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| Fiestas
en honor a san Bartolomé |
Dentro de la Semana Santa de Librilla, son cuatro
cofradías repartidas en seis procesiones las que se
pueden contemplar: las del Cristo del Perdón, Cristo
de la Consolación, Nuestro Padre Jesús Nazareno
y San Juan.
El Viernes Santo, con las procesiones del Encuentro y del
Santo Entierro, es el día más señalado.
El ornamento floral es una de las características de
estos desfiles que aguardan la declaración de Interés
Turístico Regional.
Los librillanos festejan el carnaval, la Cruz de Mayo y la
septembrina romería de Belén, pero la celebración
de más arraigo son las fiestas
patronales de San Bartolomé, entre los días
20 al 24 de agosto, con un programa repleto de actividades
religiosas, folklóricas, deportivas, cabalgatas, cucañas,
verbenas y juegos infantiles concitando la presencia de numerosos
vecinos del valle del Guadalentín.
El festejo más tradicional de estas Fiestas Patronales,
es el conocido como
"las Pitanzas". La Pitanza es un panecillo
redondo, de unos 200 gramos de peso que es lanzado a millares,
desde hace siglos, desde los balcones de la Casa Consistorial
de Librilla. Esta tradición, de carácter único,
hunde sus raíces en la Edad Media, cuando desde el
torreón de la antigua fortaleza, emplazada donde hoy
se encuentra la Iglesia Parroquial de San Bartolomé
Apóstol, se entregaba pan a los habitantes de extramuros
en épocas de carestía.
Dicho acto se viene precedido en la la mañana del
día 22 de agosto con un pasacalles denominado de
la recogida de la harina, donde la corporación
municipal con el Alcalde a la cabeza, Comisión de Festejos
y Reinas de las Fiestas, recorren el pueblo acompañados
de una agrupación musical recogiendo por cada hogar
una bolsa de harina o su equivalente en metálico.
La Pitanza de Honor es lanzada, cada año,
desde los balcones del Ayuntamiento de la Villa, el día
22 de agosto, por un personaje conocido. Después serán
lanzadas por las Reinas de las Fiestas y por último,
bellas señoritas de la localidad lanzarán el
resto de panecillos a cuantos esperan ansiosamente llevarse
a casa la preciada pitanza, porque cuenta la tradición
que en la casa donde se guarda una pitanza
no habrá hambre en todo el año. Por este
motivo, como ordena la costumbre, la pitanza del Santo Patrón
se guarda celosamente para que el Apóstol propicie
y bendiga todos los días del año el alimento
familiar.
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