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El
Carmolí surgió, al igual que el resto de las Islas del Mar Menor y la
Grosa, en el Mediterráneo, hace 10 millones de años. Es un viejo volcán
de andesita que ha visto pasar ante él toda la historia del Mar Menor.
Desde su cumbre divisaremos todo el litoral e identificaremos el relieve
por el que discurren todas nuestras excursiones. El volcán ya no tiene
cráter, pero sus rocas, muy erosionadas, despertarán la imaginación
del paseante, descubriendo cabezas de dragones, leones, perros, etc.
Este encantador cabezo ha pagado su tributo con el paso del tiempo,
ya que túneles militares para guardar armamento y posteriores urbanizaciones
en su ladera norte, lo han degradado hasta casi hacerlo peligrar. También
el excesivo pastoreo y la recolección de plantas aromáticas, cogidas
sin cuidado, casi lo desertizan. Aun así, su frágil pero diversa flora
sobrevive agarrada a las peñas. En su cara noreste los líquenes se agarran
a la piedra y la descomponen, convirtiéndola en tierra que servirá de
apoyo a otras plantas como los palmitos. Si queréis ver un grupo numeroso
de palmitos -la única palmera autóctona- bajad por la cara oeste del
Cabezo.
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