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La Guerra de la Independencia y el nacimiento de la provincia


 

Chinchilla, capital de la efímera provincia creada en 1822, antecedente de la de Albacete.

 
 
 

Durante la Guerra de la Independencia, los pueblos de la actual provincia de Albacete lucharon valerosamente contra los invasores franceses. Una gran extensión de las comarcas serranas nunca fue hollada por los ejércitos napoleónicos. Las autoridades de la provincia de La Mancha: a la que pertenecían 29 poblaciones del partido de Alcaraz, buscaron desde Ciudad Real refugio seguro en lo más alejado y abrupto de la serranía, alojándose espléndidamente en las antiguas fábricas de San Juan, en Riópar, y más tarde en Elche de la Sierra, el punto más oriental de su provincia. Desde allí, en 1811 y 1812, remitieron sus acuerdos a todo el territorio manchego a través de un periódico oficial, que puede ser considerado el primero que se publica en territorio de Albacete y de toda Castilla-La Mancha: Gazeta de la Junta Superior de la Mancha.

Si estas 29 poblaciones manchegas podían considerarse plenamente castellanas, también lo eran otras 30 no menos manchegas que entonces pertenecían a la provincia de Cuenca, desde Villarrobledo y La Roda hasta Casas Ibáñez. Tan sólo pertenecían a la provincia de Murcia un territorio menor de 27 poblaciones, también mayoritariamente manchegas y pertenecientes a la antigua provincia del Marquesado de Villena y a la Orden de Santiago, con los partidos de Albacete, Chinchilla, Villena y Hellín y las encomiendas de Socovos y Yeste.

Con la base de los territorios de las tres provincias creadas en 1785 por Floridablanca, menos la zona de La Roda y Villarrobledo, se formó en 1822 la provincia de Chinchilla, que incluia también algunas poblaciones de Murcia, de Ciudad Real y de Jaén. La provincia fue dividida en ocho federaciones o cantones de pueblos, con la capital de cada uno en Chinchilla,

Albacete, Peñas de San Pedro, Socovos, Yecla, Hellín, Alcaraz y Jorquera. Esta nueva demarcación provincial, pedida al Gobierno por las Cortes en 1813, no pudo ser aprobada por la reacción absolutista y fue de nuevo revitalizada con la revolución de 1820. Sin embargo, la duración de la provincia de Chinchilla fue muy corta. Hacia el verano de 1823 fueron derrotados los constitucionales por las fuerzas absolutistas, ayudadas por los "Cien mil hijos de San Luis". Con la caída del régimen volvió de nuevo el sistema provincial anterior, desapareciendo la efímera provincia de Chinchilla.

Seis años más tarde, las reales órdenes de 31 de marzo de 1829 urgieron de nuevo a efectuar una división judicial y municipal del territorio español, y el real acuerdo de la Chancillería de Granada dictó las órdenes oportunas para su realización en las nueve provincias que le pertenecían jurisdiccionalmente, entre ellas las de La Mancha, Murcia y Albacete. Es entonces, pues, cuando aparece de facto la provincia de Albacete, con la capital en la villa de su nombre. Y ya desde estas fechas existe documentación recíproca entre Albacete y la Chancillería, estudiada recientemente por Ángel Ñacle, en la cual esta población actuaba verdaderamente como capital de la nueva provincia, antes de que se constituyera de iure.

Por fin, el 30 de noviembre de 1833, un real decreto, elaborado por el ministro de Fomento Javier de Burgos y firmado por la Reina Gobernadora, estableció definitivamente la provincia de Albacete, aunque con una configuración un poco distinta a la actual, ya que englobaba a Villena y Requena, pero sin Villarrobledo. Después de diversas reales órdenes: una de 1836 por la que Villena era incorporada a Alicante, otra en 1846 por la que se incluía a Villarrobledo en la provincia, y otra de 1851 por la que Requena pasaba a pertenecer a Valencia, la provincia de Albacete quedó configurada en su forma definitiva actual.

 
     
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