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Cuchillos, navajas y tijeras
Navajas

Albacete. Tipología de sus navajas (de arriba abajo y de izquierda a derecha): de anilla, tranchete, de fieles, machete, punta cortada, sevillana, jerezana, pastora, cabritera, de Albacete, lengua de vaca o capaora, punta de espada, estilete y bandolera. (Museo de Albacete. Artesanos: Hermanos Expósito).

 
 
 

Las hojas tenían un solo filo y se adornaban con grabados hechos a buril y a punzón o al aguafuerte, siendo frecuente la técnica mixta. Se empleaban también el calado y las incrustaciones de latón u otros metales. Era muy frecuente que se labrasen estrías pintadas en rojo. Los diseños son variados y reflejaban las modas de cada época.

Todo ello se podía complementar con inscripciones, en las que suele figurar el nombre y marca del artesano, cronología y lugar de fabricación y, frecuentemente, una leyenda o lema cuya naturaleza dependía casi siempre de uno de estos casos:

- Si la navaja era de encargo, figuraba el nombre y, generalmente, el título del destinatario.

- Si la pieza no era de encargo, tenía alguna de las variadas frases tradicionales y pintorescas al uso que, muchas veces, estaban relacionadas con su utilidad como arma.

El mango, que seguía la forma curva del filo de la hoja para cubrirlo y protegerlo, tenía cachas de asta de toro, ciervo o cebú, hueso, pata de ciervo o cabra, madera, marfil o nácar. Estos materiales aparecían utilizados aisladamente o mezclados entre sí y casi siempre con elementos metálicos. Lo habitual es que fueran de cuerno con chapas de metal adornadas con grabados.

Era característico el resorte o muelle, denominado de varilla, que tenía como objeto el mantenimiento firme de la hoja por la presión que sobre ella ejercía la estrecha lámina de acero encajada entre las cachas. El modelo más común era el que tenía la hoja con talón de varios piñones que, al abrirse la pieza, iban rozando el ojo del muelle, al ir alojándose dentro de él, y produciendo esos sonidos tan característicos de las navajas albaceteñas -la carraca-. El último piñón sirve de tope y mantiene fija y enhiesta la hoja. Con objeto de facilitar la operación de cerrarla, en la segunda mitad del siglo XIX se les fue incorporando la pestaña.

Los tamaños eran muy variados, y hoy las podemos encontrar desde las que miden pocos centímetros hasta las de más de un metro abiertas. Las formas dan una rica tipología que, sin duda, ha ido ampliándose con el paso del tiempo y en la que los diseños de las hojas y de las puntas han sufrido transformaciones para ir especializándose en diferentes funciones. Podemos distinguir las clases siguientes: albaceteña, bandolera, cabritera, capaora o lengua de vaca, de fieles, de anilla, de monja, estilete, jerezana, machete, pastora, punta cortada, punta de espada, sevillana y tranchete.

 
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