En el término municipal se han localizado vestigios
argáricos de relativa importancia y entre el vecindario
se alimenta la leyenda de que en estos contornos se libró
la histórica batalla de cartagineses y romanos en la
que pereció uno de los hermanos Escipiones.
Pero, a causa de su enclave fronterizo, Puerto Lumbreras ha
carecido de asentamiento de población permanente hasta
el siglo XVII, aunque fue camino obligado de los ejércitos
musulmanes en su intento de recuperar el castillo de Lorca.
En el llamado cerro del Castillejo, situado entre la rambla
de Nogalte y la sierra de Enmedio, se conservan lienzos de
la muralla del alcázar que dominaba el paisaje, pero
el verdadero control de la frontera del Reino de Granada lo
ejercieron las fortalezas de Tirieza y Xiquena.
Ligado desde sus orígenes al devenir histórico
y económico de Lorca, la rambla de Nogalte fue punto
de encuentro de agricultores y ganaderos que vendían
o trocaban su mercancia en ese cauce habitualmente seco donde
todavía, a pesar de la trágica avenida de 1973,
se sigue celebrando el mercado de los viernes y los niños
vuelan cometas bajo el azul de un cielo sereno y rutilante.
El establecimiento provisional del Mercado
de ganado a orillas de la rambla de Nogalte es el
paso previo a la instalación de un recinto estable
dotado de cuadras, oficinas y espacios vallados. Se cumple
así el propósito del Ayuntamiento de potenciar
el sector ganadero y celebrar con carácter bianual
un mercado monográfico.
En esas orillas se instalaron los primeros lumbrerenses, aquellos
esforzados agricultores y ganaderos que habitaban en el llano
o bajaban del Cabezo
de la Jara, hermoso y encumbrado paraje donde abunda,
sorpresivamente, la encina centenaria. Y es que, hasta la
Edad Media, los montes del antiguo Puerto de las Lumbreras
-uno de los sectores más áridos del continente
europeo-, fueron abrigo de una fauna y flora que hoy provocaría
perplejidad.
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