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La organización administrativa de los concejos

Fachada del Ayuntamiento de Chinchilla (Albacete), siglo XVIII. En el ático, un medallón reproduce el busto del rey Carlos III. Sobre el balcón principal, las armas reales acompañadas de las de la ciudad.

 
 

Los municipios de la provincia de Albacete durante la Edad Moderna eran de realengo o de señorío. Al régimen señorial pertenecían: el llamado Estado de Jorquera, último reducto de los Marqueses de Villena una vez que fueron derrotados por los Reyes Católicos en la guerra del Marquesado, y que comprendía: Abengibre, Alborea, Alcalá del Júcar, Casas Ibáñez, Motilleja, Fuentealvilla, Golosalvo, la misma Jorquera, Las Navas, Mahora, Pozolorente, La Recueja, Villamalea, Valdeganga, Villavaliente, Cenizate, Casas de Juan Núñez, con algunas caserías y cortijos más.

Eran también de señorío Montealegre -de los Fajardo-, Carcelén, que a finales del siglo XVI era de don Francisco Coello, también sería de los Marqueses de Veniell, y a partir de 1783 de realengo.

Balazote perteneció a los condes del mismo nombre. Villatoya estuvo vinculada a una rama de los Pacheco. A la Orden de Santiago pertenecían las encomiendas de Socovos y Yeste, con Nerpio, Letur, Liétor, Férez y los pueblos que le dan nombre; en el Campo de Montiel, La Ossa. De los Condes de Paredes eran las cinco villas de Bienservida, Villaverde, Villapalacios, Riópar y Cotillas -en el siglo XVIII pasará alguna de ellas a los Condes de Navas de Amores-. Minaya era de los Pacheco. Todo el resto de la provincia era de realengo.

Los concejos se agrupaban en ciudades, villas o lugares (aldeas). Durante la Edad Moderna adquieren su condición de villas: desglosándose de la jurisdicción alcaraceña: Peñas de San Pedro (1537), El Bonillo (1538), Lezuza (1553), Ayna (1565), Barrax (1564), Bogarra (1573), Ballestero (en el siglo XVI), Munera (1548). De Villanueva de la Jara se separan Tarazona de la Mancha (1564) y Villalgordo (1672). De Albacete, La Gineta (1553). De La Roda, Fuensanta (en el siglo XVII en tiempos de Carlos II). Alpera (hacia 1567) se separa de Chinchilla, pero a finales del siglo XVI pasa a señorío de los Verástegui hasta mediados del siglo XVIII. Seguirían perteneciendo a la jurisdicción de Alcaraz: Alcadozo, Casas de Lázaro,

La Herrera, entre otros. Seguían siendo aldeas chinchillanas: Bonete, Corral Rubio, Fuentealamo, Higueruela, Hoya Gonzalo. Elche de la Sierra dependería de Ayna, cuando ésta consiguió su villazgo. Caudete perdió su condición de villa y pasó a aldea de Villena, después de la Guerra de Sucesión, hasta 1737. Alatoz sigue siendo aldea de Jorquera.

Los ayuntamientos se componían de alcaldes ordinarios, generalmente dos, encargados de juzgar las causas en primera instancia; podían ser ayudados por los jurados. Los regidores, cuyo número variaba según la importancia de la ciudad o villa, y eran los encargados de los variados asuntos del concejo. Estos cargos en las entidades de señorío eran nombrados por los señores, bien a propuesta de sus administradores o de los mismos concejos. Ya en plena época borbónica encontramos los síndicos personeros, creación de Carlos III en 1766, como defensores de la comunidad frente al ayuntamiento, con una tarea fiscalizadora del mismo. También los diputados del común, creados por la misma fecha, elegidos por sufragio popular, y con misión en materia de abastos.

Desde que a mediados del siglo XVI las regidurías fueron compradas al monarca y se convirtieron en perpetuas, los concejos terminaron por caer definitivamente en manos de un número todavía más reducido de familias poderosas, perdiéndose prácticamente al escaso aire democrático que podía quedar en ellos. Los cargos eran anuales y se renovaban por San Miguel (29 de septiembre); en Tobarra era por San Juan (24 de junio). Otros oficios eran el de alguacil mayor, con sus tenientes, y los alcaldes de la hermandad: uno por hidalgos y otro por pecheros, con funciones más relacionadas con el orden público.

La vigilancia de los términos estuvo a cargo de la vieja institución de los caballeros de sierra o guardas. Cargos más burocráticos y administrativos eran el escribano, el mayordomo y depositarios, procuradores de pleitos, y la múltiple gama de administradores de rentas reales ya en tiempo de los Borbones y en los municipios mayores, donde la administración concejil

se había hecho más compleja, como Alcaraz, Chinchilla, Almansa o Albacete. La figura del alférez la ostentaba el alguacil, un regidor o una persona ajena a estos cargos. Para las aldeas, en el siglo XVIII, tenemos los alcaldes pedáneos.

Por encima de los municipios estaban los gobernadores o corregidores, con sus alcaldes mayores. Una gran extensión de la provincia pertenecía a la gobernación del Marquesado de Villena, que a finales del siglo XVI desaparece como tal provincia, dividiéndose en dos corregimientos: uno con capital en Chinchilla y otro en San Clemente. Las Juntas del Marquesado, que tanto peso habían tenido en el tratamiento de cuestiones comunes, quedan también fragmentadas en juntas de partido y generales sin periodicidad y lugar fijo de reunión, señal de su decadencia y muerte frente a la prepotencia del poder central. En el siglo XVI tenemos noticias de ellas en los años 1529, 1532, 1563, 1569 y 70, 1572, 1580 y 86. La última de partido fue probablemente la de Chinchilla de 1555. Los lugares elegidos para su celebración fueron ciudades, villas o aldeas de la provincia. Ya en el siglo XVIII y con el robustecimiento de corregidores y alcaldes mayores, se advierte la presencia de tales cargos, como jueces de letras, en Alcaraz, Albacete, Almansa, Chinchilla y Hellín.

 
     
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