Documentada la presencia de sus primeros pobladores en el
Paleolítico Inferior por los yacimientos de El Cerco,
Montesinos y Las Gateras, también hay constancia de
que la sierra
de Santa Ana, la cueva del Monje y el poblado de El
Prado (muy cerca de la villa actual) fueron ocupados durante
el Epipaleolítico, Neolítico y Eneolítico
(son reseñables las manifestaciones de arte rupestre
halladas en la cueva del Peliciego, La Calesica y el Canto
Blanco).
Las tribus indígenas iberas que vivían en lugares
abruptos y de fácil defensa fortificaron un poblado
en la ladera meridional del Cerro del Castillo (origen de
la actual ]umilla), del que se han encontrado monedas acuñadas
con el nombre de Samala, topónimo que los historiadores
atribuyen a la ciudad.
Desde el siglo I d. C., existen en la planicie jumillana abundantes
testimonios de villas romanas destinadas a tareas agrícolas.
Los manantiales y riachuelos de la zona fueron determinantes
para la continuación de este poblamiento rural hasta
el siglo IV, que prosiguió el tradicional cultivo de
cereales y los nuevos implantados por los romanos, como el
de la vid, de tan notable repercusión en el municipio.
En un solar junto al antiguo paso a nivel de la línea
férrea Cieza-Villena, se encontró una imagen
de Hypnos (dios del sueño) y un busto de varón
pertenecientes a la época imperial romana (probablemente
al siglo II d. C.). Por una serie de vicisitudes, la estatuilla
de bronce del dios del sueño (0,715 metros de altura)
se conserva en el Museo Arqueológico de Berlín.
En 1993, al cumplirse el centenario de su descubrimiento,
volvió a ]umilla formando parte de una exposición
sobre el Hypnos jumillano y el reflejo de la mitología
en la plástica de la Región de Murcia. En el
año 713 Jumilla es incluida en la Cera de Tudmir.
Desde la llegada de Abd el Aziz, la ciudad recobra su antiguo
esplendor, destacando (como ya se ha citado) la presencia
de varios eruditos que incorporaban a su nombre la condición
de ser jumillanos (al-Yumalli).
En 1243 se firma el Tratado de Cazorla entre el príncipe
Alfonso y el taifa Abenhudiel. Veinte años más
tarde, Alfonso X pide ayuda a Jaime el Conquistador para hacer
frente a una sublevación mudéjar, y el rey de
Aragón toma el castillo y repuebla el territorio con
ochenta caballeros. Aún perduran sus apellidos entre
la actual población.
En 1287 Jumilla pasó a depender del reino de Aragón,
pero la intransigencia de los alcaldes aragoneses dio lugar
a que el infante Fadrique asaltara la fortaleza y a que el
rey Pedro I el Justiciero concediera la primera Carta de Privilegios.
Donada en 1454 al marqués de Villena, la villa vivió
un gran desarrollo agrícola y urbano hasta 1813, en
que fue saqueada por las tropas francesas, que permanecieron
acantonadas durante un año en el castillo.
Nuevamente, las cosechas de vino y cereales, unidas a la producción
de esparto, favorecieron la recuperación agrícola
y urbanística. ]umilla volvió a conocer años
de gloria con la edificación de numerosas casas de
estilo modernista, la construcción del Teatro
Vico y el florecimiento de la vida cultural.
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