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La cocina de Albacete se descubre
paso a paso siguiendo las fiestas populares a través
de todo el año. Empieza enero apurando los restos de
los mantecados de Navidad y haciendo unos bollos o roscos el
día de Reyes para tomarlos con chocolate. Para San Fulgencio
y San Antón, 16 y 17 de enero, en todos los pueblos de
la provincia se celebraba una gran fiesta. En Casas Ibáñez
se hacía pan bendito en la casa de un mayordomo de San
Antón.
El pan bendito consiste en unas tortas
de masa de pan con aceite, del tamaño de una lata de
horno, a la que se le hacen unos adornos cortados y de picos,
propios de este día. Se le pone encima bastante miel,
y se clavetea con almendras, anises y matalahuva; al salir del
horno adquieren un brillo precioso y son riquísimas.
Se llevaba en canastos a la iglesia y en la misa de San Fulgencio
se bendecía: a continuación salía el mayordormo
con un cesto de tapas, con el pan dentro, seguido de tambor
y la dulzaina recorriendo las aldeas y huertas cercanas, vendiendo
este pan. Las mujeres salían a la puerta para comprarlo
y le echaban un trozo a los animales. En la actualidad sólo
ha quedado la tradición de hacer el pan bendito y lo
comen únicamente las personas. En otros pueblos se hacen
grandes panes rellenos de salchichas y lomo, o tortas con sardinas
saladas.
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