La
formación del Mar Menor o cerramiento de la laguna que dio origen
a este ecosistema único en Europa es relativamente reciente, si
hablamos en términos geológicos. Indagar en su historia y reconstruir
su pasado no deja de ser algo sugestivo y emocionante de recordar.
Pero, para ello, tendremos que retroceder en el tiempo a la Era
Terciaria, cuando las montañas Béticas del litoral se estaban formando,
al mismo tiempo que Los Alpes y el Himalaya. Desde Gibraltar a Cabo
de Palos, sus crestas debieron ser más altas aún y el Mar Menor
era una enorme bahía abierta al Mediterráneo. Este alzamiento y
plegamiento del terreno hizo, hace 10 millones de años, que esta
enorme cubeta recibiera, de lo que luego fue el Campo de Cartagena
y a través de sus ríos, gran cantidad de sedimentos que colmaron
la bahía, que nunca debió de ser muy profunda. Es en este momento
cuando surgieron del fondo marino pequeños volcanes que dieron origen
a las islas actuales (Grosa, Mayor, Perdiguera, Ciervo, Sujeto,
Redonda, y también El Carmolí en el litoral), y otros pequeños promontorios
que apenas llegaron a emerger pero que ayudaron a que las corrientes
marinas, que desde el norte chocaban con el Cabo de Palos, fueran
depositando un brazo de arena que con el tiempo cerró la laguna,
dando origen a un mar interior, más pequeño, separado del Mediterráneo
(Mar Mayor) por algunos canales o golas naturales, por las que las
corrientes marinas mezclaban y renovaban sus aguas. Hace mil años
La Manga estaba aún a medio formar, y en los primeros mapas del
Mar Menor, como el de Francesco Berlingheri de 1482 o el mapa de
España de Diego Hommey de 1562, se muestra como una bahía abierta
al Mediterráneo con sus islas en medio. Probablemente, y en los
últimos siglos, el proceso de acumulación de arenas hasta formar
la definitiva «Manga», se aceleró y ese brazo de arenas rubias debió
ser un paraíso natural. De hecho, algunos viejos pescadores aún
recuerdan cómo hace 50 años las tortugas desovaban en La Manga.
El Mar Menor es sobradamente conocido por todos los que lo visitamos,
pero no así las montañas y el paisaje que lo rodea. Nuestra intención
es recordaros que, dando la espalda al mar, de vez en cuando, también
hay un paisaje para disfrutar en nuestro tiempo libre, conociendo
cosas sorprendentes y contemplando ese Mar Menor desde una perspectiva
diferente a través del excursionismo y el deporte como recreo.