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El siglo XVII
Lagunas de Ruidera, verdadero corazón literario de Albacete y de toda la Mancha.

 


El jesuita P. Sebastián Izquierdo (Alcaraz, 1601-1681) está considerado como "uno de los escasos españoles del siglo XVII que realizaron aportaciones de relieve al desarrollo de la metodología científica y de las matemáticas", y como "una de las contribuciones más decisivas para la historia de la Lógica". Su obra más importante, el Pharus scientiarum, pretende una ampliación de los métodos de Aristóteles, Lulio, Descartes y Bacon, intentando lograr una Ciencia de la Ciencia o un Arte General del Saber. Expone los métodos científicos de la época y añade varios adelantos a la ciencia moderna. Distingue entre física y metafísica, dice que los fundamentos de todo conocimiento son la experiencia y la observación y propone diez instrumentos del método científico, entre los cuales destaca la combinatoria.

 


La lógica, transformada por la combinación, supone una ruptura con la mayoría de las escuelas de la época. Estamos ante una línea de pensamiento originalísima en el siglo XVII, por la que Izquierdo ocupa un puesto de honor en la historia de las Matemáticas, siendo considerado en este sentido como un inspirador de Leibniz y de los matemáticos modernos, y precursor de los racionalistas, parangonándose con ellos en valía filosófica. En su Opus Theologicum plantea otras interesantes cuestiones de filosofía natural, aunque partiendo siempre de una perspectiva teológica. Sus restantes obras, de carácter ascético místico, aunque fueron muy populares, tienen hoy menos importancia para la historia del pensamiento español.

Cristóbal Lozano (Hellín, 1609-1667) es uno de los autores más populares del siglo XVII español. Sus obras más famosas, David Perseguido, Soledades de la vida y desengaños del mundo y Los Reyes nuevos de Toledo, alcanzaron un éxito sin igual en las postrimerías del Siglo de Oro, con numerosas reimpresiones e imitadores. Olvidado por la crítica neoclásica, la fama de Cristóbal Lozano brotó de nuevo con el Romanticismo, donde sus obras constituyeron un filón inagotable para los mejores poetas y dramaturgos románticos, que veían al escritor hellinero como un auténtico precursor de sus ideas estéticas. Entre sus imitadores se cuentan los españoles Zorrilla, Hartzenbusch, García Gutiérrez, Espronceda, Bécquer, y los extranjeros Merimée. Addison, Alfieri, Maeterlinck, France, Flaubert, Voltaire, Lezzani... Quizá en ello resida la mayor gloria literaria de Lozano, y por esta circunstancia debe figurar en un puesto de honor en la historia de la literatura española y universal.

Cristóbal Lozano cultivó casi todos los géneros literarios. Entre sus obras en prosa las hay didácticas, ascético-históricas, histórico-novelescas y novelescas. Fue también excelente poeta y dramaturgo. Pero lo mejor son las variadísimas anécdotas y ejemplos que salpican las páginas de sus libros, que constituyen una verdadera antología de cuentos universales. Cristóbal Lozano puso algunas de sus obras, aquellas que se contradecían un tanto con su condición de sacerdote, a nombre de su sobrino Gaspar Lozano Montesinos (Hellín, 1640), también gran escritor, quien terminó muy dignamente algunas partes de las obras de su tío, que éste había dejado inconclusas a causa de su muerte.

El jesuita Antonio Rubio (La Roda, 1548-1615) fue durante más de 25 años profesor de teología y filosofía en Méjico y, más tarde, en Alcalá de Henares. Aunque toda su obra gira alrededor de Aristóteles, Menéndez Pelayo lo considera un tomista disidente. Su libro más famoso, Lógica Mexicana, por estar redactado como resumen de sus lecciones en aquella Universidad, fue señalado también como libro de texto en la Universidad Complutense. Domingo Henares, último estudioso de su obra, dice que el P. Rubio "es una de las figuras más destacadas del Renacimiento europeo y, por supuesto, de la época colonial de América. Dada su época, imbuida de la lógica de París, se destaca este jesuita por su clara posición antinominalista". La vigencia de sus obras quedó esclarecida por el gran número de ediciones que se hicieron en diversas ciudades de España, Europa y América.

Manuel Ramírez Cerrión (Hellín, 1579-1650) dedicó su vida a la enseñanza de los sordomudos, consiguiendo maravillosos resultados. Como inventor del método de hablar con los signos de la mano, está considerado como uno de los grandes precursores de la enseñanza de esta minusvalía, y su gloria es comparable, si no superior, a los grandes maestros extranjeros de esta materia. Ramírez de Cerrión fue también tratadista y escritor de ciencias naturales.

 
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