
Superficie: 24.8 Km ²
Nº de habitantes: 16.082
(INE 2006)
Altitud: 115 metros
Distancia a Murcia: 60 Km
Lugares de interés: Casa del Piñón,
Plaza del Mercado, Iglesia del Rosario
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Malditos
sean los dineros que ganamos en las minas;
yo gastármelos prefiero aunque viva
en la ruina, por si de pronto me muero.
Las mujeres de la sierra, para dormir a
su niño, en vez de cantarle el coco
le cantan un fandanguillo, y lo duermen
poco a poco.
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Blasón
partido. A la derecha, sobre campo de gules, lámpara
minera con marro y pico cruzados. A la izquierda, cinco
abejas de plata sobrevolando unos montes.[Ver] |
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Festival
Nacional de Cante de las Minas
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Administrativamente, como núcleo urbano, La Unión
nació en el año 1868 a raíz de la fusión
de los caseríos de Herrerías y El Garbanzal,
enfrentados desde la segregación del municipio de Cartagena
en 1859.
Era la época dorada de la minería -plata, zinc,
hierro y plomo, especialmente- que se prolongó hasta
los albores de este siglo, cuando el censo llegó a
superar la cifra de 30.000 habitantes, tres veces mayor que
la población actual.
En la década de 1920 la desesperanza hizo nido en aquella
'Nueva California' expoliada desde la antigüedad por
fenicios, cartagineses y romanos que llegaron a disponer de
40.000 hombres en la zona. Tanto esplendor, tal despliegue
de efectivos humanos lleva a citar la descripción de
un incendio acaecido en los entonces frondosos montes unionenses
que, debido a la extrema temperatura, provocó que por
las laderas se deslizaran arroyos de plata.
En apenas veinte años la ciudad vió disminuir
su censo de población en un 70%. De los más
de 30.000 vecinos registrados en 1910 sólo 11.776 permanecían
en 1930, y tres años después, en un solo año,
llegaron a clausurarse 404 explotaciones mineras.
Cantada por poetas y literatos, descrita por Giménez
Caballero como «una ciudad fuera del orden general
de los pueblos españoles» y equiparada por
César González Ruano a un esqueleto de Far-West.
La Unión es tierra de insolidaridades y esperanzas,
de pitas y albardines, de cresterías decapitadas, castilletes,
malacates, traviesas, montes grises veteados de una policromía
en la que predominan las tonalidades siena, malva y bermellón.
Al compás de tanto dolor y de tanta gloria, cada agosto
renace en los viejos caseríos de Herrerías y
El Garbanzal un acontecimiento de hondo arraigo en el municipio
y en el universo flamenco, fruto de la cultura de aluvión
forjada en torno a la mina: el Festival
Nacional del Cante de las Minas, máximo exponente
del acervo cultural de la villa.
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Atardecer
en la Bahía de Portman / Imagen enviada por Antonio
García Sanmartín
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Desde que en 1961 se celebró en la Terraza Argüelles
la primera edición, en este paisaje insólito
se ha recuperado una manifestación cultural dignificada
por gentes como 'El Rojo el Alpargatero', un malagueño
que en 1885 emigró a La Unión y asumió
la trascedencia de unos cantes que conjugan las voces autóctonas
y las andaluzas maridadas en estos cabezos al rumor de la
plata y del lamento de los desheredados: el taranto -cuna
del cante minero-, la levantica, la taranta de raíz
almeriense, la malagueña, la soleá, el martinete,
la cartagenera grande o la de El Rojo el Alpargatero.
La Unión tiene otra herida abierta: la Bahía
de Portmán, ese enclave legendario que los
romanos llamaron Portus Magnus, cubierto hoy por una compacta
y profunda losa de mineral formada por los residuos que durante
años se vertieron sobre las cristalinas aguas de la
ensenada.
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