
Superficie: 56.5 Km ²
Nº de habitantes: 4.243
(INE 2006)
Altitud: 168 metros
Distancia a Murcia: 22 Km
Lugares de interés: Iglesia de San
Bartolomé
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Quien
desee ir de Murcia a Almería, debe
caminar de Murcia a Cantara-Eskeban (es
decir, Alcantarilla), de allí a Hissa-Librila
(que hoy se llama Librilla) y a Hissn-al-hammad
(Alhama) y a Medina Lorca, que es una ciudad
importante, y tiene zocos o mercados y un
arrabal en la parte baja de la ciudad, cercado
de murallas en el cual están el zoco,
la aduana y el zoco de los drogueros.
(Xerif al Edrisi).
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El
blasón de la villa es de formato cuartelado. En
el cuerpo superior izquierdo figura un león rampante
en oro sobre campo de gules y en el derecho, sobre campo
de sinople, un barranco color de plata. En el tercer cuadrante
hay tres flores de lis y en el cuarto, sobre campo rojo,
dos castillos dorados. Este escudo, producto de la investigación
de Carmen Melendreras, hija predilecta del municipio,
fue aprobado en 1976. Anteriormente, en uno de los cuadrantes
se mostraba una liebre, por considerar que el topónimo
de la villa era una derivación del término
liebrecilla. [Ver] |
Durante la dominación musulmana, la antigua Hissa-Librila
fue un destacado enclave estratégico.
Disponía para su defensa de una fortaleza dotada de
siete torreones y anchas murallas desde donde se oteaba el
valle del bajo Guadalentín, camino ineludible para
los viajeros que hacían la ruta de Murcia a Al-Andalus.
Parada obligatoria, lugar de descanso y cambio de caballerizas,
sus vecinos, al socaire de las idas y venidas de jinetes y
caminantes celebraban mercados para vender o intercambiar
aperos de labranza, tejidos, comida y atalajes.
Agrícola y comerciante, Librilla, que aún guarda
en sus calles las voces y hábitos del pasado, rememora
en el mes de agosto una tradición antiquísima,
la
pitanza, de connotaciones medievales.
Al abrigo de las sierras de la Muela y de Carrascoy, regada
por el río Guadalentín que aquí llaman
Sangonera, el municipio está surcado por numerosos
ramblizos y barrancas que bajan de las sierras: la rambla
de Belén marca los límites con el municipio
capitalino, la de Algeciras nace en un cabezo lindero con
Alhama (El Castellar) y agrieta el paisaje a lo largo de cuarenta
kilómetros, y la de Librilla estrecha el cauce del
río Orón y divide en dos el corazón de
una ciudad que siglos atrás presumía de bellos
campos donde espigaba el trigo, la cebada, el arroz y la morera.
Ahora, a uno y otro lado del antiguo camino de Andalucía,
florecen grandes extensiones de limoneros y, en menor grado,
de naranjos, almendros, melocotoneros, vides, pomelos y perales.
Las aguas del trasvase Tajo Segura y el riego por goteo han
verdecido estas fértiles tierras de labor que hasta
hace sólo unas décadas supieron del paso cansino
de rebaños trashumantes que venían desde los
campos de Castilla a hacer la invernada.
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