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Romanos y visigodos

Roma construyó su Imperio sobre una sólida red viaria. El antiguo "Camino de Aníbal" atravesaba la provincia en dirección este-suroeste, entrando por Caudete para dirigirse hacia el Cerro de los Santos, de aquí por Corral Rubio y Pétrola a Saltigi (Chinchilla), cruzaba la llanura por Los Llanos y Parietinis (Los Paredazos), y se internaba en el Campo de Montiel por Libisosa (Lezuza), desde donde tomaba dirección SW hacia la provincia de Jaén.

 
Capuchinos (Caudete). Cierva ibérica, siglo V a.c. Museo de Albacete

 

Aunque el camino se mantuvo, perdió importancia a partir del año 8 a. C. en que se abrió la vía Augusta o vía costera entre Levante y Andalucía. No obstante, otras vías, también antiguas, adquieren importancia; así, un eje norte-sur entre Complutum y Carthago Nova pasando por Chinchilla y el Tolmo de Minateda, y otro que a partir de Lezuza se dirigía hacia el Oeste en dirección a Laminio y Emerita Augusta.

La única ciudad citada en las fuentes clásicas es la Colonia Libisosa Forum Augustana, fundación de Augusto quizá para los veteranos, perteneciente a la tribu Galería y con derecho itálico, según Plinio. Situada sobre un cerro que dominaba la vía, de la misma proceden importantes hallazgos como la cabeza de Agripina, esposa del emperador Claudio, e inscripciones, una de las cuales hace mención a la colonia.

 
El Amarejo (Bonete). Carnicero de cerámica polícroma. Siglo III a.c. Museo de Albacete.


Por otra inscripción sabemos que en Los Villares de Elche de la Sierra hubo una curia, por tanto un municipio, y otro epígrafe más recientemente descubierto da a conocer los nombres de dos de los magistrados del municipio enclavado en el Tolmo de Minateda. El valle que domina este último yacimiento estuvo tempranamente poblado por numerosas villas de carácter agrícola.

Los primeros siglos de hegemonía romana debieron de aportar estabilidad política y económica. La población se agrupó en torno a las vías de comunicación y fértiles valles de los ríos Júcar y Segura, donde los establecimientos de tipo agrícola abundaron. Así existe una correspondencia entre dichas zonas y los hallazgos proporcionados por la arqueología. La población indígena asimiló pronto la cultura romana, ya que numerosos lugares muestran esa continuidad, como El Tolmo de Minateda, yacimientos en la Cuenca del Júcar, otros situados en el Corredor de Almansa, y buena parte de los localizados en la comarca de Hellín-Tobarra. Las explotaciones agrícolas se beneficiaron de la situación estratégica en que se ubicaban, y los productos de importación son buen índice al respecto (valga como ejemplo el ajuar de bronce de El Salobral, Albacete). Pero también el paso de tropas, sobre todo durante los siglos primeros y últimos del poderío romano, ha dejado huellas en pequeños objetos de uso personal como las fíbulas o prendedores para la ropa.

Aparte de El Tolmo de Minateda, la continuidad de la población queda bien patente en Balazote, donde al elemento indígena se sumó la construcción de una magnífica villa dotada de un gran complejo termal. Posee diversas estancias relacionadas con los baños: el apodyterium o sala para desvestirse, un tepidarium y al menos un caldarium, y dos piscinas separadas por un pavimento de mosaico. La iconografía ornamental corrobora esa hipótesis, con estucos pintados con escenas de palestra, y mosaicos con temas relacionados con las aguas.

En el siglo IV han sido fechadas las muñecas romanas de Las Eras (Ontur), realizadas en ámbar y marfil, es decir, en materias primas de importación, indica de la existencia de una alta aristocracia terrateniente. La importancia de ésta ha sido puesta de relieve al analizar el sarcófago paleocristiano hallado en Vilches o Minateda, según los autores, procedente de un taller de Roma hacia el año 380. Iconográficamente muestra escenas del Antiguo y Nuevo Testamento que se han relacionado con la difusión de las ideas del obispo romano de la época. San Dámaso.

El Bajo Imperio se ha caracterizado como época de inestabilidad política, de decadencia de la ciudad y el consiguiente establecimiento en el campo, constituyendo algunas propiedades los fundus con Jurisdicción autónoma y economía autosuficiente, en cuyo marco hemos de encuadrar los ricos materiales de yacimientos como el de Ontur o el sarcófago citado. Es el momento también de la ocultación de tesoros monetarios, como el de Riópar. Algunas ciudades se fortifican, así El Tolmo de Minateda, y la inestabilidad era acuciada por las oleadas de bárbaros que saqueaban Hispania, y por los bagaudas, bandas de campesinos hambrientos que atentaban contra las grandes propiedades. En este contexto se sitúa el foedus o tratado entre el emperador Constancio y el visigodo Valla del año 415. Un siglo después los visigodos estaban asentados en la Península Ibérica.

No existió un proceso de ruptura, sino de asimilación de la cultura romana por las poblaciones godas, siendo más propio hablar de hispanovisigodos. Lugares de hábitat del Bajo Imperio muestran esa continuidad, como el Tolmo de Minateda, donde se asentó una población visigoda que ha dejado testimonios en sus casas, necrópolis y basureros. Necrópolis dispersas son índice de un poblamiento no tan marginal como inicialmente podía suponerse, siendo importante el número de las conocidas. La tipología de las tumbas es variada, desde simples fosas excavadas en el suelo (El Tolmo), cistas (Los Pontones), o sarcófagos de piedra de forma trapezoidal (Torre de Uchea, Vizcable), orientadas hacia mediodía y ocasionalmente con ajuares como ofrendas.

Convertida la población hispana al catolicismo en el año 589, uno de los aspectos más interesantes es el de la religiosidad. En la provincia de Albacete dos conjuntos rupestres dedicados al culto se encuentran en la comarca de Hellín, de tipo eromítico (La Camareta) y cenobítico (Alboragico), caracterizados por la presencia de cruces latinas y la orientación al Oriente. En La Camareta se encuentran grafitti, monogramas de Cristo, e inscripciones datadas entre los siglos III-IV al VII, interrumpidas por otras musulmanas. Para Alborajico, con tres estancias diferenciadas, se ha supuesto un uso hasta los siglos VIII-IX.

 
     
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