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Superficie: 634.1 Km ²
Nº de habitantes: 16.283 (INE 2006)
Altitud: 317 metros
Distancia a Murcia: 34 Km
Lugares de interés: Castillo de los Fajardo, Castillo de los Vélez, Santuario del Niño de Balate, Real Monasterio de la Encarnación

En lo alto de uno de sus collados vimos al rey don Alfonso, aquel que entre los reyes de España mereció el nombre de Sabio, el cual, con gran elevación de ánimo, levantando a los ojos un astrolabio, observa en la parte austral del cielo entre las constelaciones de Hércules y Bootes, la latitud de la corona de estrellas de Ariadna, sin advertir que al mismo tiempo le quitaban la suya de la cabeza.
(Saavedra Fajardo. La República Literaria)

En campo de plata un castillo en el centro del blasón; sobre él, un aguila negra con las alas extendidas. Debajo de la fortaleza una mula vuelta hacia la izquierda. A veces se ha reproducido con dos mulas a los lados del castillo.[Ver]

Panorámica de Mula

En las noches de mayo el cielo de Mula es un bullir de estrellas. Una luna mora ilumina las montañas y las tiñe de un azul misterioso. Sabido es que Alfonso X, filósofo, poeta y astrólogo, creía en la influencia de las piedras y de los astros.

Cuando aún era Infante, pertrechado de ballesta y armadura, cabalgaba de anochecida por esta vega hacia las estribaciones de Espuña para cazar rebecos y jabalíes.

Según el Libro de la montería de Alfonso XI, en aquellos años había abundancia de osos en todos los montes del interior de Murcia (existen sorprendentes testimonios de partidas de caza por las sierras de Lorca, y en antiguos textos árabes -las muy nobles fieras de Al-Andalus-, se confirma la presencia de osos que los notables musulmanes mataban a lanzazos, junto a las playas de Águilas).

A mediados del siglo XIII, Cartagena, Lorca y Mula eran los únicos enclaves del Reino de Murcia que oponían resistencia al Infante. Tras prolongado asedio al castillo de Mula dirigido por Pelayo Correa, maestre de la orden del Temple, el propio Infante envió un ultimatum al alcaide, Alboazen Boely, que se negó a entregar la villa con una frase retadora: 'Ganarás la ciudad cuando la mula haya parido'.

Cuando la respuesta llegó al campamento era noche cerrada. En el cielo de mayo bullían los astros y una luna árabe iluminaba las montañas tiñéndolas de un azul misterioso. Alfonso X, que probablemente observaba la corona de estrellas de Ariadna, montó en cólera, formó a su ejército, asaltó la fortaleza, liberó a mil cautivos cristianos, tomó posesión de las casas y tierras de labor, consagró dos mezquitas y regresó a Toledo dejando en el castillo para su defensa a ochenta caballeros, comendadores, ricos hombres y nobles adscritos a órdenes militares.

Desde entonces, en esta población levantada a orillas de un riachuelo, con buenos muros y en lo alto fuerte alcázar torreado, que rendía pan, vino, aceite, toda clase de frutas, pasas, hortalizas, seda, aves, caza y, a media legua, salutíferos baños, se perciben las huellas de aquellos hijosdalgos que trajeron sus armas y apellidos desde Galicia, León, Vizcaya y Castilla.

Castillo de Alcalá

El eco de los Saavedra, Luna, Párraga, Melgarejo, Llamas, Camacho, Campos, Valcárcel, Sánchez de Galinsoga, Blaya, Molina, Guillén, Aparicio, Cueto, Portillo, Coy, Pelayo, Hita o Carreño discurre por las calles sinuosas y arriscadas que preceden al castillo de los Fajardo, como si aún celebraran la victotoria acaecida el 23 de mayo de 1243.

La villa de Mula conserva el mismo pendón, sello y escudo que, entre otras mercedes, le otorgó Alfonso X en agosto de 1245: un águila negra con las alas extendidas planeando sobre un torreón orlado con varios castillos. La fortaleza se alza entre las vegas de los ríos Mula y Pliego. Trazada por Luis Fajardo, a instancias del marqués de los Vélez, terminó de construirse hacia el año 1524, bajo el reinado de Carlos V: Imperante Carolo V Cesare Hispaniarum Rege, Domino suo, según reza una lápida en la que se asegura que el castillo se levantó sobre una anterior fortaleza visitada por el emperador Antonio Augusto Pío (en realidad la lápida fue colocado por el marqués de los Vélez para ajustarse a una orden del emperador que autorizaba la reedificación de viejos castillos pero negaba las nuevas construcciones).

Torre o Ermita Vieja

No es el único reducto defensivo de la zona. La comarca de Mula es tierra de castillos, prueba de la importancia que los árabes concedieron a este enclave. Cinco kilómetros al este de la villa, sobre un cerro en forma de pirámide, amesetado en su cumbre, el llamado castillo de Alcalá (Puebla de Mula) vigila el curso del río. La construcción conserva restos de algunas torres, un amplio lienzo de muralla y, en su interior, doce aljibes rectangulares (al oeste del cerro hay una senda horadada en la roca que permite el acceso).

Otra atalaya, conocida por los habitantes de la Puebla como La Ermita, domina el cauce del río Mula desde la propia población. Se trata de una torre cuadrangular de notables dimensiones de la que sólo es visible el lienzo amurallado de la puerta de acceso y un costado, pues está rodeada de viviendas. Mula aún ha de depararnos una gratísima sorpresa.

El Museo de Arte Ibérico formado con los fondos arqueológicos del santuario y necrópolis de El Cigarralejo excavados durante cuarenta años por un muleño ilustre: el arqueólogo Emeterio Cuadrado. Instalado en el antiguo palacio del marqués de Menahermosa, la valiosísima colección de armas -única en la península-, ajuares, cerámica y aperos de labranza muestra la evolución de un poblado ibero entre los siglos IV al II a. d. Cristo.


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