donde hay muchos portichuelos y calas en que los navíos de moros se esconden y hacen daño. Al poniente está el cabezo de las Salinas, el de Roldán, la muela de la Higuera, el Pertux, Peñas Blancas y el Azohía. Al levante Escombreras, Portman, la cala de las Avellanas y Cabo de Palos, a cinco leguas pequeñas. Desviado un poco de la mar está el cerro de Sant Ginés de la Xara. Es casa de mucha devoción y frecuentación especial para los que navegan estos mares.

Cartagena incluye dentro de su población dos cerros: el del Castillo donde está la población más antigua y más fuerte con muro, y el del Molinete, donde hay un molino de viento; y en el valle dentre estos dos, que es llano, está lo más y lo mejor de la población.

Tiene en lo llano una iglesia aneja a la parroquial, que es Santa María de Gracia, donde hay Sacramento; y hay otras ermitas y hospital. Hay monasterios de Sant Francisco y Sant Agustín y Santo Domingo, fundado en mi tiempo.

Altar mayor de la iglesia Santa María de Gracia

Tiene Cartagena sólo dos puertas a tierra (Murcia y San Ginés) y tres a la mar, la del muelle, la de la pescadería y la del Arenal, donde se reparan y hacen los barcos y navíos.

Tiene su Magestad allí una casa muy grande y muy costosa frabricada para atarazanas y almacenes y abastimentos y municiones que no para habitación de príncipes. Acuden a este puerto navío de todas naciones a quien en nuestra España se da plática.

Al seno de la mano derecha del puerto tiene una boca que llaman el Acequieta, que es a la parte del poniente, por la que cuando llueve mucho o corren vientos meridionales sube la mar hasta el otro lado del puerto hacia lo antiguo de la ciudad, que es al levante, y allí se ensancha mucho más de manera que casi hace isla la ciudad, aunque por la parte del norte que es la salida a Murcia va angosta y honda de manera que con una puentecilla baja y de hasta veinte pies de largo se atraviesa. Llámase todo esto Almarjal. Puede salir desde la mar un barco pequeño por todo él, si la puentezuela no lo estorbase; y pescase en él mucho pescado bueno particularmente anguilas muy sabrosas.

Treinta años después de esta descripción, Sisebuto redujo prácticamente el dominio bizantino a Cartagena, hasta que entre los años 621 y 623 Suintila toma la ciudad. Según San Isidoro fue arrasada y destruída hasta sus cimientos. Aunque algunos historiadores citan a Cartagena como objeto de una invasión musulmana paralela a la acontecida en Gibraltar (711), no existen datos fidedignos.

La recuperación de la ciudad debió ser muy espaciada. Hay constancia de que en el siglo IX existía un fondeadero en Escombreras y el geógrafo Al Udri, en el siglo XI, la cita como Qartayanna al Halfa (la Cartagena del esparto). En el año 1245, tras el cerco y asedio de las tropas de Fernando III de Castilla, es reconquistada por los cristianos. En 1246 se le concede el Fuero de Córdoba y en 1250 se crea el Obispado de Cartagena. Las guerras, la piratería, las epidemias y la crisis comercial azotan la zona a tal extremo que el obispo trasladó en 1291 la sede del obispado a Murcia.

A finales del siglo XIV la opulenta y esplendente Cartago Nova apenas contaba con quinientos vecinos y el campo se hallaba prácticamente deshabitado. La conquista de América y la consiguiente reactivación del comercio devuelve a Cartagena el protagonismo de su puerto. Arriban a él mercaderes franceses y genoveses y la ciudad multiplica su número de habitantes por diez.

Tras un nuevo período de epidemias y empobrecimiento, se inicia una cierta expansión y surgen poblados como Pozo Estrecho y La Palma.

Murallas del Mar

El siglo XVIII comienza con la Guerra de Sucesión (1702-1713) y Cartagena es tomada en 1706 por la escuadra de Leake para el archiduque de Austria, siendo reconquistada y saqueada cinco meses más tarde por las fuerzas borbónicas del obispo Belluga y del Duque de Berwick.

El nombramiento de capital del Departamento Marítimo del Mediterráneo y la construcción del Arsenal, del Hospital Militar, de la Muralla del Mar y de los castillos de Galeras, de los Moros y de la Atalaya, constituyó un notable renacimiento comercial, industrial, administrativo y agrícola.

Cartagena fue uno de los escasos núcleos de población que se libró de la ocupación francesa. Tenía entonces más de veinte mil habitantes. Durante seis meses, entre julio de 1873 y enero de 1874, se produjo un movimiento independentista, romántico y federalista contra el gobierno de la I República, acaudillado por Antonete Gálvez. Durante el período cantonal se decretó el divorcio, se derogó la pena de muerte, se acuñaron monedas y la ciudad sufrió intensos bombardeos.

Cartagena vivía desde 1850 la resurrección de la minería que conllevaría el florecimiento del estilo modernista que aún le confiere unanotable perso nalidad. El siglo XX trajo el declive de la minería y un agudo retroceso demográfico. La crisis mundial de 1929 afectó a la industria naval y los intensos bombardeos padecidos durante la guerra civil volvieron a sumirla en un proceso regresivo.


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