
Mula conserva una tradición que probablemente tenga
su origen en aquellos hidalgos que acompañaron al Infante
Alfonso en el asedio de la villa: el Martes Santo,
a las doce de la noche, los muleños celebran una tamborada
que se prolonga durante 24 horas.
Vestidos con túnicas y capirotes negros, más
de 12.000 tamboristas redoblan sus instrumentos apenas el
cornetín de órdenes resuena en la plaza del
Ayuntamiento. En los últimos años se desplazan
desde Moratalla y Hellín otros tamboristas que compiten
con distintos redobles. El arraigo del festejo y la afluencia
de visitantes ha obligado a reproducirlo durante el Viernes
Santo y el Domingo de Resurrección.
Declarada de Interés Turístico Regional, la
tamborada abre los desfiles de Semana Santa. La procesión
de la Samaritana, organizada por la Hermandad de Nuestra Señora
del Carmen es la más antigua (1606).
El arraigo de la tamborada ha propiciado la existencia en
Mula de tres talleres artesanales. El tambor se compone de
una chapa metálica circular y dos pieles -una de cabra
y otra de oveja- sujetas por sendos aros de madera atornillados.
El puente y los bordones proporcionan la musicalidad al instrumento.
El Jueves Santo desfila la procesión de Jesús
Nazareno y a medianoche la del Silencio.
Tres imágenes comparten el fervor del pueblo muleño:
El Niño
de Balate, cuya hermandad ha iniciado los preparativos
del Año Jubilar, la Virgen del Carmen y San
Felipe, patrón oficial de la villa.
Las Fiestas Patronales tienen lugar en la segunda quincena
de septiembre, llevándose a cabo distintas actividades
lúdicas, deportivas, culturales y deportivas, además
de las acostumbradas procesiones y romerías. El
Niño de Balate goza de la devoción de toda
la comarca desde el siglo XVII, al igual que San Felipe, cuyos
restos fueron enviados en 1648 por la marquesa de los Vélez
para atajar la epidemia de peste.
El 15 de mayo, festividad
de San Isidro, se celebra un desfile de características
huertanas, con actuación de rondallas y grupos de baile.
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